Como si estuviéramos en una película americana, algunas calles de Málaga se convierten en un circuito donde muchos jóvenes hacen rugir los motores de sus coches y traspasan los límites de velocidad en carreras cuyo fin puede ser impredecible. Desgraciadamente no se trata de un juego de niños, este tipo de comportamiento es ilegal y pone en peligro la seguridad del resto de conductores. Sería fácil seguir hablando de la irresponsabilidad de los jóvenes, asociarlos a drogas, alcohol, desenfreno e irresponsabilidad, sin embargo no todos los jóvenes son así.
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Criticar y castigar es fácil, pero me pregunto por qué no atendemos a sus necesidades y sus gustos. Ya en su tiempo se criticaba a aquellos que recorrían las plazas con sus monopatines porque no disponían de pistas para practicar su afición. Aún hoy son escasas. Desde nuestra perspectiva podemos pensar que es una pérdida de tiempo, podrían estar haciendo cosas más provechosas, pero todos fuimos jóvenes y, para el Psicoanálisis, aún podemos serlo si tenemos un pensamiento actual. Por qué no hacemos posible que puedan desarrollar sus gustos e intereses, en este caso les gusta la velocidad, quién sabe si sale algún "Fernando Alonso". Pero para ello habrá que organizar la actividad, sacarla de la ilegalidad.
Los graffitti pueden ser arte o gamberrismo, el skate un deporte o un chusmerío. Todo depende del cristal con que se mire y de hacer lo que me gusta donde está permitido. ¿Por qué no permitimos que haya una juventud saludable con sus propios gustos? El Psicoanálisis muestra que de las peores disposiciones pueden salir grandes rendimientos siempre que se canalice adecuadamente esa energía. ¿APOSTAMOS POR ELLOS? Helena Trujillo Luque Psicoanalista de la Escuela Grupo Cero |