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El euro, Europa y “patiná” | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 11.12.16 | |  Desde la lejanía del hogar todavía nos llega el son de aquellas canciones infantiles y familiares, como las que nos cantaban en nuestra niñez, al caer de la tarde. Una de ellas funcionaba de esta manera: la abuela o la tía o la madre, sentada en una silla y uno de nosotros arrodillados delante, nos acogía con nuestra cabeza en su regazo y, dándonos palmaditas en nuestras espaldas, nos cantaba aquello de: “Recotín, recotán, de la vera vera van, del tejado a la cocina, ¿cuántos dedos tienes encima?” (Apoyando, por ejemplo, tres dedos en la espalda del que estaba jugando). Si el jugador contestaba con un número distinto, seguía amagando y volvía la canción al principio. Si acertaba, entraba en el juego otro niño. Muchas veces se cambiaban algunas palabras y en vez de “tejado” se decía “palacio”. Otras, se cambiaba el comienzo por confusión con otro juego, como: “chupatín, patiná”. En esta Europa de diseño, nunca sabemos lo que nos va a caer encima. De espaldas a ese diseño, nuestras realidades están también con la cabeza amorrada y hasta secuestrada en un regazo, que nos dispensa poco cariño y nos profesa muy poca amabilidad a la mayoría. | Ahora, al parecer, nos van a abrir la despensa de los euros o de sus facilidades, aquellos que predican que la Economía es una ciencia. Pero nosotros pensamos que, aunque se alimenta de números, más que ciencia es un arte: el arte de contar con que no nos demos cuenta de cómo se montan los cuentos, más que las cuentas. Las cuentas no nos salen ni podemos cuadrarlas. Y así, cada día que pasa nos quedamos más en cuadro. Francisco Álvarez Molina, que conoce bien la Bolsa de París, porque fue vicepresidente, nos dijo, hace algún tiempo, que la Bolsa se ha convertido en un casino. Hoy día, nosotros con una perspectiva quizá más casera podemos llegar a la conclusión de que el Banco Central Europeo es una casa de trato. La verdad es que tratan de números, pero no se han enterado de que “Debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato. Debajo de las divisiones hay una gota de sangre de marinero” como nos decía Federico García Lorca desde los espacios pacíficos y “pacificadores” de Nueva York. Federico no tuvo tiempo de enterarse que debajo de una hipoteca no solo hay gotas de sangre sino que puede haber hasta todo un suicidio. Nosotros estamos viendo que detrás de cada euro que se crea está toda una Comunidad Europea que enriquece a los menos y va hundiendo en la pobreza a los más. Podemos ver, hasta donde nos alcanza la vista, por dónde van las cuentas y pensar si se está “trabajando” en otra devaluación. Ya dijimos, a su tiempo, que si la devaluación del euro era una cosa estupenda, la tenían que haber llevado a cabo al principio y no tardar tanto que a los insignes capitales les diera tiempo para hacer sus oportunas conversiones a otras monedas. Los demás no éramos conversos, sino, condenados. Ahora se está tratando de insuflar y estimular, pero poco a poco notamos que el ciudadano de a pie, si es que a estas alturas se puede mantener de pie y no cada día más tirado por las incertidumbres, va perdiendo valor económico en su trabajo, porque en el mejor de los casos en que siga ganando lo mismo, ya pierde valor, aunque le digan que la inflación es cero. Las manazas del poder económico nos van a seguir dejando, como se dice en el juego infantil y la canción, con la cabeza hundida lejos de palacio y en una pobre cocina, y nos clavará en nuestros pobres oídos, sobre todo, la cantinela a la que nos referíamos al principio y que se nos clavaba sin ninguna misericordia. A nuestro modo de ver, que forzosamente dista de la manera en que se consideran las cosas en las alturas, nos podemos percatar de que en los recovecos de los discursos y de las cuentas se decide qué es lo mejor para todos, aunque no sea lo mejor para tantos, como parecen expresar. Así, al final de la carrera y del camino, no nos van a dejar ni de que nos demos cuenta de que el futuro es oscuro ni de quienes se han quedado en las cunetas de este camino vecinal de la economía oficial, porque, como canta la copla: “pa ti ná”. |
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