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Bikini, trikini y burkini | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 27.08.16 | |  En nuestros años mozos, allá por los sesenta, nuestro suelo patrio se sorprendió ante la llegada de los bikinis. A tanto llegó el descoloque moralista, que con humor un sacerdote, amigo nuestro, nos dijo: “Como esto siga así las playas se verán invadidas por pares de chapas de cervezas y tiritas de esparadrapo”. Nos hizo mucha gracia el golpe de nuestro amigo, pero como el mundo es redondo y da muchas vueltas, la fuerza profética de aquel comentario se ha devaluado y difuminado con el correr del tiempo, que va que se las pela. En nuestros días, el pensamiento ético único, aparentemente, se resquebraja, porque el bikini se ve rodeado de unos compañeros muy variopintos. No sólo tiene que convivir con el bañador de casi siempre, sino que se las tiene que ver con otros competidores, que pueden dejarlo en ridículo o a los que no les importa hacer el ridículo a su lado. | Vayamos por partes, o por piezas; nos da igual. Tras la generalización del bikini, el bañador, más o menos atrevido, ha sabido convivir sin llenarse de envidias ni de odios ni de complejos. Más tarde con el osado trikini, la mujer no sólo ha vuelto a llamarnos la atención, sino que también el hombre ha entrado en la escena, veraniega o no, y nos ha dejado un sinnúmero de atrevimientos que en la mayoría de los casos han causado la hilaridad de los parroquianos del destape. Al ver el personal que nos estaban dejando en cueros vivos, apareció una pieza nueva en escena, que puede ser de distintas tallas, incluso éticas, que ha sido una prenda, una verdadera preciosidad, que se llama pareo. Los hay de distintos tamaños, desde los pañuelitos que tontamente se agarran a la cintura dejando caer sus puntitas sobre un muslo, que tapan poco más que un lunar, hasta los de grandes dimensiones, que a poco que te descuides tapan casi tanto como el burkini. Podemos considerar este atuendo como un producto más del patriarcado del comercio y del capital. Hablando del burkini, como en casi todo el mundo “civilizado” (eso sí), ya ha surgido la polémica y se ha inundado Europa, por un aluvión de comentarios, no por pudor, sino por gazmoñería. El burkini es un traje de baño que solo deja al aire, desértico, playero o serrano, la cara, las manos y los pies. A bote pronto, se han izado glosas acerca de la dominación patriarcal sobre la mujer. Se ha levantado una oleada, con bastante resaca, de una acertada ley oportunista que lo prohíba. Sobre todo en Francia, que se siente asediada por las etnias que consideran poco republicanas, como si la república fuera una política de trapitos y no el imperio de la diversidad. Para nosotros, antes que el tema llegue más allá, es necesario que nos demos cuenta, en primer lugar, de que se trata de una cortina de humo o una nube de verano, para que no hablemos de otros temas a los que debemos atender en todas las estaciones del año. Así podemos ver que la libertad de la mujer, y también la del hombre, está muy comprometida y esclavizada, y no solo religiosamente. Todos necesitamos que el patriarcal pensamiento único sea denunciado de día y de noche, pero sin privilegiar ninguna de sus fechorías. Centrándonos en el burkini, lo primero que tenemos que pensar es que libremente cada uno se vista como quiera, siempre que sea identificable su cara, como puede pasar con las monjas o monjes de algunas religiones. Que todas las personas sepan que somos muchísimos los que estamos en contra de las normas patriarcales, porque eso les liberará más tarde o más temprano. Lo que no admitimos es que se demonice un tipo de patriarcado y se ignore el sibilino patriarcado del qué dirán y del poder económico, que impone sacrificios, sobre todo a las mujeres con sus modas, perfumes, cremas, tallas, tacones, estereotipos...(“operación bikini”, según la cual a las mujeres solo se les ajusta bien de la temporada anterior el abanico) y también a los hombres con sus depilaciones... Sin ir más lejos, acabamos de ver en las olimpiadas la discriminación de la mujer, considerada quizá como objeto, que corre, salta y juega al voley playa en bikini, mientras que los hombres lo hacen con camiseta, cuando podrían hacerlo en bikini para adosarles el dorsal o a pecho descubierto, como un San Sebastián (patrono de un colectivo gay). Una vez más no nos rajemos las vestiduras, si nos bañamos de distinta manera en un mar, que se ha tragado patriarcalmente tantas vidas. Denunciemos todos los patriarcados y sobre todo el de la guerra, dirigida por intereses ocultos y por naciones hipócritas. Hasta la información del niño herido ha sido manipulada, pues no sale en la foto su hermana, que estaba, de lado, a su izquierda. |
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