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La adolescencia no adolece de nada
| | Helena Trujillo Luque. Psicoanalista. 26.04.07 | |
Vinieras y te fueras dulcemente, de otro camino a otro camino. Verte, y ya otra vez no verte. VICENTE ALEIXANDRE
Cómo la echamos de menos cuando la hemos perdido y cuánto nos pesa en nuestros hijos. “Ya no puedo más, se nos ha ido de las manos. Ha cambiado totalmente, parece otra persona. ¿Qué hemos hecho mal? Su hermano es totalmente distinto”. Algún programa de televisión y otras tantas noticias nos muestran una adolescencia llena de problemas. Adicción a internet, fracaso escolar, primeros contactos con el alcohol y las drogas, iniciación sexual, rebeldía, desorientación académica, falta de autoestima, estéticas incomprensibles, etc. | Los poetas, sin embargo, nos hablan de otra cosa muy distinta, para Luis Cernuda …perder placer es triste / como la dulce lámpara sobre el lecho nocturno / aquél fui, aquél fui, aquél he sido / era la ignorancia mi sombra… Aleixandre también nos habla de lo efímero “verte y otra vez no verte”, Juan Ramón Jiménez de los comienzos, la iniciación en las pasiones “No se atrevía a mirarme; le dije que éramos novios, ...y las lágrimas rodaron de sus ojos melancólicos”. Desde que pisamos por primera vez este mundo toda nuestra vida es cambio, la adolescencia no deja de ser sino un tiempo más en nuestro crecimiento, tiempo marcado por sus propias conquistas. Freud dice que la separación de los padres, propia de este momento, es lo más doloroso y lo más necesario que impone el crecimiento. Hay que recordar que la sexualidad humana tiene la peculiaridad de ser algo más que una maduración de las gónadas y hormonas, cursa en dos fases separadas por una fase de latencia: la sexualidad infantil y la metamorfosis de la pubertad. Frente a la adhesión a los padres, propia de la época infantil, el adolescente tiene que separarse de ese amor prohibido e interesarse por lo extraño, ajeno a lo familiar. No obstante, hay que decir que es más fácil abandonar a los padres que a los modelos ideológicos por ellos impartidos, lo que implica que muchos hijos que aparentemente se llevan mal con sus progenitores, son fieles seguidores del modelo ideológico que ellos le han transmitido. Recuerden que las apariencias engañan. La adolescencia es una época de crisis porque es un tiempo de crecimiento. Los recursos habituales ya no sirven para enfrentarse a la nueva situación; es una época de rupturas y pérdidas porque el cuerpo infantil sufre enormes modificaciones, los padres protectores e idealizados de la infancia se pierden. El adolescente se siente fuera de lugar, todo ha cambiado como su propio cuerpo lo ha hecho. Nuestra vida depende de los otros, a pesar que la sociedad actual nos inculque valores como la autoayuda y el individualismo, hay que recalcar la necesidad de vincularnos a los otros. Sin alguien que desee nuestra supervivencia, nuestra educación, nuestro tiempo en este mundo tiene los días contados. Somos la riqueza de nuestras relaciones sociales, por ello el Psicoanálisis nos permite entrar en el juego de lo social, hablar para ser hablado, tener otra vida. Para alcanzar ese objetivo no hay que cambiarlo todo, una diferente distribución de lo mismo ya es una nueva vida. Cuando el joven comienza a mostrar dificultades, lejos de llevarlo a lo patológico, hay que ayudarle a crecer. La intervención psicoanalítica es necesaria en una gran mayoría de casos, no olvidemos que actualmente es la única franja de edad con aumento de la mortalidad y que los trastornos menos graves son el germen de patologías que pueden prevenirse con psicoanálisis. Una aparente agresividad y rebeldía puede ser una demanda de amor y atención que nadie ha percibido. Lo que para unos era delincuencia, reconducido puede llevar al éxito social. Saber aprovechar las energías de la adolescencia, aprender a elegir, puede ser una de las mayores inversiones de nuestra vida. Helena Trujillo Luque Psicoanalista y Socia de la Asociación Juventud Grupo Cero Teléfono: 952 39 21 65 www.htpsicoanalisis.com |
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