
El Consejo de Seguridad de la ONU ha fallado a la población siria. En casi seis años de conflicto, casi medio millón de personas han perdido la vida y once millones se han visto obligadas a abandonar sus casas. Más recientemente, los gobiernos de Siria y Rusia y sus aliados han realizado ataques ilegítimos contra Alepo oriental con total desprecio por los alrededor de 250.000 civiles atrapados en la ciudad. Los grupos armados de oposición también han lanzado morteros y otros proyectiles contra barrios civiles de Alepo occidental, pese a que, según el alto comisionado de las Naciones Unidas para los derechos humanos, los ataques aéreos indiscriminados en la parte oriental de la ciudad por parte de las fuerzas gubernamentales y sus aliados son responsables de la abrumadora mayoría de las bajas civiles. Rusia, que sigue abusando de su derecho de veto en el Consejo de Seguridad, ha bloqueado una y otra vez los esfuerzos para poner fin a estas atrocidades y hacer rendir cuentas a los responsables.
El enviado especial de la ONU para Siria, Staffan de Mistura, ha advertido de que la ONU no debe permitir “otro Srebrenica, otro Ruanda, una posibilidad que lamentablemente somos capaces de vislumbrar ante nosotros a menos que pase algo.” Aun así, no hay señales de que el punto muerto en el Consejo de Seguridad vaya a terminar pronto. El guardián de la paz y la seguridad internacionales no ha cumplido la tarea que le encomienda la Carta de la ONU y no ha asumido su responsabilidad de proteger a la población siria.