No hace demasiado tiempo se decía a nivel popular, que el Código Penal caía inexorablemente con castigo ejemplar sobre todo el que con impulso irrefrenable de su estómago, robaba una gallina. Tiempos de hambres sin duda aquellos, en los que muchos delitos podían quizás ser eludidos en su pena, pero el robo de una gallina no. Corría la anécdota de aquel, que en extrema necesidad consumó semejante robo. Perseguido por la Benemérita, no pudo hallarse el cuerpo del delito, que iba bien escondido entre los aparejos de su montura; dado que tampoco se encontraron resto del presunto festín, fue puesto en libertad. Pero cuando alegre se encaramaba a su burro para continuar la marcha… la gallina cantó, fue encontrada y el ladrón detenido. |
Algo así pasa con los muchos delitos presuntamente cometidos por las canteras clandestinas de Alhaurín de la Torre; hasta ahora han podido ser bien escondidos a la acción de la Justicia entre los “aparejos” administrativos. Pero hete ahí, que en el momento más inesperado y cuando a cada paso de los jueces, los delincuentes presuntos instrumentaban ardides y quiebros sin fin, de angelicales apariencias… se ha producido el Auto de la Audiencia Provincial al que, sin que pueda suponer menoscabo alguno al respeto debido, he llamado el Auto del polvo y con él, tan impalpable elemento nada más ni nada menos, ha producido que haya cantado la gallina.
Cierto, el cuerpo del delito se ha encontrado y se ha de investigar. La normativa europea impone que sean medidas las partículas en suspensión inferiores a 10 micras; este tipo de partículas inunda los pulmones de los alhaurinos, llevan treinta años respirándolas en cantidades presuntamente nocivas y nunca se han medido de forma sistemática con anterioridad, ¿O sí? Por su inconsistencia y tamaño microscópico, la dolomita que forma esta fracción granulométrica del polvo de las canteras es particularmente agresiva, no se deposita en los órganos exteriores, sino que penetra con el mismo aire de la respiración; su naturaleza básica, la hace reaccionar con mucosas de carácter ácido formando una sal muy estable, de difícil o imposible eliminación. De esto saben mucho los mineros, a los que por tal motivo, jubilan mucho antes que al resto de los trabajadores ¿Habrá que jubilar prematuramente a todos los habitantes de Alhaurín de la Torre? Y los sindicatos sin decir nada.
Un canto agudo y chirriante el que oyen los alhaurinos con sus bronquios progresivamente obstruidos. Quizás ahora se tomen en serio su salud; debiera ser así, pues quien los enferma es quien los tiene que curar: La Junta de Andalucía. Lo malo es que entre ambas situaciones median miles de millones de beneficios presuntamente ilegales. No hay mal que por bien no venga, ni que cien años dure ¡Qué necios quienes se enriquecen al margen de nuestro sabio refranero! Ellos mismos se han perdido, porque “lo mal adquirido, se va por donde ha venido”.
Se puede perdonar solazarse alegremente en nuestras tradiciones, aun en cuestión tan seria, cuando el bien llega de forma tan inesperada como oportuna; tan contundente como desconcertante, para quienes seguros y firmes, como las rocas que expolian, se creían; “cuan presto se va el placer; como después de acabado da dolor…”. Habrá que buscar las arrumbadas cabinas y poner a punto sus instrumentos de medidas, esta vez sin manipular; ahora el polvo ha de medirse, en serio, pellizquemos nuestras caras ¿Será verdad? La salud por fin, estará por encima del negocio clandestino que se pretendía perpetuar: envenenar a la población para ganar dinero sucio ¡Hasta donde hemos llegado! Y nuestras administraciones públicas pringadas en ello. –Démosle un poco de lo mucho ganado con el expolio a los alhaurinos, para que se olviden e su tos- y si menester fuera, -prometámosles el oro y el moro, que entre lo uno y lo otro, lo segundo será primero y lo primero para el maestro armero. A no mucho tardar nos preguntaremos que fue del geriátrico prometido ¿O es que pensaban que nadie llegaría a viejo?. La Justicia ahora obliga a las autoridades a velar por la vendida salud de los ciudadanos ¿Por cuántas monedas? ¿Cuánto valen las enfermedades crónicas, o los bosques arrasados y paisajes perdidos? Ignominia y vergüenza para todos. ¡Qué fuerte!
Mientras hay vida, hay esperanza y mientras hay esperanza, se puede ganar. Eso es lo que han demostrado los alhaurinos y la Plataforma que constituyeron para tan valerosa y estoica lucha. Ahora si las canteras ilegales no pueden producir tanto polvo como a diario producen (ya no valdrá echar un rieguecito, cuando aparece un coche sospechoso) como van a llevar adelante las restauraciones fraudulentas (que en realidad son explotaciones), cuyos presuntos fraudes por cierto ya están aprobados por las autoridades competentes; cómo no. ¿Les quedará algo por sacar de la chistera al cartel político minero? ¿Darán otro regate en corto a la dignidad de los ciudadanos y a la Justicia? Parece que no, esta vez hay motivos para el optimismo, no marcarán otro gol. Esta vez ha cantado la gallina, el crimen no quedará impune.
Francisco José Pérez Brinkmann. Facultativo de Minas. |