Le contesto, Sr. Ariza, sin la más mínima intención ni deseo de continuar una polémica que detesto profundamente; le aseguro que en esta sociedad que vivimos pocas cosas me parecen merecedoras de aplicarles un marchamo de calidad absoluta, y mucho menos el ser humano, que siempre estará expuesto a cometer errores en cuantas acciones emprenda por más que estas estén guiadas por la mejor intención o voluntad. El que firma, a pesar de la moderada buena opinión que tiene de sí mismo, se declara un ser imperfecto en el que sus defectos y sombras pesan más que sus luces y virtudes, si algunas tuviere. |
Le aseguro, Sr. Ariza , que ese silencio mío al que usted se refiere no está motivado por causa alguna; quizá sólo sea que, ya inadvertidamente, ya por mimetismo, hago como aquellos que también silencian la posible parte buena de la gestión que yo defiendo y que, incomprensiblemente, tanto ruido está provocando. Creo que no hice más que dar apoyo a la alternativa en la que creo, como otros se lo dan a la que bien les parece. ¿es eso condenable?. Si usted mismo reconoce que mi crítica a la oposición está dentro de nuestro sistema democrático, ¿a qué este desgarrarse las vestiduras?. Si alguien se siente personalmente ofendido yo estoy dispuesto, siempre que me de una explicación coherente, a pedirle perdón. Pero de ninguna manera por usar de mi derecho a decir lo que pienso o siento.
Ni la más mínima duda por mi parte del profundo cariño que profesan todos y cada uno de sus habitantes, sean del partido que sean, a este pueblo maravilloso en el que, según nuestro talante, gozamos o sufrimos; mucho menos pienso que nadie pretenda destruir nada de cuanto en él se hace. Estoy seguro, ¡con qué derecho voy a dudar!, que muchas de nuestras críticas van encaminadas a que todo se haga aún mejor.
Naturalmente que donde gobiernan los socialistas hay piscinas y jardines y Casas de Cultura; ¡no faltaba más!; y también hay desencanto y desilusión y desconfianza en sus propios votantes, que se sienten engañados y traicionados, sentimientos que tuvimos ocasión de ver reflejados en los rostros de los que acudieron a la famosa cita con Zapatero, evidenciados por su descorazonadora sorpresa al preguntar al Presidente sobre temas de urgente necesidad o actuales consecuencias, y sin derecho de réplica verse obligados a aceptar las respuestas, de retórica ambigüedad, con que Zapatero trataba de explicar las mejoras conseguidas y lo felices que debemos sentirnos con la envidiable, tranquila y esperanzadora calidad de vida que nos promete. Seguramente serán muchos los que guarden esa grabación para oponerla a aquellos que hacen una defensa a ultranza de los valores de su partido y su Presidente. En todas partes cuecen habas.
En mi artículo, Sr. Ariza, no intentaba unir cariño y amor al pueblo con mi voto al PP: lo unía franca y deliberadamente. La explicación es bien sencilla: yo no he tenido la oportunidad de ver gobernar el PSOE en nuestro pueblo; y si repasa mi anterior respuesta verá que en ella le decía que no dudaba que todo aquello que considerabais mal hecho ustedes tratarían de corregirlo y aun mejorarlo. Pero hoy, siguiendo la cíclica por la que se rigen modas y costumbres, incluida la política, nuestro pueblo está gobernado por el PP. Por lo tanto, y creyendo positivas las mejoras que se producen en mi pueblo, es natural que vote al partido que las realiza. Recuerde que también decía que si un día ustedes lo hacían mejor gozarían de mi voto y confianza.
Por último, Sr. Ariza, reconozco no haber obrado bien haciéndole a usted destinatario de mi respuesta; lamento haber pasado por alto el protocolo respondiendo a una persona que, por otra parte, supongo plenamente vinculada al PSOE de Alhaurín de la Torre. Estoy seguro que tanto usted como la Secretaría General sabrán disculpar este involuntario error.
Con mis saludos. Paco Acosta. |