Para bien o para mal, nunca me he dejado influenciar por otras ideas que las expuestas por personas a las que he creído sinceras: mis preferencias políticas siempre han estado guiadas, aun a riesgo de equivocarme, más por el corazón que por la cabeza, y limitadas a la esperanza de acertar en el color elegido.
Como a tantos españoles, aquella esperanza me llevó a creer en personas que entonces me perecieron sinceras. Era octubre de 1982. Años más tarde, y también como a tantos españoles, los graves acontecimientos que se fueron sucediendo en el seno del PSOE, y que acabaron con la corrupción de lo más granado del partido en el que había confiado, desvaneció en mí aquella esperanzadora esperanza.
La política a nivel nacional, como español, no puede dejar de preocuparme; pero confieso que me resulta confusa y compleja en su desarrollo, y que la sigo sólo en la medida en que mis escasos conocimientos sobre ella me lo permiten. Mucho más me preocupa la del día a día y que por su proximidad me toca directamente: por mucho que me interese la inauguración de un nuevo tramo de carretera en Madrid o Barcelona, por los yo seguramente nunca pasaré, me interesa mucho más que asfalten una calle de mi pueblo aunque a muchos les parezca insuficiente; si bien me parece elogioso que se restaure la fuente de los leones de la Alhambra, la colocación de una nueva fuente en mi pueblo me causa más satisfacción aunque haya quien la critique; si siempre admiré las airosas palmeras a la entrada de Sevilla o Valencia, con más razón admiro las de mi pueblo aunque otros las vean ridículas; cuando paso por pueblos pelados y grises, desprovistos del más mínimo verdor, ansío volver al mío para disfrutar del que tengo en él aunque otros protesten de sus jardines. Y, figúrese usted, Sr. Ariza, me gusta que mi pueblo tenga una hermosa Casa de Cultura; un envidiable Polideportivo; piscinas y campos de deporte, que haya todo tipo de asociaciones, ya sea para contribuir a mejorar la vida a personas discapacitadas, ya para fomentar la cultura, revivir nuestra historia o mantener vivas nuestras tradiciones. Me gusta que mi pueblo tenga una Semana Santa admirada; que su Peña Flamenca esté tan bien considerada en toda Andalucía; que disponga de una Escuela de Música, de una amplia, joven y bien dotada Banda Municipal y otra no menos brillante de tambores y trompetas; que los recién casados venga de lejos a fotografiar su felicidad en nuestro espléndido Parque o en la admirable finca El Portón; aunque otros pretendan ignorar tantos bellos rincones; me encanta que a nuestros mayores se les haya proporcionado un Centro moderno y agradable donde son atendidos y festejados; me tranquiliza que mi pueblo tenga un nuevo y más completo centro de salud; gozo con la organización de sus Festivales Internacionales de Folclore, sus ya clásicos Portón del Jazz y Festival de Cine; aplaudo la publicación de cada libro por parte de la Concejalía de Cultura sobre temas diferentes, en los nunca olvida incluir escritores noveles o aficionados de nuestro pueblo; admiro su Escuela de Arte y Casa de la Juventud; etc. Figúrese, Sr. Ariza, que hasta me parece bien que pinten los bordillos, cosa que usted le da poca importancia.
Todo esto que usted parece ignorar está aquí, en mi pueblo, que como usted bien dice, debe ser diferente al suyo. Y siendo todo gestionado por nuestro Ayuntamiento, mi apoyo al actual Alcalde sólo se debe al hecho de que, siguiendo un trabajo emprendido por otros ediles, creo que ha mejorado y puesto en funcionamiento muchas de las instalaciones de las que hoy puede presumir y presume Alhaurín de la Torre; mi confianza en él es la esperanza de que, como hasta ahora, siga cumpliendo lo prometido. No me crea el único en pensar así, Sr. Ariza: somos muchos los que entendemos que Joaquín Villanova lo está haciendo bien. Con sus defectos y sus virtudes. Con sus luces y sus sombras. Recordándole con nuestros votos que todo es mejorable y que es su obligación mejorarlo. Esto que digo puede que se vea en poco tiempo, Sr. Ariza: dentro de unas semanas se celebran elecciones municipales; si en ellas saliera nuevamente elegido el PP sería porque una mayoría de ciudadanos/as lo ha querido así. ¿Pensará usted entonces que esa mayoría lo ha votado porque espera entrar a trabajar en el Ayuntamiento o busca recibir alguna otra clase de prebenda? Si como dice en su artículo algún compañero del PSOE obró con esa idea, ni creo que esa sea la forma de actuar de los miembros de su partido, ni que usted nos crea capaces a los demás de hacer lo mismo. Yo creo en la bondad de la gente lo cual, seguramente, es un defecto a corregir. Creyendo en su honradez política no tengo por que dudar de que todo aquello que les parece mal ustedes tratarían de corregirlo y aún mejorarlo. ¿Qué les ocurre entonces? Parece que les preocupe más desazonar al contrincante político que asegurar su propio equilibrio; dan la sensación de que cuentan y confían más en sus continúas descalificaciones a la gestión llevada por el Ayuntamiento que en elaborar y proponer una alternativa sólida y fiable que atraiga a su parcela esa mayoría de votos.
Me trata usted en su artículo de “buen demócrata”, no dude que lo soy, Sr. Ariza. Y mire lo que le digo: si un día, su partido u otro cualquiera supiera convencerme de su superioridad en el arte de gobernar, no sólo lo aceptaría y apoyaría, sino que gozaría de toda mi confianza. Y tal actitud no sería, como vulgarmente se dice, un cambio de chaqueta: antes le he dicho que no estoy atado a ninguna sigla ni color y que sólo anhelo y espero, como la inmensa mayoría del pueblo llano, ser gobernado por quien mejor lo haga. Y eso, Sr. Ariza, no es acatar órdenes ni aceptar ningún vasallaje.
Como en este medio es costumbre despellejar vivo a cualquiera que exponga su opinión o exprese unas ideas diferentes a la de ciertos colaboradores, le agradezco sinceramente que en todo su largo artículo me haya tratado con respeto. No obstante, me siento utilizado porque mi escrito, más que para rebatir mi postura, le ha servido para volver a descargar toda su repetitiva batería de siempre, sin aclarar ni aportar nada nuevo que mejore el mal momento que, dicho sea sin la más mínima intención por mi parte, atraviesa su partido. Sí que se ha escorado un poco al decir “ahora me imagino que nos acusará, como suele hacer, con aquellos que disienten de usted”. Se equivoca, Sr. Ariza: yo puedo disentir de usted y de cualquiera, como usted y tantos otros pueden hacerlo de mí; pero nunca descalifico ni acuso a nadie de forma personal. Aunque haya quienes lo hagan constante y alegremente, pienso que ello corresponde a los jueces y fiscales.
Para finalizar, Sr. Ariza, me reafirmo en todo cuanto he dicho; el cariño que le tengo a un pueblo en el que vivo desde hace treinta años hace que aprecie y defienda los avances y mejoras que en él se han producido y se producen, vengan de quienes vengan. Si esas mejoras vienen de la mano de personas que por motivos obvios no le son gratas, lo lamento. Pero nada más.
Con mi cordial saludo. Paco Acosta. |