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Molicie, malicia y milicia | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 24.01.16 | | Todos sabemos que no está el horno para bollos, pero además se nos pueden quemar las manos. No estamos en las puertas del infierno, sin embargo ya quedan atrás los años del estado de bienestar. Lo llamábamos así, porque probablemente no sabíamos ni dónde estábamos. El estado de bienestar era un estado relativo y, además, no lo era para todos. Tenía una cierta relación con el cómo se estaba antes y también con el cómo estaban otros. A casi todos nos había invadido la molicie, el bienestar, que, con ser un estado, nos parecía que no tenía nada que ver con una experiencia que se podía antojar bastante pasajera. El bienestar se fue trocando poco a poco y se quedó bastante descolorido; había perdido su brillo y cada vez se nos volvía más mate, más incómodo de ver y también de sentir. Sin embargo la molicie se nos había pegado de tal manera, que nos ha ido condicionando como para no poner el más mínimo esfuerzo en la aventura y ventura de nuestro futuro. Se nos habían desactivado las inquietudes del alma y, una vez desalmados, hemos visto cómo el entorno estaba y quedaba desasistido para mucho tiempo. | Los poderes mediáticos nos han dirigido, con su poderosa voz de amo, nuestros torpes pasos con la letanía de consignas maliciosas, que nos han servido de justificantes de nuestra molicie aprendida. La molicie, ese sedentarismo moral, nos ha inyectado la falsa conciencia de vivir en “el mejor de los mundos posibles”. La malicia del poder nos ha concedido un cheque regalo con el que podemos consolarnos, porque es auténticamente recuperable un estado de bienestar de nuestra talla, sin advertirnos que la talla más común del estado de bienestar para todos ya se ha agotado. La malicia del poder nos ha metido en vena un virus malicioso que nos ha hecho desconfiar de los inmigrantes, de los no conocidos, de los desarrapados, de todos aquellos que no están invitados a la perversa fiesta europea. La perversidad europea, que no es más que un vasallo del capitalismo, acudió a la fiesta de la esperanza que nos era repartída a todos con su cara amable. Luego las inercias de los interesados olvidos ha cubierto todo el ambiente y ha dejado varios escándalos que a duras penas salen a flote. Las aguas bajan turbias, igual que sus intenciones, por el valle de lágrimas de la Unión Europea. La malicia, eufemismo de crueldad, mantiene con aparente dignidad el escapulario de la falsa filantropía que cubre la mala conciencia que nos podía inquietar. Ahora, visto lo visto y oído lo oído, nos rechina en el alma a dónde hemos llegado con la milicia que se nos ha inoculado y de la que no somos conscientes, porque las causas naturales nos han hecho parte del trabajo sucio a los europeos. Antes de la guerra se desarrolla una milicia por aquello de “si quieres la paz, prepara la guerra”, sin que nos diéramos cuenta de las provocaciones que luego nos exigen actuar por pasiva o por activa en la milicia declarada y que podemos sostener con nuestras actitudes tan fina e hipócritamente educadas. Sin salir de Europa, ya se ha tratado a los voluntarios que acuden a salvar vidas como si fueran traficantes de vidas humanas. La milicia de la generosidad es castigada y encarcelada, no sea que cunda el ejemplo. “Manu militari” tienen que dejar claro quién manda en nosotros y también en los demás. La milicia es la milicia, la guerra es la guerra. En Europa también sube y baja la bolsa, pero no se hunde, como les está pasando a tantas vidas que ya nunca saldrán a flote. La molicie, la malicia (crueldad) y la milicia se han constituido en un triunvirato que nos tiene condenados a todos a la falta de libertad. Aunque genéricamente molicie, malicia y milicia son nombres femeninos, han constituido un triunvirato, totalmente varonil, que conserva la matriz machista del patriarcado. La razón de estado y la simple (por su simpleza) razón se han aliado contra los sentimientos más nobles y desinteresados de la generosidad humana Nos quieren hacer ver que las razones además de razones son sentimientos. Así nos están adoctrinando constantemente con los sentimientos patrios, grupales, partidistas, sexuales, que son tan tribales como los que nos quieren hacer ver que tenemos que desterrar del planeta. Si podemos abastecernos de compromisos, la molicie, la malicia y la milicia quedarán orilladas por la colaboración de todos, que necesitamos que nuestros recursos sean eficaces, aunque solo sea humanamente hablando.
josemª |
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