
Cuanto es noticia sucede cada día en la mesa de nuestro comedor, en estos días junto a las tortillas de bacalao, los penitentes y los pasos de Semana Santa, ha saltado la polémica sobre la sensibilidad de la gente ante los pasos de las cofradías y la falta de la misma a lo que está pasando con el pueblo sirio, un amigo calificaba ese comportamiento de simiesco.
No creo que sean muchas las personas indiferentes frente la tragedia del pueblo sirio y su sufrimiento, no pocas habremos mandado ayuda reiteradamente con los medios de que disponemos.
No éramos indiferentes cuando Sarajevo sufría una carnicería constante o cuando los Hutus casi acabaron con los Tutshis en Ruanda. Nunca lo hemos sido.
En aquella España ya lejana de la posguerra, los españoles que llegaban a Francia se morían de frío en las playas de Àrgeles, donde las desbordadas y ambiguas autoridades francesas los habían recluido sin más protección que las vallas de espino, fue una tragedia similar a la de todos los nómadas de la beligerancia humana. Los que salieron de aquel campo de concentración lo hicieron muertos o para combatir a los alemanes en el frente. Es lo que sucede en las guerras, la terrible lacra humana de los fanatismos y la codicia, no superada por la evolución.