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Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
Menkel o el desconcierto de todo un pueblo

Cuentos y relatos globales. 21.08.16 
Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez
-Imaginario de las peripecias de un extranjero entre nosotros-
*La vida es un país extranjero. Jack Kerouac
Sería todo un acontecimiento su llegada al pueblo y la gente, por turnos, iría a conocerle habiendo de parte del alcalde que establecer dos horarios: uno diurno y el otro nocturno y así evitar aglomeraciones y desordenes en la casa de Efraían donde se le diera alojo.
-Es un alemán legítimo- dijo sin saber por qué el viejo Eulogio al verle y agregó: tiene cara de alemán, ojos azules de alemán, camina como alemán, habla enredao como alemán y hasta el pelo mono  es el de un alemán genuino.
-S-e-r  Menkel yo s-e- r yo- fue lo primero que dijo el alemán de esta historia en español endiablado tocándose repetidamente el pecho con el dedo índice de la mano derecha en señal de autoidentificación. Y ante aquello, los curiosos que nunca antes habían visto un germano en persona, no supieron qué actitud tomar pues la evidencia de estar frente a un indiscutible teutón, para el caso no guardaba la menor duda porque hubo también quien sabiamente dijera que, en efecto, según lo manifestado por el viejo Eulogio, el extranjero tenía una cipote  cara de Alemán que no podía con ella.
Casimiro, sin embargo, contradictorio y obstinado certificado, por aquello de ser el notario del pueblo, se mantenía en el criterio “infalible” de que el forastero no le parecía alemán sino irlandés, razón por la cual, buscando que su parecer no fallara, con artimañas y maniobras dialécticas, pidió a éste que pensara y hablara en irlandés y el  foraneo, como era su deber, pensó y habló en alemán antediluviano y no en irlandés trascendetal y, entonces,  el fedatario, errando en su mecanismo dijo a los presentes:
-Lo reconozco. Este tipo es alemán  puro y ojalá lo conserven en su temperatura normal y así no  se dañe… puede servirnos para cuidar jardines.
Pasada la prueba, meses después, con aire de libertad y confianza, el extranjero, embutido en ropa caqui, ancho de espaldas y de brazos de hachero, de cuello grueso como bisonte; llevando en la muñeca derecha  una esclava de plata con el escudo de su país, de cutis igual al de quienes trabajaban a la intemperie, de pelo corto y parado como crin  de mulo, de mandíbulas ferreas y de mirada infinitamente azul; que tenía, además, un cinturón de cuero natural del grueso de la cincha de un caballo, con botas media caña y espuelas en forma de estrella con las que acicateaba una mula prieta en la que aparecía por las calles del pueblo trepidario y sacudiendo el polvo como si fuera un sismo que vino del otro lado del mundo, parado bajo el marco de la puerta de la casa de Efraín, era todavía motivo de críticas y comentarios  de parte de  quienes, pasando de soslayo para verle,  se decían: “Ya lo  viste. Es un alemán legítimo que puede pasar por irlandés; pero es alemán fabricado en alemanía”…
Pero el extranjero no estaba hecho para cuidar jardines como dijera Casimiro; sus manazas rurales nos hablaban de su plena esencia campesina y comprándose lo primero que se comprara: un hacha de hierro que pesaba 8 libras, se fue a la propiedad que comprara…era Menkel uno de los tantos alemanes que en plena segunda guerra mundial, salió a perderse por el mundo sin más bienes personales que 123 pesos en el bolsillo, dos mudas de ropa y una guturalidad de ahogo al hablar.
