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Cámara y recámara | | José Manuel Cidre Mascato. 27.11.16 | |  Mucha gente recuerda aquel chistecillo (meme de entonces) que corrió por la España del 23 de febrero de 1981, que nos decía que a Tejero se le pinchó una rueda en la calle, al pasar por la puerta del Congreso de los Diputados y entró a cambiar la cámara. Hoy día la cámara sigue hablando y dando que hablar. Cuando no es una Presidenta la que juega enganchada a internet, son los diputados de, más o menos, todos los colores los que se nos duermen, o los que se van al bar para no dormirse, pero que siguen con mucha devoción y muy atentos la sesión, cuando hablan los demás. Un amigo nuestro ha observado que las sesiones empiezan muy temprano y que por ello se nos duermen o no están en lo que tienen que estar. Nuestro amigo dice que se puede cambiar el horario de las sesiones para que no se nos duerma nadie. Por un lado se podría entrar más tardecito, porque, como decía otro amigo nuestro, allá a finales de los sesenta: “Estos madrugones van a acabar con el pueblo cristiano”. Por otro lado pensamos que a eso de la una de la tarde se debía terminar la sesión de la mañana, para que no se nos duerman con la mosca que entra antes de comer y que todo el mundo conoce como “la siesta del borrego”, (conviene entender la frase entera y no solo la última palabra). Por la tarde, después de un frugal almuerzo y una copiosa siesta, se podría abrir la sesión vespertina sobre las cinco o poco más, y seguir incluso hasta las doce y pico, que es cuando sabemos que el personal está más “espabilao”. Así sería una jornada laboral o intelectual con todos los aditamentos de la vigilia y la atención debidas. Sabemos que no todo el mundo tiene que ser ave diurna. También, si es que además el aire acondicionado está tan subido que incita al sueño, se baja y se pone de manera que nadie pegue ojo. | La cámara baja no debe descender tanto que pueda alguien encontrársela tirada en la calle con un ánimo desahuciado y con las secuelas físicas del superajetreo electoral pasado. ¡Vaya añito que nos hemos tirado! En nuestra cámara no se debe dedicar tiempo a jugar, a dormirse, a mirar el móvil... con una movilidad política reducida, con unas cantidades de camaradas, que no calidades, que caldeen los ánimos y no nos dejen fríos. Que después viene el invierno y las vacaciones invernales y hay que salir a toda pastilla, porque se nos escapa el tiempo por las puertas grandiosas del Congreso que dan pie a todas las prisas y disgresiones personales que se hacen prioritarias, porque el Congreso nos ha condenado a demasiadas rutinas y el cuerpo se cansa y el alma se desvanece en una enrarecida atmósfera que pesa demasiado, incluso para los noveles que ya han perdido las alegrías del regalo concedido por la ciudadanía. “¡Qué pesadez de gente!” parecen decirnos. Rebobinando los días de este añito y las inquietudes y prisas que por todos lados nos sitiaban, se nos ha concedido la venia para podernos tomar el mantecado de este año sin tener que acercarnos a ningún colegio electoral. ¡Qué descanso, qué felicidad por no tener que salir a la calle con la que está cayendo! Ahora resulta que los acuerdos sobre los presupuestos para el año que viene no eran tan urgentes. Ahora nos damos cuenta de que la multa europea que nos iba a caer encima era otra broma para que las cámaras ocultas europeas se rieran de nosotros. Anda que si llega a salir en nuestra ínclita nación una coalición de izquierda; nos hubieran dado la del pulpo, como les ha pasado a los griegos que han tenido que privatizarlo casi todo. Sin embargo, mientras que allí gobernaron los demócratas de la derecha y de lo social, con sus tropelías y despilfarros, fueron considerados los niños bonitos de la hipócrita Europa, que por algo está perdiendo los afectos a pasos agigantados. La Constitución Europea y el Tratado de Lisboa se duerme también. Parece ser que lo prioritario, según la Europa de los mercaderes, ahora se cifra en una nueva subida del IVA de los productos básicos, o sea, el reducido, que afecta, con gran desigualdad manifiesta, más a las rentas bajas y a los sin renta. O sea, que la lista más votada cargará otra vez sobre la ciudadanía, castigando especial y mayoritariamente a los que tienen menor poder adquisitivo y que fueron los que le regalaron el voto, acelerando su propio y lento suicidio. Podemos ver que la cámara tiene una no patente recámara. Veamos qué hay de la confianza. |
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