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Conferencia: Ayer y mañana de la Constitución de Antequera.
Javier Pérez Ocaña. 23.11.16 
Jueves, 1 de diciembre a las 19.00 h. en la sala audivisuales del Centro Cultural Vicente Aleixandre
Por  Manuel Ruiz Romero Rubén Pérez Trujillano.- Es ocioso considerar que el proyecto antequerano es uno de los hitos recuperados para nuestra historia reciente y que ya forma parte, por derecho propio, de lo que entendemos es la corriente historiográfica denominada Andalucismo Histórico . Desde ahí se abre camino para calar entre los andaluces y andaluzas con las dificultades propias del academicismo y de lo que políticamente representa. En los últimos años, investigadores como Sánchez Acosta o Pérez Trujillano han venido a profundizar con sus respetivas monografías en las disposiciones de dicha norma constitucional, de manera que, uno y otro, han reforzado un documento doctrinal que destaca como pórtico del nacionalismo andaluz . De forma paralela, se han prodigado estudios que han demostrado hasta qué punto la Carta Magna de 1883 es un referente en el frustrado autonomismo republicano. Incluso, la bibliografía sobre el contexto histórico federal/nacionalista ha crecido con valiosas aportaciones, por lo que hoy por hoy, estamos en condiciones de afirmar que es creciente su importancia en la contemporaneidad andaluza y, muy especialmente, para quienes defendemos la realidad singular de Andalucía y la proyección política de su soberanía popular e identidad. Precisamente, la segunda edición de estas Jornadas contribuye a ello y es una muestra más del interés que despierta.

Dicho esto a modo de introducción, nadie sensato a estas alturas de la literatura sobre la cuestión puede obviar que, tras las coordinadas jurídico-ideológicas marcadas por el texto (en realidad tres) se esconden importantes búsqueda de respuestas, aun exclusivamente teóricas, para la realidad del momento muchas de las cuales nos transportan a la realidad de la Andalucía de hoy. La necesidad manifiesta de un nuevo Estado plurinacional y la respuesta ante un capitalismo que se ha reforzado junto a un Estado crecientemente autoritario orquestados ambos por el neoliberalismo, forjan la necesidad de una alternativa a los territorios peninsulares desde la nación andaluza con carácter constituyente. Es decir, confederal radical-democrática, participativa, municipalista y basada en la consolidación de derechos civiles, políticos, sociales, laborales (especialmente en su dimensión jornalera), tanto colectivos como individuales. Buena parte de los precedentes históricos y personalidades que intentan socializar las ideas republicanas, entre otras cuestiones por cabeceras abiertamente comprometidas con la reflexión jurídico/política, se materializarán en 1883 bajo tres proyectos (federal regional andaluz, cantonal y municipal) que sintetizan la necesidad de una nación jurídica, y a la que la vida y obra de Blas Infante junto a los andalucistas históricos que le acompañan, buscan reforzar con un proyecto político vivo -movimiento- amén de una “patria viva” en las conciencia de los andaluces y andaluzas. La Constitución de Antequera ya es un elemento referencial para crear conciencia de pueblo y, estamos convencidos, que puede y debe seguir siéndolo.

Subrayar la preocupación por la formación de la sociedad civil y el ciudadano, apuntar una nueva estructura de Estado, hacer de la vida representativa un proceso democrático directo y participativo en cierta forma tutelado por el poder de unas bases organizadas de trabajadores… dibujan como defendemos, la necesidad política de un nacionalismo que acabará por aparecer en el tiempo en el seno, precisamente, de un escenario burgués y bipartidista como es la Restauración y de la mano del regeneracionismo al que Antequera ofrece un potente caudal. Con todas las limitaciones que se desee especificar sobre el texto y la época, entre las que anotamos nosotros la debilidad de aportaciones culturales e identitarios, la propuesta se adelanta en el tiempo aunque es incapaz de dinamizar sinergias sociales que, aún desde sectores pequeños burgueses, sean alternativa al sistema liberal dominante tal y como ocurren en otros territorios. No es exagerado con ello afirmar que buena parte de las estructuras sociales proletarias y jornaleras en Andalucía se mantendrán intactas en su práctica hasta los intentos de reforma política y agraria iniciados en 1931 y bien entrado el franquismo. De cualquier forma, ya para Antequera y en 1883 Andalucía existe. Es un sujeto jurídico -unidad política- al que se le reconoce capacidad histórica suficiente como para dar luz a una alternativa jurídica y social, a la revolución liberal primero y, más tarde como apuntamos, a la restauración dinástica.

Aceptadas las premisas anunciadas que de seguro compartimos en su gran mayoría buena parte de los presentes y lectores a la hora de la búsqueda de una revolución nacional de Andalucía, y desde Andalucía para y con otros territorios, la pregunta que nos aborda es la siguiente: ¿Qué aporta el texto de Antequera en el momento presente a la segunda transición o al proceso constituyente que se abre en el Estado y en el que Andalucía está llamada a jugar un papel singular? Veamos.