Pero como esta crónica sólo se referirá a las peripecias que un extranjero viviera al radicarse en el pueblo, mezclado en todo tipo de circunstancias domésticas que gracias a Dios no ocasionaron un conflicto internacional, Menkel sí que las vivió contribuyendo con su primitiva forma de ser a convertirse en todo un personaje de leyenda en torno al cual se cuentan un universo de historias cómicas, aderezadas a espaldas suyas con “el agregue” de quienes contándolas, lo vinculaban, por sí o por no, con hechos que, de pronto, el alemán, por serlo, enriquecía intentando conocer, hasta donde le era posible, una cultura distinta a la suya, todo por el interés que él pondría para comprendernos más y mejor; razón que diera vida a sucesos si siquere apócrifos por él llevados a cabo como estos:
Dicen que acostumbraba Menkel a motilarse en la peluquería de “Girito”, sitio en el cual los chistes y bromas entre clientes no faltaban y él, trabajoso de entendimiento, luego del cuento referido, después de mirar friamente a los presentes, con un retrazo de 17 segundos, dado que tenía un gran sentido del ridículo, poniéndose primero colorado y luego morado de placer, a mandíbula batiente se reía dejando en evidencia que es muy cierto aquello de que el que ríe de última ríe mejor… y más cuando éste es extranjero y como en este aso entiende en alemán…

En su exilio terrenal habría que entender a Menkel castigándose en carne viva domando las primeras abarcas que se calzara para caminar y parecerse de alguna manera a uno de nosotros, por lo que no sería raro a veces verle con estas al revés hasta que se las cambiara por observación y aviso  de Efraín su discreto y primer confidente.
En su época, luego de años de estadía, Menkel empezaría a entender al pueblo aunque el pueblo no lo entendiera a él…y por aquello “de que a la tierra que fueres haz lo que vieres”, intentantando vivir como los demás vivían, creía que “a lo mejor” todo era correcto y permitido como el hecho de bañarse completamente desnudo en la fresca corriente de Arroyo Greande dejando al descubierto la gran flor flor roja de su glande (“cascajo”) de muerte lleno de espuma bajo la penitencia del jabón de pino, lo que creó entre algunas mujeres una atmósfera de patetico dramatismo al imaginarse con él en un lecho de amor.Tomó fama su verídica y bestial protuberancia genital por lo que muchas, al verle, guardaban un turbado silencio, evitando con el dueño de  semejante bulto taladrador, en lo probable, la más ligera fricción.
Cuando uno iba donde Menkel a buscar algo, lo más seguro era que se regresara sin nada o con lo que no había ido a buscar;  su grado de interpretación del español, según Bartolo, el maestro de aquel tiempo, daba apenas para un 2.8 pues para él, moliendose la lengua, no era problema alguno  que los demás no le entendieran ya que sin levantar la vista de la revista alemana que por correo, de Bonn, le llegaba cada semana, respondía:-“Oh- no- ha-blarr-con- des-cono-ciros”…- amenos que el interesado se esperara leyera las 35 páginas que le faltaban para terminar y, entonces, él, rompiendo el silencio, ocho siglos después, decía: -“Ha-bla-r   Jai-me hi-jo sa-beer”-… y acontecía que el visitante, a la fija ya se había ido y siendo así, agregaba. “ Oh- mis-terrio- hom-brre- des-a- parre-cerr”- y a continuación se persignaba
Los domingos, cuando Menkel en su mula prieta procedente de su finca bajaba al pueblo, llegaba a la plaza y saludaba moviendo la cabeza y, con el idioma universal de una sonrisa, pedía en la cantina de “la Niña Sara” unabotella de ron invitando a quienes se dolían en su dura tarea de tener que emborracharse pensando en alemán,  mientras estos lo hacían en español callado; rara manera de que más de dos, estando juntos y bebiendo de la misma botella, a la vez estuvieran solos…
Diferente y contradictorio, Menkel viviría siempre dándose manotadas con lo contrario de las cosas y por ello, más de una vez encilló la mula al revés y con un “…oh-  no- serr-así” o un “ sí- ser-es”…, elemental y primitivo,  en ella se montaba a lo mejor para  ver el mundo de otro modo o desde otra dimensión. Los mejores cuentos del pueblo se oían de él por ser irracionalmente obstinado hasta los huesos y por decir “marrica” en perfecto español.
