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Cotarro político | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 09.10.16 | |  No nos es ajeno que, ante un panorama de tanta confusión como se nos echa encima y nos asedia por los cuatro costados, nos acordemos de que Aristóteles nos dijo a todos algo así como que “en el medio está la virtud”. Él lo dijo en griego para que los entendieran los griegos. Lo que pasa es que como nos lo dicen en nuestra lengua, quizá ya no lo entendamos o, a lo peor, no nos fiemos de quienes nos lo traducen o nos lo dicen. Un amigo nuestro nos dijo un día: “Iban dos por tres calles...” Nosotros al principio no lo entendíamos, pero él nos lo quiso aclarar: “Iban dos por tres calles, porque por la del medio iba yo”. Hoy tampoco se entiende el tema del término medio, porque ante un panorama caótico, encontrar el punto medio es una aventura un tanto arriesgada además de ruinosa. Y mucho menos se entiende, cuando las voluntades se mueven digitalmente, con un maniqueísmo endémico de los que hacen patria, cual es el arraigo del cainismo hispánico. Se nos da muy bien un movimiento pendular, que obvia el recorrido, construido a base de espacio y tiempo, y se cobija en un extremo u otro, como si el medio y la mediación nos diera un inusitado y exagerado vértigo. | Podemos preguntarnos ¿qué le pasó (o le hicieron pasar) a Pedro Sánchez, después de las elecciones del 20D, cuando aquella noche había salido tan eufórico, diciendo que “España quiere izquierda; quiere cambio”? Nuestro amigo, el de las dos calles, nos ha explicado algo del asunto. Resulta que, según hemos podido comprobar, entonces, ya muy pronto, Susana le aconsejaba a Pedro que dejara gobernar al PP. No sabemos si detrás de esta sugerencia estaba alguien que hizo campaña por Sánchez y que, al no ganar el PSOE, no quería saber nada de “cambio” y mucho menos de “izquierda”. Y así, en horas veinticuatro (como alguna obra de Lope de Vega, pero al revés), se pasó de la proclamación del candidato en la escena política a la dejación y desistimiento. Las musas habían abandonado las bambalinas. Parece ser que esto no lo ha dicho nadie más que nuestro amigo, porque, si el PSOE ganaba de verdad, no tendrían a nadie barriéndoles la estancia de nuestra política socialista; pero eso de cohabitar en La Moncloa, ni locos. Nuestro amigo nos aclara que él “tampoco se explica” que C's, que no quería que la Presidencia del Congreso estuviese en las mismas manos del partido que gobernase, haya apoyado a Rajoy para que gobierne. Con esto podemos entender que quien va por la calle del medio es solamente nuestro amigo, pero que de ninguna manera puede ser C's, que no quiere hacer ningún númerito de trapecio y rápidamente se va de un lado a otro en el circo de la política; le basta con columpiarse y rápidamente quitarse de en medio por su seguridad y su segura publicidad. C's ya ha trabajado los dos extremos de la probable política española, apoyando primero a PSOE y luego a PP. Ahora le queda, por probar, situarse en el justo medio, porque le da lo mismo ocho que ochenta, y anunciar que se abstendría ante un posible y mínimo pacto de izquierda, para que no lo tachen de obstruccionista, si es que está por el cambio, como ha dicho más de una vez, incluso hablando de defenestrar a Rajoy. Así podríamos ver, de camino, qué cuerpo se les quedaba a los barones del PSOE, si saben que tocan poder y no le levantan las alfombras por generosidad. Sería también una manera de que la ciudadanía se aclarara o estuviera más cerca de los verdaderos motivos de los mosqueos y prejuicios que jalonan al PSOE con la izquierda. Además no hay que ponerle cara de perro a nadie, como hemos podido ver en alguna foto que ha peregrinado por las redes. A nuestro amigo, que sabe de las dos calles, no le gustan los callejones sin salidas. Así, recordando que en el Hoyo de Esparteros, de Málaga, había una casa que tenía dos salidas: una por el Hoyo de Esparteros y otra por el Pasillo de Atocha, ha pensado que, en unas malas, el “honrado PSOE de los cien años” le dé a Rajoy sólo las abstenciones contadas y suficientes para la investidura y que el PP vaya haciendo las cuentas de la Legislatura que le espera. (Mucho te quiero, perrito; pero pan, poquito). Nuestro amigo también nos ha dicho que sabiendo que el perro muerde, hay que echarle el pan desde lejos y mientras el PSOE puede dedicarse a adecentar su casa. La sombra de Isidoro es alargada y puede oscurecer tanto la calle del medio que se quede convertida en la del miedo y otra vez por mucho tiempo. De esa herencia no nos habla ni el PP. Todos quieren barrer la casa de los demás, cuando las suyas están por barrer. |
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