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Títeres de miedos (y de medios) | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 13.02.16 | |  Todos hemos escuchado alguna vez la canción de “El Titiritero” de Serrat: “De aldea en aldea el viento lo lleva siguiendo el sendero, su patria es el mundo, como un vagabundo va el titiritero...” Siempre los titiriteros nos han venido de lejos, de no sabemos dónde, siempre de paso, sin plantar cátedra de sus penas ni de sus alegrías, con las facultades que conceden la imaginación y su propia dolorida piel en la universidad de la vida. Siempre los titiriteros nos han venido de lejos, de no sabemos cuándo, con historias extrañas que no dejan de ser las nuestras, con historias antiguas que no paran de repetirse, con historias de siempre que no dejan de ser de hoy. | Desde pequeños hemos podido ver a los títeres pegándose cachiporrazos y al respetable pequeño público reír y, sobre todo, volver a sonreír, porque sus ánimos se habían vuelto a ensanchar, habían desterrado la angustia que les había dejado el corazón arrugado. La infancia no entiende de justicia, pero si de recuperación, de que el tiempo nos pone a todos en un lugar de la vida lo más próximo a nuestro justo y verdadero sitio. La infancia no entiende de grandes principios, pero se contenta con buenos finales que les ayuden a dormir tranquilos, porque las cosas tienen solución. Como todos somos como niños nos gustan los títeres sabiendo que es una ficción, pero sintiéndonos por dentro como si la esperanza no fuera ficticia. Como personas mayores, obviamos los medios de los cachiporrazos, pero nos queda la infantil manía de que todo tiene arreglo. No queremos violencia ni inquisiciones, aunque se nos echen encima. Pero no nos podemos inhibir de denunciar a los poderes. Sobre todo, a los poderes que acaparan la voluntad de los pueblos, haciendo mal uso de su voluntad. Ya hace tiempo dijimos que algunos vídeos de Rodríguez de la Fuente no eran apropiados para niños, porque no eran ni científicos ni pedagógicos. No eran científicos por su darwinismo mal digerido, simplificándo la selección natural en la lucha por la vida y la ley del más fuerte. No eran pedagógicos, porque ignoraban el aprendizaje vicario, o sea, por modelos, que pueden no educar bien. Un amigo nuestro nos ha contado, a propósito de que hay personas que vuelven a rajarse las vestiduras veinte siglos después, que hace más de quince años, en un instituto de Secundaria, la asociación de padres regaló una actividad teatral al alumnado. Se trataba de la obra “El amor” del grupo teatral “Teatroz”. Hubo críticas de todos los colores a la obra y a la asociación por una parte del profesorado. La obra era una critica audaz al machismo, al ligoteo, a la superficialidad y a muchos prejuicios y con un final coral, cantado y bailado, en homenaje al amor. Por lo visto fue una lástima que no se aprovecharan las tutorías para hacer un foro sobre el amor. Todas las situaciones que parecían salidas de tono estaban más que sabidas por aquella juventud y no deberían escandalizar a nadie. Sabemos, al día de hoy, todo el revuelo que se ha levantado con los titiriteros que han puesto en escena la obra “La bruja y Don Cristóbal” en Madrid. Al parecer estamos ante otro caso de falta de entendimiento por parte de padres, políticos, fiscales y periodistas, que como cirujanos antiguos cortan por lo sano. Aparte de que la obra es un títere para adultos, son los adultos, precisamente, los que no han entendido la obra, ¿o sí? La obra es una crítica a los poderes fácticos ya sean policias, políticos, jueces, religiosos que tienen miedo a la libertad y manipulan los hechos para condenar al que piensa de distinta manera. La pancarta de “Gora Alka-Eta” es precisamente una pancarta que el policia le pone a la bruja para acusarla de apología del terrorismo. Es alucinante, como dice algún que otro contertulio, que unos adultos y la policia hayan llevado a la realidad la denuncia titiritera de ficción. Podemos decir que los poderes fácticos han sido los más idóneos agentes de verificar una “profecía”. Una amiga nuestra nos ha comentado que con los titiriteros ha pasado igual que si alguien se escandaliza al ver un cuadro con un crucifijo al revés, porque no sabe que es San Pedro. “El elemento más violento en la sociedad es la ignorancia” nos dijo hace tiempo Emma Goldman (1869-1940). Sin embargo algunos se han dado cuenta del fondo de la obra y de ahí sus miedos, su terror, a que la gente reflexione y sepa quién es cada cual y cómo se las gastan, a que algunos pierdan el trabajo político sin tener a dónde ir... Lo de menos son los elementos gore, de terror, que pueda tener la obra.
josemª |
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