Con Antolina, atractiva  nativa que bordeara los límites de la madurez, sin el frío lacónico de la barrera idiomática, hizo pareja Menkel: sería aquel un amor heróico, detenido en modismos, verbos, sustantivos, adjetivos, artículos, pronombres, adverbios, conjunciones, intergecciones y preposiciones infranqueables para él; pero comunicativo en caricias, gestos, agasajos, atenciones, halagos, cariños, mimos, abrazos, besos, y ternezas fáciles de entender y sentir… Y así harían vida los dos en una casita rural rodeada de flores silvestres, a las afueras del pueblo; viviendo tan singular personaje la fatigante tarea del reposo esperando la pensión alemana y haciendo a la medianoche lo de costumbre…Y así Antolina fue  madre de cuatro hijos tan alemanes como él y tan criollos como ella…

Toca  decir sin embargo que fue precisamente con lo modismos con los que más sufriera Menkel tratando de apender el español hasta el punto de que porculpa de  uno de ellos, casi se separa de su esposa y estuvo a punto de  cometer un infortunio…Ocurrió que una noche, él solicitó a Antolina para llevar a cabo el apariamiento que a diario les ataba y, ella, inocente, le dice:”… No puedo, estoy con luna” (estar con luna, se refiere en el pueblo a que la mujer está mestruando)… El, sin pensar ni en alemán ni en español atolondrado, furibundo se bajó de la cama, encilló la mula y llegó al pueblo en busca de Bartolo su amigo y profesor de castellano retórico. Arribó, tocó la puerta y a gritos así le llamaba: -¡Bar-toro! ¡Ser-amigo! ¡Querrer-hablarrr-con-tigo- urgen-ter-o yo-matarr- Antolina”
Preocupado, Bartolo lo atendió y Menkel, pidiéndole le acompañara a la primera cantina que encontraran abierta, se lo llevó para contarle entre lágrimas  su pesar. Ya al calor de los tragos y con la más profunda amargura del caso, esto decía el alemán a su conocido y aliado: -“Bar-toro…decir verdad- decir quién ser-Luna y yo- matar- mu-jerr - mía- serr-in-fier-yo-matarr.
Bartolo, ante la situación, se preocupó y temiendo lo peor, buscando persuadir al confundido amigo, le decía: -“Luis, eso es imposible. Antolina es una santa y buena mujer. Jamás haría algo así contigo que la quieres tanto”
Menkel, atascado de rabia y de palabras, parecía sordo y decía: -No –Bar-toro- mu-jerr- in- fier. Yo- matar- a -ella- y Luna. Decir- Bar-toro- quién- serr- Luna.
Bartolo, sin más salida e intranquilo, se vio  obligado a responder y esto le contestó: -“Bueno, Menkel, aquí hay Molinas, Artetas, Coronelles, Jiménez, Charris, Radas, Higgins, Pimientas, Hernández, Echeverrías…pero francamente no conozco a nadie de apellido Luna”.
Menkel no hizo caso de aquello, montó en la mula y se perdió en la oscuridad de la noche como llevado por el diablo. Bartolo esperaba la desgracia.
Al día siguiente, todo estaba en calma y nuevamente Menkel va donde Bartolo, lo llama a la puerta y sin bajarse de la mula, con cara de satisfacción, le dice:-“ Bar-toro- per-do-narr- mu-jerr- mía- no serr- in-fierr… mu-jerr- tenerr- perríodo”.
…Que la historia la continuen otros…yo, entre tanto, dedico esta crónica a Menkel por inolvidable aunque duerma para siempre su reposado sueño sin piedra de labradura memorable y sin una polca que le distraiga en la aburrida noche de nuestro cementerio campesino… A  Menkel, transuente de ultramar que con nosotros se  quedara, esta crónica, para que sepa, donde esté, que en el pueblo quedan todavía personas que le recuerdan en “perfecto alemán”.
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*Jack Kerouac: Escritor estadounidense.
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