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Lavadero nacional | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 14.08.16 | |  Sin doblar la esquina que da a la la calle o a la avenida de la Historia, nos puede dar la impresión de que en España hay demasiada blancura. Sin embargo no vamos a hablar del dinero que se blanquea ni de la venta (parece que España está en venta y vendida) de nuestra ciudadanía (marca España) a cambio de la compra de un piso o una casa de alto standing para blanquear el suelo patrio. El lavadero nacional no está abierto a la blancura y mucho menos a la transparencia. Tenemos un lavadero en el que lo que menos importa es el lavado y la limpieza. Mientras se tiene suerte de que se laven algunas cosas, se habla y se habla y no se deja de hablar para no dejar hablar. Lo importante de nuestro lavadero nacional no es la limpieza de todo. Tampoco resulta interesante si el lavadero está solo o si no hay compañeros de lavadero con que darle a la sinhueso. Estamos dichosos, si nos podemos dedicar a charlar, mientras hacemos la colada. Tampoco se trata de aclarar la ropa, porque después nos la llevamos en el canasto para la casa y ya la tenderemos. “Los trapos sucios se lavan en casa”. La limpieza y transparencia es para la suciedad de los otros. | Eso sí, el lavadero más que nacional parece nacionalizado. Es lo único que se nacionaliza, pero porque se reduce el acceso a los demás vecinos. Se restringe el acceso y las condiciones de uso y después se lo contamos a los demás vecinos, pero solo para quedar bien y siempre que no se nos den cuenta del chantaje, porque el lavadero también es nuestro. Si las aguas bajan poco claras no importa, porque lo que interesa es que haya ruido de agua y murmullo de palabras, que ahora ya no se las lleva el viento, sino que las arrastra el agua para que nunca salgan a flote. “Verás qué bien quedamos, se dicen, cuando le contemos a los vecinos lo que hemos lavado”. “Podemos incluso decir que los otros vecinos no han querido venir, porque están apurando la ropa para no tener que dar tantos viajes al lavadero”. “Además, el lavadero es cada día más nuestro”. Sin embargo, “la culpa es de los que no vienen a aprovechar el agua, porque lo que es a nosotros no nos ahoga ni el agua. Eso sí, las restricciones las ponemos nosotros y ponemos los días y las horas del suministro”. El jabón del miedo ha conseguido un lavado nacional de cerebros. Más de uno nos andamos preguntando si la colada ya estaba terminada, si las condiciones de C's, que, con tanta autoridad como despilfarro de medios han propuesto al PP, no estaban ya pactadas de antemano. También dudamos si la orquestación, la escenografía, el tiempo concedido a tanto espectáculo no estaban ya previstos, porque se obligaría a los demás vecinos a no dejarles ni tiempo ni ganas de decir algo. La dilatación (no en vano estamos en verano) del tiempo, que juega a su favor, ahora, verdaderamente es de ellos. Sin embargo, esa prisa antes se imponía a los demás, como si se fuera a acabar el agua del lavadero, porque el lavadero también era suyo entonces. No nos extraña nada hoy día que aquellos, que han mentido una vez detrás de otra, nos dejen el agua tan clara como para poder aclarar y adecentar el trabajo y la convivencia. Si antes mentían unos (PP), ahora el contagio podría extenderse a otros (C's) y podría matizar y concentrar tanto sus verdades, que resulte una verdadera epifanía de la gran verdad, condimentada, eso sí, con la “eterna estrofa de agua” de la demonización que no para de echarle el agua sucia a los demás. En estos días bailan los números de los apoyos parlamentarios y todos hablan supuestamente de insuficiencia de voluntad política para poder gobernar y, sobre todo, de insuficiencia política para gobernar, pero por la consabida manera de cómo se ha venido gobernando hasta ahora. Parece ser que al gobierno en funciones no le queda otro remedio que despóticamente acusar de tiranos a los opositores, que son los que de verdad tienen el aval de las urnas, abundando en el inconsciente colectivo español de que “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Sobre todo, si el bien por conocer se cifra solo en unas terceras elecciones, que no suponen tampoco una moderna tiranía. Ya se lo dijo Buero Vallejo a Esquilache, en boca del rey Carlos III: “Los españoles son como niños... Se quejan, cuando se les lava la cara (basura)... Pero nosotros les adecentaremos, aunque protesten un poco. Y, si podemos, les enseñaremos un poco de lógica y un poco de piedad, cosas ambas de las que se encuentran un poco escasos. Quizá preferirían un tirano, pero nosotros hemos venido a reformar, no a tiranizar”. |
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