Ante el mito de la transición rosa o modélica, ni siquiera los sectores del PP ponen ya reparos a la apertura de un debate sobre las reformas constitucionales . Si bien nadie practica censura a la reflexión teórica que implica, las reticencias aparecen a la hora de que sea abierta, sin condiciones previas y resultados adivinables. En definitiva, una deliberación técnica enrocada en el bipartidismo y en su sentido privativo de la representatividad. A nadie escapa que la Carta Magna del 78, a mediados de 2016, está cuestionada en sus extremos jurídicos, los aspectos sociales y su dimensión territorial e identitaria con respeto a los pueblos que componen este Estado. Es más, la crisis económica, impuesta y que sufrimos, distancia más el articulado de la norma borbónica y agudiza el jaque popular a una democracia constitucional, imponiéndose así una reforma que, a entender de muchas formaciones y militantes, debería representar la apertura de un proceso constituyente. La dificultad del bipartidismo, la eclosión de formaciones emergentes, las reclamaciones sociales y territoriales, la necesidad de una “nueva política” y el empuje popular con el aliento de sectores tradicionalmente desafectos a la política… parecen invertir la distancia entre ciudadanía y poder posibilitando al paso de los últimos años un deseo de iniciar un nuevo proceso legislativo y de participación, del que brote una norma y una arquitectura de Estado más cercana a las necesidades reales (es decir, verdaderas).


La crisis de la Constitución del 78 tiene su origen mismo en la decadencia de la restauración monárquica y con ella, de una democracia formal que ha hecho de la corrupción y la impunidad, la sumisión ciudadana y la asimetría social y territorial su sentido vital . Su marca definitoria y esencia. El conflicto del borbonismo bipartidista ha puesto de manifiesto -precisamente- con su negativa al reconocimiento de la realidad plurinacional del Estado y la recentralización de sus estructuras, mensajes y decisiones políticas (algunas de las cuales como el caso del Tribunal Constitucional jactadas de un aparente halo de independencia e imparcialidad) . Las posiciones más jacobinas son acompañadas de una revitalización del nacionalismo español, de un decadente sistema de partidos y representativo, así como de la omnipotencia de un capital invisible, el cual en su estrategia neoliberal, aspira a gestionar y dar respuestas exclusivas y totalitarias a la debilidad integral que citamos. La legalidad no es ya legítima.

Por la izquierda tradicional, a su vez, las reiteradas referencias e invocaciones a un federalismo mil veces nombrado y otras tantas indefinido, hacen en gran parte de los casos, restar intencionadamente contundencia a ese debate constituyente que reclamamos también desde estas líneas y al que ni siquiera ha sido capaz de poner tiempo, fecha y contenido.

En este escenario complejo y multifactorial es necesario comenzar por reconocer la existencia de varios sujetos y realidades nacionales en el Estado. En paralelo, no existe afirmación identitaria sin la compañía, en unión e igualdad, de los pueblos que conforman este ente cooperativo, así como de una redistribución y redefinición de derechos que remuevan las dificultades para el progreso y el desarrollo, social y de los ciudadanos.

Llegados a este punto y omitiendo más análisis justificativos, entendemos que la Constitución andaluza de 1883 pese a su reconocimiento formar en el articulado estatutario vigente (2007) representa en primer lugar una opción de declaración de soberanía del pueblo andaluz no sólo vigente, sino que nos obliga a todos a un mayor conocimiento de sus reivindicaciones. Aspectos tales como laicicidad, separación de poderes, feminismo igualitario (aún incipiente), apuesta por la enseñanza como factor de cambios de mentalidades, suficiencia financiera, republicanismo, higiene democrática y medidas participativas en la administración, revitalización de la ciudadanía y sus derechos, autogobierno generatriz, plurinacionalidad del Estado, Andalucía como sujeto político, municipalismo, identidad cultual, soberanía alimentaria, garantía sobre derechos vitales individuales y colectivos, patriotismo nacional y ciudadano, confederación, derecho a decidir… son algunos de los conceptos que subyacen en las disposiciones antequeranas a la vez que forman parte activa y capital de ese paradigma andaluz del que nos preocupa la toma de conciencia de nuestro pueblo y su protagonismo ante el futuro.

La Constitución de Antequera por tanto, es pieza y sentido de esa estrategia constituyente en la que estamos, representando una catarsis social capaz de poner en duda el presente, impulsando un nuevo marco referencial de convivencia, una indudable perspectiva soberanista y política alternativa y, finalmente, nos invita a revisar la Andalucía que hoy nos tejen. Su transcendencia como elemento concientizador -en palabras de Freire- está íntimamente unido a la deseable capacidad de movilización y protagonismo de nuestro pueblo formando parte de un patriotismo de liberación. Hacemos nuestro pues su aporte federal-republicano y de construcción nacional, entendiendo que no existirá nunca un patrimonio constitucional andaluz que dé la espalda de una estrategia por la recuperación de una vida dignidad de los andaluces.

