No. En una ciudad corriente que duerme al margen de la guerra. Hiroshima. Más de cien mil muertos, miles y miles de quemados, miles de seres humanos faltos de pies, o de manos, o de ojos, o a los que se les cae la piel a tiras. Cientos de kilómetros cuadrados contaminados-contaminantes que ejecutarán a más de miles de personas. Y días después otra bomba atómica en Nagasaki, a sabiendas del horripilante efecto causado en Hiroshima. ¿Y cuál fue la culpa de tantos desgraciados? Ser japoneses, faltaría más. Dios (al que los yanquis han comprado en propiedad) destruyó Sodoma y Gomorra, pero es que habían pecado. Para los propietarios divinos sólo hay nueve mandamientos; el cuarto lo han tachado de su catecismo. ¿Alguien de los delegados divinos en la Tierra, con hábitos o no, llamó a Truman siquiera “pecador”? El bombardeo de Guernica fue una traca de feria comparado con este genocidio. Aún perduran las consecuencias malignas de aquella monstruosidad. Aún nacen japoneses mutilados, criaturas desfiguradas o niñitos enfermos de por vida.
La administración Bush, tan patriota ella (de manita en pecho cantante), tan defensora del cristianismo excluyente “civilizado” y tan antiterrorista a convenir (distingue perfectamente entre terrorista-ponebombas bueno y terrorista-ponebombas malo), se ha inventado otro genocidio en Irak. Y ya se frota las manos con el futuro genocidio en Irán. De casta le viene al galgo. ¿Y sus amigos? ¿Qué dicen o hacen? El Sr. Blair, tan socialdemócrata él, ¿ha pedido ya perdón? ¿Y el Sr. Aznar, tan devoto cristiano, tan “centrado” él (aunque un tanto ignorantito y torpecillo), ha pedido ya disculpas? Un caballero español sólo tiene una palabra y una decisión. ¡No va más! Eta asesina. El integrismo islámico asesina. Las mafias de la droga asesinan. Las mafias del ladrillo se enriquecen en dos días. A juicio con ellos. A condernarlos si así lo deciden sus jueces. Pero, a Bush y sus amigos, ¿quién los va a juzgar? ¿No se ha juzgado a genocidas de la antigua Yugoslavia? Ya hay por ahí algún que otro centrista pidiendo disculpas. Escuálidas excepciones.
Y Afganistán, querido presidente, ¿qué se nos ha perdido allí a los españoles? Que el pueblo afgano luche por su mejor destino. Ellos son sus más interesados partidarios. No es lo mismo, lo sé. Pero mejor mandar médicos, maestros, enfermeros, cooperantes pacíficos. Que las armas las carga el diablo. Los militares para defender a la patria de los agresores. Punto.
Por cierto, ¿quién podrá evitar en el mundo que estos genocidas se indulten a sí mismos? ¿Saldrá algún día un obispo que no sea de “centro” que pida justicia para el pueblo iraquí? No lo dude usted monseñor: si nos callamos no será por prudencia sino por humillante y servil cobardía. Cuando el mundo cristiano, con ustedes a la cabeza, salga a las calles no sólo para defender a los no nacidos sino también a tantos desgraciados “aún vivos”, ese día bendito la gente les entenderá por fin. Jesús resucitó, como en la historia de la humanidad han resucitado tantos dioses y grandes profetas, para ser la garantía, la defensa y la protección de tantos desgraciados en el mundo, cuyo único pecado es haber nacido pobres y más pobres: pobrísimos.
¡Ya está bien jopar! ¿Se van (nos vamos) a poner del lado de aquellos que disfrutan empobreciéndolos? Muchos como yo hacemos las paces con nuestros más declarados enemigos, pero… con los genocidas… ¡desde luego que no!
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