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Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
En tiempos de “Sangrenegra” | | Cuentos y relatos globales. 18.09.16 | | Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez. *”El problema no es salir a la orilla sino aprender a nadar tragando agua” (Dicho de Benito García, campesino de Bohórquez- Atlántico Jacinto Cruz Usma - “Sangrenegra” Cuando niño, a lo sumo con diez u once años de edad, en el radio Philips de mi abuela Cristina escuché una noticia que, palabras más o palabras menos, así leyó un locutor en “El Repórter Esso”: “¡Atención! ¡Atención! ¡Extra! ¡Extra!...Un chusmero a quien apodan “Sangrenegra”, conocidísimo en la región del Tolima, en desarrollo de una acción cinematográfica, con más de cien de sus hombres fuertemente armados, emboscó a sangre y fuego a un grupo de agentes dejando en la violenta acometida nueve policías muertos que hacían en la zona labores de inteligencia. Unidades del ejército persiguen a esta hora a los malhechores que escaparon a las montañas tras el inesperado golpe dado”… seguía diciendo la comunicación… Yo, la verdad, a pesar del reprobable acontecimiento que se narraba, sobreestimé la información y a lo que sí di profunda significación fue al hecho incomprensible de que existiera en el mundo una persona que tuviese la sangre negra, lo que justificó enseguida para mí que igual vivieran gentes de sangre azul, algo que según mis lecturas de entonces, sólo era mérito y distinción entre personajes de la realeza británica con nobilísimos duques y archiduques de fabricación natural. | Sin hacer comentario alguno a nadie de lo que en ese momento discurría, asombrado por lo que había escuchado, llegué a imaginar que el tal “Sangrenegra”, en todo caso, por tener la sangre negra, que bien pudo haberla tenido azul, era un criminal con dignidad y que, de pronto, con cara de no matar ni una mosca, así como podía reposar tranquillo y en paz en una cantina de cualquier pueblo del Tolima rodeado de las mujeres de la vida cual un burgués mundano, igualmente, dueño de todos los espantos del mundo, en medio de cuchillos, en medio de fusiles, revólveres y balas por disparar, con su actuar y alzado en armas, no hacía nada distinto que no fuera escribir, a su modo, equivocado o no, con sus malas o buenas acciones, la desapacible historia de su dolor de patria anunciado siempre en la radio con fuertes y alarmantes …¡Extra! ¡Extra! ¡Ultima hora! ¡Extra!...
En mi empecinado cavilar supuse de igual modo que alguna vez “Sangrenegra”, sin proponérselo, sufriendo algún molestoso rasguño en uno de sus brazos, se dio cuenta que, en efecto, tenía la sangre negra y que, asombrado por el singular fenómeno, no dio cuenta a nadie del curioso incidente; pero como todo en el mundo tarde o temprano se sabe, alguien, a lo mejor de sangre roja y muy cercano a él, no omitió la inexplicable rareza pues viendo que el terrible personaje delante de él se afeitaba y sufriera con una cuchilla “Barba Roja” una leve cortadura en el mentón, y lo que salió de allí sería un hilillo continuo de sangre negra, perfectamente convencido por la evidencia, fue enseguida a la prensa, recibiendo por la primicia su paga y, afirmándose en lo que diría, hizo de aquello una increíble historia que un periodista sentado detrás de una máquina de escribir, realizó de manera magistral probándole al mundo desde Colombia la existencia de tan humano caso, lo que daría por lógico resultado que en adelante, a Jacinto Cruz Usma (que así se llamaba el famoso personaje) en español, en inglés y otros experimentos idiomáticos, se le apodara por siempre “Sangrenegra”, contundente calificativo que con gran acierto decía de éste lo mismo que sus armas decían disparadas desde los montes del Tolima en contra del mal gobierno, según consideraban sus partidarios.
-Cualquier persona a quien le dicen “Sangrenegra” no debe ser para nada buena ni católica- dijo esa vez mi abuela enfrascada como yo en semejante sobrenombre digno de una película en la que nos mostraran sus hazañas espectaculares a pesar de estar su apodo muy distante del de un tipo humano, acreedor de la simpatía pública o privada y, entonces, ingenuo hasta la coronilla, me dije que “Sangrenegra”, por tener la sangre negra, circunstancia que él nunca se imaginó, sería invariablemente una figura ofensiva, desconfiada, vecino de nadie y sin más válvula de escape que la de matar antes de que lo mataran, consumada sus fechorías, disfrutaba de la dicha de llamarse “Sangrenegra”…
Sin embargo, y como tenía que ser, imaginé posible que “Sangrenegra”, llamándose como se llamaba, no saliendo de misa confesado y comulgado, un día cualquiera no tan cualquiera, el… ¡Extra! ¡Extra! ¡Última hora! ¡Extra!..., del locutor de “el Repórter Eso”, con voz de campana de pueblo, anunciaría que Jacinto Cruz Usma fue dado de baja por un soldado del ejército al fallarle a aquel el complicado proceso de su estrategia doméstica de escondite y escape, dejando incumplida su llegada a una cantina de pueblo, sitio donde a las diez de la mañana jugaría una partida de naipes con “Tirofijo”, compañero de aventuras y peripecias, y por la tarde, con la fresca, yendo a la fonda, se comería un plato de arroz de fríjoles…, en tanto el presentador noticioso, sin dejar de disimular su satisfacción gobiernista por el hecho, sintiéndose un poco cómplice con lo ocurrido, sin parar en comentarios, cenaría ese día con los suyos fuera de su casa.
A decir verdad, en tiempos de “Sangrenegra”, no conocí un apodo más diciente para el chusmero que debía parecerse a su sobrenombre porque lo llevaba en las venas y, héroe o no, unilateral y de fusil al hombro, con pasiones y sentimientos encontrados y permanentemente inmodificable, fue siempre en la misma dirección: en la de ser crudamente un bandido enfrentado, según él, al mal gobierno con el énfasis y la admiración que llorando en su velorio le profesaran a gritos las solteronas y jovencitas de su tierra.
Jacinto Cruz Usma, alias "Sangrenegra" (Santa Isabel, Tolima,1 de julio de 1932 - Líbano, Tolima, 26 de abril de 1964), fue un guerrillero colombiano liberal convertido luego en bandolero que persiguió con saña a los conservadores durante la época de la historia colombiana denominada como "La Violencia", caracterizada por un cruento conflicto entre ambas agrupaciones políticas.
Sangrenegra, incorporado a la guerrilla liberal desde muy joven, ganó fama y renombre por el tristemente célebre 'corte de corbata', brutal acto en el que acababa con la vida de sus víctimas haciendo una incisión de lado a lado de la garganta por donde extraía la lengua. El recuento de los delitos y atrocidades que se le atribuyeron incluye: 377 homicidios agravados, 270 secuestros, 300 violaciones de mujeres de distintas edades, 150 casos de lesiones personales, 147 delitos de extorsión, chantaje y 107 delitos de atraco. Tal vez uno de los más feroces y sanguinarios bandoleros de la historia colombiana, incluso decapito con un azadón a un teniente de la policía.
Walter E. Pimienta Jiménez. walter53pimienta@hotmail.com |
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