|
Ni ayer ni mañana | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 31.01.16 | | ¡Qué risa! Y, además , de la barata, cuando escuchamos que “día por día, día al cuadrado”. Pues sí, “día por día”, “hoy por mí y mañana por ti”, son frases que podemos escuchar día a día, todos los días. En nuestra tarea de radioescuchantes y de televidentes nos metemos entre oreja y oreja y entre ojo y ojo una cantidad de frases, de historias, de previsiones, que nos dejan más cansados que el mismísimo trabajo. El trabajo, el “tripalium”, es un suplicio, pero lo que hay que escuchar y ver ya se nos hace todo un “via crucis”. ¡Qué tiempos estamos viviendo! ¡Qué poco tiempo nos dejan vivir! Estamos tan asistidos virtual y analógicamente que estamos hechos polvo con tantas “comidillas” que nos dejan desnutridos hasta a nuestros humildes espíritus. Un día sí y otro también, todos esos “hoys”, que se nos gastan por mor de los chismes políticos que se nos vienen encima (más de los que se nos puedan presentar respetándonos en un alarde de buena educación) acuden a nosotros, se llegan a nuestras casas, tal cantidad de sabios que sólo su presencia ya nos abruma.
| El hecho principal es que vienen con el turbo diario que les ponen a sus comunicaciones y declaraciones, que podríamos considerarlas como una contaminación acústica y visual. No nos dejan ni un aire limpio ni transparente, con la neblina pesada de todas las declaraciones que nos largan. El aire está totalmente viciado. La contaminación es tan espesa y tan pesada que nos podemos temer una masiva mutación que nos convertiría en verdaderos monstruos, en inertes humanos, que caminarían sin ton ni son como los felices autómatas de “Un mundo feliz” de Aldous Huxley . Día a día nos demonizan como si fuéramos inadaptados sociales, porque nos escuece tener que pertenecer a una sociedad manipulada. Por eso, día a día, nos dan la matraca para ver si nos dejamos inhibir de nuestro ejercicio intelectual, para ver si nos dejamos reducir nuestra libertad de elección y expresión, para ver si minimizamos nuestra libertad de expresión emocional, aunque podamos estar hartos. Para ello nos dicen qué es lo que tienen que hacer los políticos, porque lo que hemos dicho los ciudadanos no les vale, o lo que es peor: no les conviene. Ni ayer ni mañana, día a día, todos estos “hoys” que vivimos, los tahúres nos escamotean las cartas y nos esconden las cartas del ayer, para que no veamos la suciedad de la corrupción, como si no hubiera pasado nada, como si las hemerotecas fueran unas malvadas y unas mentirosas, porque son ellos los que manejan la hermenéutica sagrada, como si fueran los únicos y verdaderos intérpretes de sus propios atrevimientos y dislates. O lo que es peor, por haber sido dotados de una amnesia especial, particular y hasta partidista, no se acuerdan de las bravuconadas y exquisitas apologías de los suyos que ahora están en el apogeo del huracán mediático y judicial. Una y otra vez nos quieren convencer de que vivimos en “el mejor mundo de los posibles”. Ni ayer ni hoy, día a día, por si fuera poco, quienes no se acuerdan del ayer, quienes niegan las evidencias del pasado, tan evidentes, de su pasado próximo también, y con lo que nos han hecho pasar, se han vuelto ministros clarividentes del futuro, profetas pagados por su propio sionismo, agoreros del apocalipsis que se nos viene encima. El futuro es muy malo, es horroroso y nos resultaría insufrible, como si no tuviéramos ya callos en las espaldas después de haber soportado “cuarenta años de dictadura y otros cuarenta de propina” (Kalvellido). Ni ayer ni mañana, tiene que ser hoy y ya. No hay tiempo que perder, pues ya nos lo roban también. Hay que ir, hoy mismo, a la investidura, ese pleonasmo hipócrita como si se tratara de un honorable cambio de chaqueta. Está visto que hoy, cada día, día a día, podemos decir que no nos llega la ropa al cuerpo. Hoy está el día nublado y lo vemos todo más gris, pero no necesitamos que nos aclaren tanto el día de esas maneras, no sea que nos ceguemos. La prisa de cada día, la prisa de hoy que tienen algunos políticos, esa prisa exprés, que no nos deja reflexionar, nos inquieta y nos desestabiliza con los nervios ajenos que caracterizan a muchos amantes de lo ajeno y también del futuro que es nuestro. Ese día a día, que parece haber fraguado en presidentes, incompatibles, del ya pasado aquello de “hoy por ti, mañana por mí”. Ni ayer ni mañana, hoy por hoy, ¡vaya cuadro!
josemª
|
|
| | <-Volver |
|
|