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Sin acritud
(Religión aparte XLI)
| | Jose Maria Barrionuevo Gil. 20.08.16 | | Qué a gustito nos quedamos, cuando en verano se nos va el terral y nos entra flojito el levante. La brisa nos hace recuperar hasta la fe en nosotros y nos hace descansar de tantas fidelidades que, muchas veces, concedemos a nuestros infieles padres de la patria y de la “matria”. Llevábamos mucho tiempo sin escuchar las noticias, porque nos gusta ver el campo, el mar el cielo y las estrellas, que, aunque no nos concedieran nuestros fugaces deseos fugaces, al menos no nos daban la lata, no nos creaban un malestar crónico a base de tantas crónicas y tantas noticias, aunque vinieran edulcoradas, porque nos trataban como si fuéramos todos del partido único. Si se tratara solo de volver, pues aquí estamos, aunque no vayamos a la feria ni a la romería, si es que las hay, ni a los juegos olímpicos, aunque los haya. Nos hallamos de vuelta y resulta que no nos hallamos, no nos encontramos a nosotros mismos por ningún lado. O mejor dicho, nos encontramos que por todos lados nos las vuelven a dar. | Sin acritud, nos obligan a decir que ya está bien de ventiladores que echan las culpas a los demás, cuando la verdad es que a ellos les ha dado un mal aire, que no saben ni lo que dicen de un día para otro, el derrotismo y negacionismo que blandían, cuando estaban en la oposición, ni lo que hicieron, cuando tenían el poder, ni lo que dijeron en aquellas campañas electorales, ni lo que dijeron e hicieron después de las elecciones del diciembre pasado. Parece ser que el PP nunca se ha abstenido (menos de condenar el franquismo) en nada. Siempre ha jugado al ataque y al contraataque. No ha dejado de condenar todo lo que para su bien de su España no era conveniente, con una firmeza que caracteriza a los valientes, cuando sacan pecho solo ante los débiles. Sin acritud, tenemos que decir que ya nos enteramos del asedio o, al menos, del booling político al uso, con los que consideran de antemano la oposición, cuando está muy por ver, quién se encargaría de asumirla, esta vez, en sus propias carnes. Sin acritud, tenemos que decir que en la pasarela política, de un tiempo a esta parte, solo vemos pocos figurantes, que nos llenan los días enteros y las medias noches, repitiendo unas letanías, que no suenan a gloria, sino al infiernal averno de las terceras elecciones. Y hablando del infierno,sin acritud, también nos llegan las resonancias tan magnéticas de la bomba atómica que nos puede suponer para todos “la ideología de género” en boca de un prelado. O las memorables palabras de un príncipe de la Iglesia, cuando nos hablaba de guerra civil, no hace tantas fechas, si el electorado votaba a las izquierdas. También otro obispo nos ha legado que “el aborto y divorcio son los que promueven la violencia de género”. También hemos podido oír que “la fecundación artificial es un aquelarre de laboratorio” y que “el colectivo LGTB es una plaga” Muchas veces hemos hablado que la religión, llámese cristiana, musulmana, judía... debe quedar aparte de tantas intervenciones políticas y tantas otras mistificaciones que le hacen apartarse de su cometido, si bien su trabajo tan profético sufre carencias, cuando ha regañado a estupendos sacerdotes y ha cohabitado con regímenes poco éticos y de enormes carencias en el respeto a los derechos humanos, por hablar finamente. Para colmo de este ambiente de farándula, tenemos que recordar, sin acritud, “el capote de la Virgen del Rocío” del que nos habló una Ministra, o la petición de una Presidenta a la “Virgen de la Paloma de trabajo para todos los madrileños y que Madrid siga creciendo en empleo”. Tampoco es digno de olvidar “la concesión de la Cruz de Plata de la Guardia Civil a la Virgen de los Dolores de Archidona o de la Medalla de Oro al Mérito Policial, a la Virgen del Amor, de Málaga, concedidas por el Ministerio del Interior. Sin acritud, sin ánimo de molestar, en este “totum revolutum”, en este río revuelto en que los pescadores, padres de la patria y de la matria, van a asegurarse sus ganancias, tenemos que recordar que la religión tiene que estar aparte y no manipularse, porque una cosita es la libertad de expresión y la denuncia profética y política y otra faenar para decrecer en el respeto a todos, confundiendo delitos con pecados y, sobre todo, al servicio de unos intereses bastante partidistas. Una vez más quieren que la ley del embudo no sea ni delito ni pecado, excepto para los demás. |
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