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Educación suicida (y 5) | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 19.03.16 | | Hace mucho tiempo, un Poeta, Antonio Machado, nos dijo que “es de necios confundir valor y precio”. Nos movemos en un caldo de cultivo y de cultura que va dejando de reconocer los valores y además de distinguirlos de los precios. La sociedad se nos ha convertido en un tenderete en donde todo está bajo el pincho de un cartelito que nos echa a la cara el precio. Todo está volviendo a ser “tasado, contado y pesado”. “¡Qué pesadez!”, podemos exclamar, pero solo si nos mantenemos conscientes y a distancia de tanta etiqueta y de tanto número. En Educación nos va haciendo falta dar un repaso a los valores y, sobre todos, a los valores que construyen la convivencia y no a las apreciaciones que la destruyen. Para empezar nos hace falta dar un paseo por la obra de Humberto Maturana: “Formación humana y capacitación”, donde podemos encontrar, las bases de la Educación en la Biología del amor. Nos dice: “El amor ocurre en el fluir de las conductas relacionales a través de las cuales la otra, el otro o lo otro surge como legítimo otro en convivencia con uno”. El respeto, que el amor supone consigo mismo (buen selfi) y con los demás, es el elemento indiscutible e imprescindible que hay que tener en cuenta y que es un valor básico que sustenta los demás valores. | Maturana nos dice que “la formación humana tiene que ver con el desarrollo de la persona, como cocreadora con otras de un espacio humano de convivencia social deseable”, mientras que debemos entender que “la capacitación tiene que ver con la adquisición de habilidades y capacidades de acción en el mundo en que se vive”. En el trasiego de los humanos, nos hemos encontrado con grandes errores y horrores históricos (nazis, gulags...). La historia nuestra, triste por más añadidura, está plagada de personas muy capacitadas técnicamente, pero totalmente inconscientes e indigentes de formación humana. Cuando la Educación se convierte en mercadería y las personas en mercancías, la dictadura de la capacitación entra en la Educación como un elefante en una cacharrería. Pasa esto, porque se prima la utilidad y no la humanidad. Se entra en una cadena de aprecios muy cuantitativos, obviando las cualidades verdaderamente humanas (hoy, en precario), como si no fueran necesarias para que la maquinaria de la convivencia no nos chirríe. Si el alumnado se siente vejado por el profesorado y por el entorno, encontrará más pronto que tarde algún “cabeza de turco” a quien acosar y con quien hacerse valer, sin pensar más que en su propio valimiento y ser un valido de sus amiguetes, por mor de la supervivencia social. Hace unos cuatrocientos años, en una época de crisis como la de ahora, Quevedo ya nos dijo que “sólo el necio confunde el valor con el precio”. Si esta confusión se instala en un Ministerio de Educación, en la que un Ministro parece ser más un mercader que un pedagogo o psicólogo... ya podemos decirnos que están todas las papeletas vendidas (nunca mejor dicho). A la gente del pueblo ya no le queda más beneficio que asistir a la rifa y a distancia; pongamos que por TV. Las matrices capitalistas (sin eufemismos) y los parámetros mercantiles de la LOMCE pueden ofrecernos una convivencia invertebrada que nos produzca mucho más dolor que beneficio. La rigidez defenestrará la flexibilidad y la integración. Las fronteras artificiales entre los niveles o cursos, entre los colegios... creará una atmósfera enrarecida que haga irrespirable la convivencia. El acoso escolar podrá verse espoleado por unos jinetes que nos llevarán al apocalipsis. Hemos estado hablando de “Educación suicida”, porque las derivas modernas del peor darwinismo social parecen ser las pautas de una educación entregada a las normas del mercado, sin respaldo legal, del último capitalismo (sin eufemismos de ningún tipo) que ha preferido habitar entre nosotros creando la barbarie, saltando fronteras (él, sí), de espaldas a las leyes, sometiendo a los gobernantes con la zanahoria envenenada del falso empleo y la amarga hipoteca de la inversión. El capitalismo, puro y duro, la ciudad eterna sin ley, que puede esquilmarlo todo, usará en su hipócrita agonía la crueldad que necesite antes de colapsar suicidamente. La Educación no puede ser suicida, no puede, ni un día más, dejarse naufragar con la peligrosa compañía de la competitividad más burda (asesores tiene la política), del desprecio del semejante, del acoso patriarcal que ha sitiado tantas mentes y ha desalmado tantos corazones.
josé mª
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