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Nuestro pequeño siglo XXI | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 29.05.16 | | Desde chiquititos hemos podido ver cómo los marengos, y también las mujeres, sentados en la arena remendaban las redes para poder seguir trabajando en sus labores de pesca. “Poco a poco hila la vieja el copo” es un refrán que ya aparece en el Libro de refranes y sentencias de mosén Pedro Vallés, Zaragoza, 1549 y que ha quedado para la posteridad. Sin embargo pensamos que esa posteridad, que también somos nosotros, parece ser que no nos incumbe ahora a nosotros, pobres terrícolas de este pequeño siglo XXI. Nosotros, con nuestras prisas, nos hemos desligado de cualquier connotación que nos invite a la paciencia. Nosotros nos hemos enganchado al carro vertiginoso del ajetreo, que nos hace vivir acelerados constantemente. Como si nuestra maquinaria humana, y deshumanizada a la vez, no se afectara de tantos acelerones como nos permitimos. | Ya dijimos, hace tiempo, que el acelere de la “paz americana”, al igual que en su tiempo “la paz romana”, no nos dejaba pensar y nos metieron de cabeza en la OTAN y se levantaron nuevas trincheras, esta vez líquidas, en el mar Mediterráneo. De poco ha servido la historia y sus desmanes para darnos una pausa de reflexión. La “belicOsa y TrAviesa Niña”, que hace la guerra a las espaldas de la ONU, porque ha encontrado una puerta trasera que le hemos abierto irresponsablemente los “gobiernos” europeos, campea no sólo por Europa, sino también por el mar y sus países ribereños del Sur. El Mediterráneo, sin comerlo ni beberlo, se ha convertido en una frontera tan líquida que los europeos pueden bajar y pasarla, cuando les viene en gana, pero al revés a las criaturitas se les hace muy cuesta arriba. Europa y CÍA se permiten usar el Mare Nostrum para bombardear a los países del Norte de África y a los vecinos del Sur sin que nadie les haya hecho nada. Parece que es más frontera para los del Sur que para nosotros los del Norte. Para muestra un botón. Recordemos lo que nos dijeron tres sirios(dos chicos y una chica) en una conferencia. La frontera de Siria con Israel es una frontera asimétrica, pues los judíos pueden pasearse y viajar al lado mismo de la frontera, mientras que los sirios (pues el dictador lo tiene establecido así, ya que no quiere ningún tipo de conflicto, a pesar de la invasión del Golán por Israel) no pueden acercarse a menos de quince kilómetros. El “Riflero terrible y el fuerte Cazador...(que) en donde pones la bala el porvenir pones”, según Rubén Darío en su Oda a Roosvelt (por cierto, escrita en Málaga, a orillas del Mediterráneo), no nos ha dejado mucho tiempo sin inquietudes, y además nos quiere convertir a Nuestro Parlamento Europeo en una clandestina casa de trato con sus secretos tratados internacionales. A orillas del inseguro mar, no nos vamos a sentir seguros ni en tierra firme. Hablando de falta de tierra firme, nos ha llegado en estos días una imagen que nos ha impactado poderosamente: la de un Cementerio de mar para recordar a más de 4000 refugiados sirios que murieron en las azuladas aguas del Mediterráneo. Da que pensar el ver esas “lápidas flotantes” con sus nombres y números de nacimiento y muerte, que parecen quedar a la deriva no solo de las aguas sino de la historia y de las conciencias. Y seguirán los amaños de Venezuela y Brasil, para que nos olvidemos un poco del gran negocio de Oriente Medio, a costa de vidas humanas y de la destrucción poderosa que ha asolado a más de un país. A los Emiratos, a Arabia Saudí, a Guinea Ecuatorial... no me los toquéis que son dictadores, pero de los nuestros, de los europeos y de los del Atlántico Norte. Después de siglos y siglos de guerra, ya va siendo hora de que este adolescente siglo XXI tenga una Educación General Básica de cómo arreglar los conflictos de otras maneras y la “Historia le sea maestra de la vida” y no de la muerte. Todavía tenemos esperanza de que se reeduque nuestro joven siglo XXI. Que pueda desarrollar más corazón y menos tripas. No queremos que suba el nivel del mar ni por el cambio climático ni por las lágrimas. Ya estamos bien servidos. A ver si enderezamos pronto este siglo, porque los siglos, también, desde chiquititos. |
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