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Educación suicida (1) | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 06.02.16 | | A estas alturas de la historia de la educación, todos sabemos, como dice J. A. Marina, que "Para educar a un niño hace falta la tribu entera". Después del suicidio de Diego, con solo once años, tenemos que reconocer que nuestra tribu se ha lucido. La noticia nos ha llegado, cuando ya no se puede hacer nada. Se nos ha ido de las manos esta corta y dolorosa historia, porque a esta sociedad la historia de cada uno no le es importante, salvo que alguien le ofrezca o le resulte tener una rentabilidad contante y sonante. Parece ser que lo que no cuenta no suena. Por eso ahora nos excusamos diciendo que no nos hemos dado cuenta. Se nos ha escapado la educación sin saber cómo. Todo se ha consumado y a nosotros, expertos en sumar, ya no nos resta más que una gran responsabilidad para la reflexión. Se ha escrito mucho sobre la escuela. Se ha dicho mil veces que la escuela es el reflejo de la vida. Sin embargo, nos estamos dando cuenta de que la vida se ha descuidado a sí misma y por lo más mínimo se enferma. La escuela es el reflejo de lo que los alumnos y los maestros traen de su entorno y aunque parezca muy variopinto el entorno, la salud de la escuela está en peligro, porque desconoce o falla en los diagnósticos de que no todo el mundo entra en la escuela con buena salud tanto mental como social. Los elementos patógenos pueden ser invisibles y, sobre todo, si el caldo de cultivo es el propicio, no hay manera de detectar la enfermedad. | Se ha dicho que la escuela es el espejo de la sociedad, pero como espejo es algo inerte que puede no añadir una mirada ni reflexiva ni crítica. La sociedad se encuentra estupenda, porque ve lo que quiere ver sin el más mínimo esfuerzo. Se deja llevar, no reconociendo los vapores y humos que empañan el espejo y parece ser que no hace el más mínimo esfuerza por despejar la nube y aclarar la parte de humanidad que nos puede devolver el espejo. Ya está bien de tanto darwinismo social y de tanta competitividad. ¿Cuántas veces se han escuchado las críticas a las actividades de psicomotricidad, música, dinámica, plástica...? Se ha comentado que la escuela no está para perder el tiempo y hacer tonterías. Los despropósitos de la LOMCE están al servicio de un irracional racionalismo. Por experiencia hemos comprobado que en la escuela de los años cincuenta agradecíamos y nos llenaba de ilusión, cuando faltaba el maestro y lo sustituía un interino o un idóneo, que además de las cuentas y las planas, nos enseñaba canciones. Era un mínimo de relax y expresión. No hace mucho tiempo, estuvimos en una jornada vespertina con tres conferenciantes en las que nos hablaron sobre la falta de atención de los niños en clase: “Trastorno de Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDA-H). Cuando en el coloquio, posterior, un compañero preguntó sobre el tema de la Psicomotricidad, como estrategia preventiva que sirve de tratamiento tanto para los niños muy tímidos como para los hiperactivos, se le contestó que hoy día se da Musicoterapia. Claro, la Musicoterapia es una terapia y no una prevención. Estamos convencidos de que la Psicomotricidad es la prevención nada menos que del Psiconálisis, que está en boga, con sus flujos y reflujos, en el mar de la educación y de la salud. Ya, ahora con el cambio de siglo, parece que la escuela va a tener más sentido y sentimientos, mejores realizaciones de convivencia, cantidad de artefactos técnicos... pero si sigue siendo la primacía del saber, información que no conocimiento, y no del ser ni del sentir, será difícil darnos cuenta para poder descubrir qué es lo que hay debajo del sistema educativo y dentro de cada estudiante. “No nos consta” es una frase, un mantra fácil, que recorre nuestra geografía nacional. Desde la política hasta la educación, pasando por todas las fibras insensibles e ignorantes de nuestra sociedad, “el no saber nada”, el “no lo sabía” es una irónica respuesta, además de fácil, irresponsable, en una educación que se precia de “saber” y mucho. Si la responsabilidad consiste en responder y bien, una respuesta irresponsable es otra flagrante ironía. Un sociedad que siembra olmos no puede esperar peras. Una sociedad que hace espectáculo del mal ajeno, está muy enferma. Una sociedad belicista, más que competitiva, no es competente. Ni un día más nos podemos permitir el lujo de que “los amos” del mundo se ahorren hasta las balas.
josemª
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