
Efectivamente, fue el 12 de enero de 1425 cuando el Rey de Aragón, Alfonso V el Magnánimo, estando en Zaragoza, otorgó a Juan, gitano, Duque de Egipto Menor, un salvoconducto que le autorizaba a viajar libremente por el país en su peregrinación a Santiago de Compostela.
Aunque la historia documentada del pueblo gitano empieza a principios del siglo XIV, con un documento fechado en 1302, conservado en la isla de Corfú, lo cierto es que se tiene conocimiento de nuestros orígenes indios gracias a Mahmud de Ghazni quien en el siglo XI toma prisioneros a más de 50.000 habitantes procedentes, entre otros territorios, del Sindh y del Punjab al norte de la India. Estos prisioneros optan por la libertad e inician su gran éxodo hacia Occidente que culmina, como hemos dicho, en España en 1425.
Tardaron 300 años en atravesar los territorios que les separaban de Europa. Pasaron por lo que hoy es Afganistán, Irán, Armenia y Turquía hasta desembocar en Grecia, de donde, entre otras muchas palabras, tomamos la forma de contar. Curiosamente nuestros gitanos no lo saben, pero cuando contamos lo hacemos en griego antiguo.