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Cuando en el pueblo "Valio la pena estar muerto"
| | Walter Pimienta Jimenz. 30.07.16 | | Imaginario literario de cómo Leopoldo Tovar Arteta, a punta de huevos, hizo un cementerio *La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos. Antonio Machado (1875-1939)
Cuando toda la gente en el pueblo alarmada y asustada dijo con absoluta seguridad que los muertos enterrados por ahí, a medianoche, buscando lo que no se les había perdido salían y con ganas de estar nuevamente vivos, aún no acostumbrados ni aclimatados a ser difuntos, se regresaban a sus casas para saber de los suyos y, después, por la mañana, ni con tres padrenuestros y tres avemarías se les ocurría regresar a sus tumbas aferrados al parecer de que continuaban viviendo hasta que no se les demostrara funerariamente lo contrario, Leopoldo Tovar Arteta, sabio entre los pocos sabios de su tiempo y conocedor del sentido de la vida, con el argumento lógico y comprobado a ciencia cierta de que los que le salen a los fallecidos son los vivos, y que los finados, peligrosamente afuera no estarían a salvos de nadie, sin mucho esfuerzo ni afán, a la manera de todo un versado en muchas cosas, pensó en lo que tocaba pensar como razonada solución y remedio: en levantar en un costado de la población y con la ayuda de la comunidad, un resguardado cementerio. | Cuentan los hombres de buena fe, y que conocen muy bien esta singular historia porque la escucharon de labio de sus bisabuelos y abuelos, que la tarea no fue nada fácil para Tovar Arteta y que éste, con cívica disposición y resolución, de puerta en puerta tocando día a día y con la sensible consigna de…”colabóreme para que no se le pierda su muerto”…, con limosnas y donaciones, y con huevos, pollos y gallinas que recibía como dádivas que luego vendía en la ciudad capital, de piedra en piedra y de ladrillo en ladrillo, ayudado por albañiles y espontáneos, comenzó a alzar, en el sitio escogido, los primeros muros del necesario camposanto.
También dicen los mismos hombres de buena fe, y que tienen por qué saberlo, que a nadie en el pueblo le fue ajena ni indiferente la gesta o empresa ciudadana de Leopoldo, pariente de todos y amigo de todos, especialmente de los muertos que ahora sí, volviéndose más responsables y sensatos con sus propios huesos, iniciados los trabajos en el panteón, empezaron a sentirse definitivamente difuntos y más prestos a presentarse a rendir cuentas de sus actos ante El Creador y así no correr, ni de día ni de noche, el riesgo de perderse entre el peligroso mundo de los vivos… …Y entonces, de huevo en huevo, de pollo en pollo y de gallina en gallina; habiendo pegando un ladrillo ayer, otro hoy y uno más mañana y pasado mañana…, la humana obra, consagrada a la iglesia, como un claro ejemplo para no olvidar a nadie porque la parca a todos iguala, Leopoldo adelantaba más como símbolo de vida que de muerte en un sitio donde todos hoy nos encontramos con nuestra propia historia y, fiado a nuestras propias esperanzas, tenemos la certidumbre de la existencia del cielo llegada la hora del ya no es… …Y entendidas así las cosas, ya que la muerte no es algo que ocurre, es algo que llega, terminada la casa grande, tranquila y cómoda de los difuntos, con cierto exquisito sentido del humor y en aras de su futura inmortalidad, hubo también gente en el pueblo que, gracias a Leopoldo Tovar Artera, viendo la obra de Dios para el descanso de las almas y la posterior resurrección, como el más optimista de los mortales, llegó a considerar que valía la pena estar muerto antes que seguir en la ópera ya no como actor sino como simple espectador… al tiempo que nuestros muertos ya bien muertos y allí mismo satisfechamente sepultados, más naturalista y algo poéticos, con todo fundamento sintieron deseos de morirse por segunda vez a lo mejor viendo en la muerte una ganancia…y es por ello que hoy, en el asistido cementerio que Tovar Arteta con afán y ahínco civil para el pueblo construyera, nuestros muertos, aunque esto suene duro y absurdo decirlo, de alguna manera “siguen viviendo” porque aquí, aquí sí importan los muertos y de ellos, es incuestionable, enterramos sus huesos pero no sus recuerdos… |
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