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Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
Perros amores… Amores perros
Cuentos y relatos globales. 23.10.16 
* Los perros son, casi siempre, como los humanos los hacemos.
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Yo no sé qué hace “Lindbergh”, mi perro, enamorado de “Blanquita” si ella ni le para bolas; es de una raza distinta a la suya y, además, muy pequeña para él… Cuando lo miro parece decirme con sus verdes ojos: “Estoy enamorado; me ha partido el corazón la vecina…Me gusta esa hembra”…
Yo, de ser él, me ahorro ese dolor que dice le da ahí… en el corazón… ¿Qué sentiría ayer al verla con “Pirata”, el perro de la Calle del Palenque?…Vi que temblaba todo, que se orinaba nervioso, que le faltaba el aire… Enamorarse es como enfermarse, pienso…
“Lindbergh”, ante los desaires repetidos de “Blanquita”, se desahoga ladrando. El ladrido de un perro desahogando su pena de amor, es distinto, muy lastimero…Es lo primero que hace en el día y desde bien temprano…Yo quisiera ayudarlo; pero cómo. Ella, la muy ladina, viene a la casa cuando Conchita, su dueña, no le da suficiente comida y él corre a olerla por todas partes y le da su comida…Interesada…Cree que no nos damos cuenta…
Si ustedes lo vieran. “Lindbergh” mueve su corta cola con la mayor alegría y le ladra dulce haciéndole insondables preguntas de amor; pero ella no lo quiere, quiere la comida que él le regala con ojos de lamento.
Me entristece la situación de “Lindbergh”, lo veo aburrido…Su historia de amor es muy triste y por más que ladre y ladre, “Blanquita” no cede a sus pretensiones; “Pirata”, el de la otra calle, le roba el sueño. Poco se valora, su novio es viejo, flaco, sucio, feo y garrapatoso…En cambio mi perro, de color chocolate, de lacio pelo lanudo, de ojos verdes, alto, esbelto, limpio, aseado y buen mozo, no le interesa para nada… así son las perras…No creen ustedes…


El caso es que la malvada de “Blanquita”, en efecto, le ha robado a “Lindbergh “su corazón y él, tan noble como es, no se ha robado el de ella. Es que él ni robar sabe siquiera. Nunca ha cometido en la casa ni en la de los vecinos tal fechoría como si lo hace “Pirata”, el de las orejas caídas.

En ocasiones, “Lindbergh” me mira y en su silencioso idioma perruno; es decir, en “perroñol”, me cuenta su drama. Le suda el hocico. Yo, creyendo que “Blanquita” no le acepta porque tiene los dientes sucios, se los observo; pero los tiene de un blanco impecable…Grandes y puntiagudos como para coger a “Pirata” y destrozarlo; pero él no pelea ni siquiera con “Micifuz”, mi gato. No les miento, hay una perrita donde el señor Bartolo que está enamorada de “Lindbergh”, se lo dijo una vez en tres ladridos que decían “te quiero mucho”…pero qué cosa, entiendo su mirada y me confesó: “No me gusta esa gata”…

En muchas o pocas palabras, la traga, el mal de amor, el daño, el perjuicio, el deterioro anímico, la ruina emocional, el estrago canino, la calamidad, la dolencia, el padecimiento y el detrimento en cuatro patas de “Lindbergh”, es “Blanquita”, “Blanquita”, la de Conchita…Qué vileza, qué maldad, qué injusticia…No he visto una perra más infame…

Yo pienso que “Blanquita”, más bien odia a “Lindbergh”… ¿pero será que los perros igual que los humanos también se odian?...Por lo menos él no; le regala el apetitoso hueso nuestro cada día…Sería un buen padre y le daría unos hijos muy inteligentes y fieles a sus amos…Entonces qué razón tiene para no quererle…Cualquier perra no despreciaría un perro así…pero quién entiende a las perras; tienen los sentimientos en la punta de la cola…

Cuando salgo a jugar con “Lindbergh” a la calle, salta y hace piruetas acrobáticas para que “Blanquita” lo vea y en sus ladridos le dice: “Mira lo que soy capaz de hacer… ¿Te gusto?”… Y la huele por todas partes y entonces comprendo que entre los perros no existe el amor a primer olfato…En tanto en sus ladridos le repite y le repita: “¿Qué tenga el sucio “Pirata” que no tenga yo?”…

Por ahí hay una hermana de” Blanquita” que también está enamorada de “Lindbergh”; es simpática; pero él solamente la quiere como amiga…igual, hay perras de malas en el amor.

