El psicoanalista Miguel Óscar Menassa ha escrito que cuando las ambiciones del sujeto no son acordes a su capacidad de trabajo, aparece la enfermedad psicosomática. No quiero asustar a nadie, pero sí mostrar que todos tenemos alguna implicación en nuestros éxitos y en nuestros fracasos, así como en nuestra salud o nuestra enfermedad.
Una depresión no psicoanalizada, según múltiples estudios, es la base de multitud de enfermedades orgánicas: cáncer, infartos de miocardio, enfermedades autoinmunes, etc. Sin embargo, no solemos prestarle la suficiente atención a los aspectos psíquicos, los afectos en muchos casos pueden acarrear graves consecuencias sociales, económicas y/o personales. Estimo que es hora de poner remedio a nuestras insatisfacciones vitales pues, como estamos viendo, pueden ser el motivo de graves enfermedades orgánicas.
No todo infarto conduce, irremediablemente, a la muerte, pero sí que provoca un susto “mortal”. Ya decía el poeta ruso Maiakovsky decía: "Morir no es difícil, lo difícil es inventar la vida" El Psicoanálisis pone de manifiesto que morir también es un deseo, los animales mueren cuando les toca, se les detiene el corazón; a los hombres se les detiene el deseo, lo que se cierra no son los ojos, es el deseo de mirar el que se agota.
Para alivio hay que decir que la intervención médica avanza y también la psicoanalítica. El psicoanálisis, a veces cura antes de la primera interpretación, sobre todo las afecciones orgánicas que tienen un origen psíquico, con el establecimiento del pacto entre paciente y psicoanalista se genera la transferencia, desde ahí, el paciente ya no tiene la necesidad de enfermar su cuerpo, porque las palabras serán ahora un vehículo eficaz que no le costarán la vida.
El aspecto positivo es que el 80% de los infartos de miocardio se pueden prevenir, como vemos psicoanalizarnos puede permitirnos desear la vida en lugar de la muerte, poniendo el trabajo necesario para procurarse lo que uno ambiciona. A esto, claro, hay que sumar una dieta sana, actividad física regular y el abandono del consumo de tabaco, claves también de la prevención del riesgo cardiovascular. No es buena fórmula, para sentirse vivo, lesionarse el cuerpo. Si a usted se le “rompió el corazón”, le digo: está vivo. Ocúpese de ese regalo, invente la vida.
Helena Trujillo Psicoanalista de la Escuela Grupo Cero www.htpsicoanalisis.com |