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Algo sobre Kyoto

Marina Bravo Casero. 18.03.07 

Antes de nada, muchas gracias a todos por la información sobre Manuel Toharia. Eso sí, decir que nunca he puesto en duda lo que este señor sepa o no de cambio climático, mi fallo quizás fue hacer un comentario. Creo que yo era muy pequeña cuando este señor hizo televisión y aunque actualmente hace radio en la SER, es una emisora que no escucho. Por otro lado estoy segura de que les ha encantado eso de dar una lección a un Bravo, ¡eh! (lo digo con simpatía, sin ánimo de polémicas, que conste). No, en serio, de los errores se aprende, así que lección aprendida.


Sobre cambio climático, aunque ya escribí aquí de manera extensa hace unos meses, sólo decir que yo me lo creo todo sobre las teorías científicas actuales siempre y cuando sea demostrable. Éstas no son más que interpretaciones basadas en los datos que existen. Así es la ciencia y esto es lo que la hace creíble. Por lo que yo sé y he estudiado, el cambio climático, no sólo existe, sino que no tiene remedio, porque con CO2 antropogénico o sin éste, se habría dado. La diferencia es que nosotros lo aceleramos haciendo que este periodo interglaciar sea más corto de lo que debiera con las consecuencias que eso conlleva.

¿Qué nos queda a los humanos? Para mí, poner de nuestra parte para intentar desacelerarlo, de modo que disminuyamos sus efectos. Y esto hay quien piensa que es cosa de la política internacional y yo, como ciudadana de este mundo pienso que se hace mucho más si todos nosotros nos planteamos el ahorro energético que si esperamos a que se cumpla lo pactado en Kyoto.

Este tratado, no digo que esté mal, pero tal y como esta planteado puede permitir más que prohibir. Me explico. ¿En qué se basa para ponerle precio al CO2? Algunas propuestas dicen que en lo que vale emitirlo, por tanto estaría relacionado con el precio del producto que se obtiene finalmente. Si bajan los precios a pagar por la emisión de CO2, en el caso de una eléctrica, también bajaría el precio que pagan los ciudadanos por cada vatio. Con esto se estaría internalizando la externalidad que produce la actividad, lo cual está muy bien. Pero claro, si el precio a pagar por las emisiones aumenta (no olvidemos que se trataría al CO2 como las acciones en bolsa), podría subir el precio de la electricidad y al final los encargados de costear el pago por la contaminación serían los usuarios y no la empresa.

Otro efecto del tratado podría ser que lleve a un mercado de compra–venta muy peligroso, en el sentido de que se dé una situación de especulación “carbonística” igual que urbanística. ¡No es broma! Por un lado podría ser positivo, ya que si aumenta el precio del CO2 conlleva una mayor recaudación que será invertida en proyectos ambientales (eso dice el tratado) y una bajada de la demanda por parte de las empresas. Pero por otro lado, sabemos lo que ha hecho de este país la especulación urbanística, así que no creo que se deba repetir.

Quizás no es tan malo y el error es mío que soy un poco escéptica a que se compre y venda la contaminación, pero todo el mundo conoce el famoso principio de “quien contamina paga” y yo pienso que está demasiado próximo a quien paga contamina.

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