Yo creo que mi perro es un perro poeta con desventaja porque, entre los perros no se ganan las perras con dulces ladridos sino con salvajes y sangrientas peleas que se acaban cuando uno de los dos o, ambos, por amor mueren…Y ellas, orgullosas de saberlo…

“Lindbergh”, pestañea y pestañea y cae fulminado cuando “Blanquita” lo mira, pero lo de ella no son miradas de amor…son miradas de hambre pidiéndole el apetitoso hueso nuestro de cada día y, él, él, se vuelve loquito por ella y entusiasmado la invita a un paseo, pero nada de nada…Conchita, que vigilante la ve en esas, asomada a la ventana, la llama y la regaña. Así sucede siempre, siempre…

…Y regresa, y me mira con ojos eternos, distintos pero iguales, y, con ladridos de tono agridulce, me dice: “No pasó nada…como siempre…Esa vieja la llamó y la regañó”.

Una vez “Lindbergh” cazó un conejo; fue llevado por mi papá al monte e hizo allí lo que todo perro hace: ladró a las vacas, a las iguanas, a las zorras; jugó en el pasto, se bañó en el arroyo, y a “Blanquita” para nada tal hazaña le importó: “Yo también hubiese hecho lo mismo”- fue lo que le contestó.

Pestañeó triste y ladró como cantando una pena de amor.

Ayer, “Lindbergh” fue más atrevido que nunca, con su hocico le robó un beso a “Blanquita” y ella, molesta y airada, dando un salto de perra karateca, le mordió el rabo…Es como cuando la pretendida le da a uno una cacheta, creo…l
Lo que siguió fue un desastre. “Lindbergh”, arrepentido, entre aullidos le pidió disculpas, corrió para la casa, empujó la puerta y de un salto se abrazó a mi pecho. Le sobé la cabeza y con su mirada de ojos verdes volvió a decirme: “Es inútil, no me quiere”…

Esa vez lo sentí humillado, avergonzado. Nubló la vista y lloró como lloran los perros enamorados de quienes no les corresponden. Lo confieso, yo también estuve a punto de llorar y para consolarlo le dije: “No pierdas el tiempo, “Blanquita” es sorda y fea”… Y como rechazando lo que dije, rabioso me mostró los dientes.

Ahí está de nuevo “Blanquita”, sin vergüenza alguna, ladrando y buscándolo para que “Lindbergh” le regale el apetitoso hueso nuestro de cada día…Y él, enseguida, sale a saludarla…Está enfermo de amor, lo dice el agite de su cola que es como le manifiesta sus nobles y honrados sentimientos…Y preso de una extraña inquietud, gime como un niño… “Tengo que conocerte más”, le dice ella con ladridos caprichosos, con tal de que él le regale su comida

Quise decirle, tonto, ya está bueno…no le implores más; pero sabiendo que se negaría a aceptar mis palabras, guardé silencio diciéndome para mis adentros: “Tanta perra bonita que hay por ahí”… Pero el amor de los perros, a modo del de los humanos, es ciego y lleno de tarascones y mordidas…

A “Blanquita” no le interesaba más que su porción de huesos. Tomó el suyo entre los dientes y se fue sin mayor explicación. “Lindbergh”, gruñó como reclamándole; pero una falsa mirada de amor que ella le diera, suavizó las cosas. Esa fue la última vez que la vi y que él la vio. Esta mañana ha ocurrido algo grave, hace poco me enteré que un mal vecino que usa sombrero de paja, cumpliendo lo que dijo porque ella un día lo mordió, dándole vidrio molido con carne, la mató…El de “Lindbergh” por “Blanquita”, qué tristeza, fue un amor sin principio y sin final, una historia que ahora escribo como ocurrió y que hubiese querido escribir de otra manera…

Conocida la triste noticia, abracé a “Lindbergh”, con sus ojos húmedos me dio la acostumbrada mirada triste de sus ojos  verdes y entonces, entre dolidos aullidos, creo que me dijo: “Aún no me creo que no esté a mi lado. Puedo oler su perfume, oír sus ladridos, estoy seguro de que en cualquier momento entrará por esa puerta y me dirá que ya está aquí. Pero no sucederá. Ya se ha ido. Y aunque su ausencia sea un dolor muy grande, quiero decirle adiós, adiós mi vida. Espero que ese otro mundo del que siempre me habla mi dueño, sea placentero. Yo seguiré por esta tierra, y confió que algún día nos encontremos.”

“Lindbergh”, hoy está triste, muy triste, quiere morirse…no me pregunte de qué…creo que de amor…
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Walter53pimienta@hotmail.com
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