
La llamada crisis de los refugiados es, principalmente, una crisis de derechos. Entre los derechos fundamentales que las personas solicitantes de asilo ven claramente vulnerados está el derecho a la salud y, en última instancia, el derecho a la vida.
Mientras algunas voces desde Europa se alzan señalando supuestos peligros para la salud de la población europea en forma de enfermedades transmitidas por la población refugiada, el verdadero peligro lo sufre dicha población. Y lo sufre, en primer lugar, por los riesgos que corre su salud en el camino que se ven obligados a recorrer, pues no existe un pasaje seguro para ellos y para ellas, y, en segundo lugar, por las condiciones de insalubridad a las que desde los países europeos les estamos condenando al recluirlos y recluirlas en campos de refugiados que no cumplen los mínimos estándares de protección a su salud.