La fórmula es relativamente fácil: Andalucía “anfictionado” de polis que diría Infante, España país de países y Europa libre agrupación de pueblos. La demostración de que otra realidad es viable pasa por la referencia “pasada” (¿) de Antequera. Es posible, por necesario, que peleemos para que 1883 pudiera ser un nuevo matiz de ese patrimonio constitucional abrazado por nuestro pueblo aquel  4D y 28F. De cualquier forma, como decía Infante en su Ideal Andaluz, que sea dificultoso no significa que no sea necesario. En eso estamos hermanos andaluces.




BREVE CURRICULUM VITAE.

Manuel Ruiz Romero (1959- ), es profesor de EGB y doctor en Historia Contemporánea por la Universidad Pablo de Olavide con la calificación cum laude por unanimidad. Su tesis: La génesis del Estatuto de Autonomía para Andalucía en el contexto de la Transición política (1975-1982), fue becada por el Congreso de los Diputados y premiada por el Instituto Andaluz para la Administración Pública de la Junta de Andalucía en el año 2005. Posee Curso de Experto Universitario por la Universidad de Sevilla en Comunicación Institucional y Marketing Político (500 horas), habiendo cursado estudios de post grado sobre habilidades sociales e intervención social.

    En la actualidad, ha obtenido el Diploma de Estudios Avanzados (DEA) en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED y realiza su tesis doctoral en Periodismo dentro de la Universidad de Sevilla bajo la dirección del catedrático en Comunicación Dr.  Ramón Reig.

Cuenta en su haber con un accésit y tres primeros premios de investigación, roza la treintena de libros los que ha editado, y posee una quincena de capítulos en obras colectivas. Ha publicado casi un centenar de artículos y comunicaciones en distintos congresos científicos nacionales e internacionales, así como en diferentes revistas nacionales de historia y comunicación. Por sus investigaciones, ha recibido además del antes citado reconocimiento del Instituto Andaluz para la Administración Pública, primeros premios en Historia de la Fundación Blas Infante y del Ateneo de Sevilla.

Comenzó sus investigaciones estudiando los antecedentes autonómicos de Andalucía, línea de investigación que prolongó hasta el presente con su tesis doctoral. Ha publicado monografías y es buen conocedor de la figura y obra de: Blas Infante, Plácido Fernández Viagas, Alfonso Lasso de la Vega y en trabaja ahora analizando la gestión municipal de quien fuese Alcalde de Jerez entre los años 1965 y 1971: Miguel Primo de Rivera y Urquijo.

Es un investigador pionero y especialista en nuestra Comunidad en los estudios sobre la Transición y el llamado tardofranquismo. Sus trabajos están centrados en dichas etapas de la Historia Contemporánea, ha realizado un estrecho seguimiento del protagonismo que los medios de comunicación de la época tienen en el singular periodo de la restauración democrática. De hecho,  ha participando en el primer Manuel de la Comunicación realizado en Andalucía y ha elaborado diversos índices bibliográficos de diferentes publicaciones.

Ha impartido clases de libre configuración en la Facultad de Comunicación y también en la Council Study Internacional durante seis años, entidad que posibilita la presencia en Sevilla estudiantes de Universidades norteamericanas; siendo también profesor de libre Configuración en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla.

Viene siendo conferenciante y ponente en numerosos jornadas y cursos de formación, siendo becado a su vez para múltiples proyectos de investigación. Así, fue becario de Humanidades de la Fundación Centro de Estudios Andaluces adscrita a la Consejería de Presidencia de la Junta de Andalucía y, pertenece a su vez al Grupo de Investigación sobre Estructura, Historia y Contenidos de la Comunicación dirigido por el catedrático de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla Dr.  Ramón Reig  (PAIDI, HUM 618). Es socio fundador del Centro de Estudios Históricos de Andalucía y socio de la Asociación de Historiadores de la Comunicación. Pertenece al Centro de Estudios Históricos Jerezanos.

Participa en debates y mesas redondas e imparte conferencias especializadas por instituciones y entidades públicas y privadas. Colaborador habitual en temas de opinión y análisis o histórico o socio cultural en: Grupo Joly, El Correo de Andalucía, El País o ABC de Sevilla.

En la actualidad, y desde hace trece años, desarrolla su labor profesional como Técnico Superior de Gestión Cultural en el Ayuntamiento de Jerez dentro de la Delegación Dinamización Cultural y Patrimonio. Su dirección electrónica: mruizromero@ono.com
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