El promotor comercial, sin tener en cuenta los comentarios que en la cantina se oía, luego de entregar el novedoso producto a la dueña del negocio, con una pistola de grapas, llenó de coloridos carteles alusivos las puertas y paredes del establecimiento y, acción seguida, trajo del camión repartidor unas degustaciones. A mí me regalaron una, a los presentes también. -La dan gratis para no pagar impuestos sobre la renta- comentó Casimiro. -Dicen que es deliciosa y que le prolonga a uno el sabor en la boca- consideró “Chiquitín”. -Les repito, es porque contiene coca- apuntó con conocimiento Casimiro. -Ese es el secreto- añadió el promotor de ventas antes de montarse en el llamativo camión y salir con rumbo a otras tiendas. -Es más sabrosa que el agua- quise decir yo al margen de la inocencia y me quedé mudo, con ganas de que me dieran otra. -Yo voto en blanco- dijo la “Niña Sara”, y como si hubiese leído el pensamiento de los más escépticos, añadió: no puede ser más sabrosa que el agua de panela. -Similar, similar, muy similar- manifestó con algo de sorna Vicente. -Puede llegar a serlo- criticó ella. Enterada horas después la juventud de entonces que en la cantina de “la Niña Sara” se vendía ahora Coca Cola fría a punta de hielo, porque en el pueblo se carecía de energía eléctrica y de refrigeradores, empezó la cosa (¿?)…, que en realidad ya había empezado en otras lejanas partes del mundo…y fue “el Tigrito” (José Villarreal), quien a la sazón estudiaba en Barranquilla, el primer joven capaz de salir por las calles del pueblo en camisilla, dueño de una cabellera en la que parecía prolongarse la frescura del baño matutino, convencido de la originalidad de sus criticados zapatos blancos, quien compró por veinte centavos la primera Coca Cola de la historia local, bebiéndosela con pausado deleite en público y diciendo: -Soy religiosamente Cocacolo. Esta es la gaseosa que está de moda en Barranquilla y en el mundo entero. Los Cocacolos como yo, tenemos nuestro propio dios; es la Coca Cola de cada día…y amén. …Y empinándose la botella hasta dejarla sin una gota, terminó su fervorosa ceremonia litúrgica… Ante el famoso y sonado hecho, “el Cachaco de Isabelita”; “el Carricarri”; “Caliche”; Jesús Pimienta y Chan Pimienta, Miguelito, el de “la Niña Lilia Padilla”; Pepe Macias, “Tali”, el de “la Niña Antolina”; Orlando Arteta; Regulo, Darío Higgins, Alfredo Enrique; Aníbal Alba; Israel Arteta, “Mogolla”; “Ungo Padilla” y Jairo, el del “Churre”, viendo que “el Tigrito” no se había envenenado con aquella pócima negra y por el contrario se le notaba muy eufórico y animoso, demandaron las suyas como lo hacían los Cocacolos del universo practicando el mandamiento de primero saborearla, luego agitarla dentro de la boca con la lengua, después, reteniendo su burbujeante explosión, tragarla sin sosiego completando así el misterioso sacramento con un sonoro …!Ahhhh!... de misericordioso placer y satisfacción… Ahora bien, la cosa (¿?) también llegó a las jóvenes de la época. Dos libre pensadores y contestatarias, nada turbadas por las nuevas costumbres, Mita Arteta y Belén Puche, sin que se conozcan otros antecedentes, porque no cabe la duda de que así fue, en inminente llegada a la cantina, hicieron lo que vinieron a hacer… -“Niña Sara”, dos Coca Colas, por favor- pidieron…y la dueña del negocio, sin levantar la cabeza entregó el pedido diciéndose para sus adentros. -Esta vaina como que en verdad es más sabrosa que el agua de panela helada. -Diga lo que está pensando- le dijo Mita, devolviéndole la botella vacía. -Que esta vaina como que es más sabrosa que el agua de panela- le dijo en perfecto y sonoro español. …Y fue allí o, mejor, fue así cómo y dónde nació en el pueblo la juventud Cocala sin romper por ello una botella siquiera, con jóvenes que, pasando la refrescante bebida en grado sumo, marcaran también otra posición frente a la vida, gracias a una rebelde actitud filosófica embotella y que por el valor de veinte centavos, trajo consigo el establecimiento del twist y el rock and roll como masivo baile, dejando de lado el porro tradicional, importándole muy poco que la mojigata sociedad de esas calendas le condenara por lo menos al purgatorio por ponerse a masticar chicle y fumar Lucky la vez que en la sala de la casa de Pompeyo Arteta, María y Donaldo Arteta, los hijos de “la Niña Bartola”, “Chiquitín” y otros con otras, organizaron un baile donde al ritmo de… “Ahí viene la plaga/ me gusta bailar/ ahí viene la plaga/ me gusta bailar / Y cuando estas rock & roleando/ es la reina del lugar”/… o…” Despeinada jajajaja/ despeinada jajajaja…/ Tú tienes una carita deliciosa/ Y tienes una figura celestial/ Tú tienes una sonrisa contagiosa/ Pero tu pelo es un desastre universal”/… la plenipotenciaria bebida, tuvo revuelo más allá de los parajes de “Mosca Candela”…, en fin, fueron ellos un estilo de vida bajo cuya vigencia creció una generación apacible y fresca, imitadora de los modelos litográficos que con sweteres de color “amarillo guayabo”, “verde verídico”, “verde iguana”, “azul eléctrico” y/o “ rojo sangre e’ toro”; de zapatos mocasines blancos y camisas a cuadros, repugnaron el buen-mal gusto de entonces y que, como creadores de un diciente neologismo, hicieron de la oscura bebida embazada en una botella con cuerpo de mujer, el primer y único mandamiento de ellos y de nadie más, de los Cocacolos y Cocacolas de ayer que, trasladados a la cantina museo de “la Niña Sara” se sorprenden porque la Coca Cola de hoy no les sabe a Coca Cola… les sabe a nostalgia…
Walter E. Pimienta Jiménez
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