Colaboran en este medio digital varias plumas, pocas, a las que les presto toda mi atención cuando escriben; y si alguna vez opinan sobre mis escritos, aunque sus críticas me sean adversas, lo acepto como cosa natural. El derecho a la libre expresión, siempre que ésta sea honesta y respetuosa, es uno de los mayores logros de nuestra democracia. Estas plumas, que me recuerdan la del articulista Mariano José de Larra, escriben sus correosas críticas con frases más irónicas que ofensivas, ingeniosas sin ser rebuscadas y, a veces, con una cierta frivolidad que huye de lo vulgar. Pero sobre todo creo que escriben con la objetividad que, por desgracia, les está negada a otros muchos de los que frecuentamos esta página. Y una de esas plumas es la de usted, Sr. Porcel. Y me encanta cruzar la mía, que quisiera más brillante y convincente, con la suya, a la que admiro sin peloteo alguno. |
Le respondo, Sr. Porcel, no ofendido por lo que piensa que soy, sino para aclararle ciertas cosas por aquello de que “quien calla, otorga”. Naturalmente que lo que escribo lo hago siempre a nivel personal. El pertenecer a Solera no me impide escribir lo que pienso en tanto que persona; el que alguien intente convertir una posible apariencia de peloteo en “su” realidad es cosa de cada cual. Hay cierto morbo, por no decir maldad, en darle connotaciones políticas a todo lo que hacemos o decimos, sin que nadie parezca entender que se pueda expresar una opinión o tener una idea sin que esto lleve consigo una crítica o una adulación.
A veces las apariencias a que me refiero más arriba nos llevan a deducciones que, si bien alejadas de la verdad, les damos la intencionalidad que mejor nos parece o más nos gusta, sobre lo que la persona afectada no puede nada. Un artículo de usted publicado hace unos días me sorprendió desagradablemente: cuando un acto de humanidad de alguien hacia terceras personas termina de forma tan lamentable, ¿cómo evitar que un cretino confunda lo que es una obra digna de elogio, con la torpeza de un ingenuo que se deja engañar?, ¿que hacer con tales individuos sino ignorarles?. Eso es lo que yo hago, Sr. Porcel.
Aun perteneciendo a Solera, no soy parte activa del grupo y mis funciones se limitan prácticamente a componer alguna que otra canción para su repertorio; la programación de los ensayos, viajes, actuaciones o cualquier otro acto, incluida la responsabilidad de elegir a los merecedores de premios son decisiones que deben tomar y toman los miembros de su Junta Directiva, a la que yo no pertenezco pero a la que respeto, como no puede ser de otra manera.
He tenido una larga, intensa y agitada vida profesional en la que, unas veces por no pasar por el aro más de lo que mi dignidad me permitía, y otras por no hacer la pelota a algún pretendido superior, he renunciado a situaciones o cargos (laborales), que se prometían felices. Hoy, a mis 72 años, en lo personal sólo me preocupa llegar al final del camino con el equipaje de mi conciencia bien ordenado. Y habiendo mantenido tanto tiempo esa misma postura contra vientos y mareas, créame que no le hago la pelota absolutamente a nadie. Por lo mismo, cuando escribo, lo hago según esa conciencia a la que siempre he sido fiel: si me equivoco se deberá a mi ceguera o buena fe, lo que piensen los demás nunca me ha preocupado ni me preocupa ahora. Harían falta las espaldas de Atlante para soportar la opinión que de nosotros tienen los demás, que casi siempre es mala, y las mías ya no lo resistirían.
Supongo que ya habrá leído mi respuesta al artículo del Sr. Ariza¸ en el que trato de razonar mi postura, pero ratificándome en todo lo dicho; como lo que digo es lo que siento, de cuanto hablo o escribo nunca tengo en cuenta la opinión de los demás.
No me ha molestado, Sr. Porcel; porque aunque me tacha de algo que en otra pluma podía sonar ofensivo, en la suya me ha provocado una risa simpática porque lo escribe con su habitual respeto. No me importaría tener la ocasión de charlar un rato con usted de viva voz, que es como las palabras adquieren toda su belleza y calidez, de las cuales carecen estas pantallas frías e impersonales. Le agradezco el buen concepto que tiene de mí en tanto que poeta, concepto que se minimiza mucho cuando soy yo el que me lo aplico. Feliz Año Nuevo. Paco Acosta. |