Soy asquerosamente envidioso, así que estoy cabreado, muy cabreado, cabreadísimo. Se le ocurre a Manolo Porcel salir de su hibernación con esto del cambio climático, y lía la de San Quintín. Nos ha quitado el puesto a los habituales mamporreros de la pluma -que normalmente centramos los odios y amores de los lectores- con una decena de contestaciones... ¡a un articulillo sin chicha ni limoná!... ¡Habrá cosas más importantes -las denuncias de Roque por ejemplo- a las que dedicarse que los bostezos post-invernatorios de don Porcel! |
Alguien me ha dicho que parecía que a Alhaurín.com le ha entrado un virus informático, un spam -casi un espasmo- y que durante horas han entrado y publicado escritos contra don Porcel de dos en dos. ¡Qué rabia, qué desazón! Yo intentando por todos los medios que la gente se mosquee, se pique, me conteste, me insulte aunque sea cariñosamente, y no lo consigo. Y llega don Porcel y atrae las iras de escritores y lectores como la miel a las moscas.
He leído su escrito. Lo he tenido que releer porque cuando lo leí la primera vez no encontré nada que me llamara la atención. Nada fuera de lo corriente. Había algunas connotaciones un tanto desajustadas, pero yo hago connotaciones mucho más ortopédicas... ¡Y nadie me contesta! Hummmm. ¡Qué envidia! Me las pagarás, don Porcel.
Bajo mi punto de vista, el tema se ha sobrevalorado. Pero es mi punto de vista. Y sobre todo se ha desbordado. Somos propensos a no separar las personas de los cargos y de las cargas. Nos etiquetamos a primera vista y nos catalogamos unos a otros para tener controlado nuestro rompecabezas personal, político, económico y social. Y, la verdad, a veces nos hacemos un puto lío, confundiendo la persona con su afiliación política, con sus gustos sexuales, culinarios o sus creencias religiosas. Y no debe ser así.
Se puede ser una bella persona y ser de Solera. Se puede ser un gran poeta y ser de Solera. Y también se puede ser de Solera y no ser ni poeta ni buena persona, y así todas las combinaciones tan posibles como respetables. Es por ello que no alcanzo a adivinar el mogollón liado por don Porcel, cuando algunas de sus afirmaciones se daban por supuestas. Pero en fin, no entro en el tema.
Mi tema de este escrito es que don Porcel me ha fastidiado, ha acaparado todo el protagonismo y sobre todo ha conseguido que las páginas de este periódico y los sesos sesudos de sus escribientes estén absortos en su persona -cual Sara Montiel se tratare- en lugar de analizar línea por línea, palabra por palabra otros escritos más importantes, más "rocosos" y correosos, frente a los que se ha lanzado una tupida y espesa cortina de humo.
Te odio, don Porcel. Y te prometo que me las pagarás. Perdono pero no olvido. ¿O era olvido pero no perdono? Bueno, lo que sea. Joder con el manolillo... |