
No cabe duda de que Estados Unidos todavía es la nación más poderosa. Si bien existen estados emergentes que pisan fuerte en el escenario político y económico mundial. China, Rusia e India son grandes potencias también y es necesario contar con ellas en un mundo cada vez más globalizado. La crisis económica y financiera ha debilitado a Norteamérica. El poder en el mundo será, cada vez más, algo compartido por varios países que poseen el mayor poder económico por su población e industria y producción.
Por tanto, los gobiernos de Estados Unidos tendrán que negociar y buscar acuerdos con numerosos países para no perder su supremacía en el mundo.
Aunque también conviene destacar que cuestiones como la del centro de detención de Guantánamo, la pena de muerte, el respeto a la privacidad de las comunicaciones y una sanidad pública gratuita y de calidad son temas pendientes que deberían reorientarse en la política norteamericana actual y futura. Ya sé que con la presidencia de Trump parece casi seguro que estos temas seguirán igual. Y también es cierto que en los ocho años de gobierno de Obama no se lograron avances sustanciales en estas cuestiones.