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Tu diario. Libertad de expresion

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A no ser que...
Jose Maria Barrionuevo Gil. 09.01.16 
A no ser que nos lo sirvan en bandeja, el plato de sopa boba tiene poco de apetitoso. No es que nos hayamos acostumbrado a exquisiteces, por aquello de que a nadie le amarga un dulce. No es que la sopa boba haya  cogido unos aires de grandezas que les duele en el alma, o en el reducto de un sucedáneo de la misma que todavía les queda a algunos.  Y es que el alma, o su sucedáneo, a veces se encoge también. Se encuentra, si lo hace, pequeña y hasta miserable. Es en esta pequeñez donde descubrimos que casi todo era oropel y pose. Hay padres de la patria a los que les encanta la sopa boba, si viene con guarnición de seguridad casi eterna. Lo malo es cuando se les vuelve efímera.
Hoy la sopa boba está servida con una guarnición de miedo, de miedo a perder privilegios; privilegios, que no derechos. Privilegios que se han ensartado en unos hilos dorados, pero que en su tuétano están constituidos de fibras y eslabones de injusticia. Eso de que todos somos iguales ante la ley nos suena rancio ya, si no, extraño.
No hay verdadera paz en el interior de las almas privilegiadas, porque temen que se desvanezca el oropel y queden al descubierto los arreos de la injusticia. Sin embargo es cómodo poder arrear a un pueblo de esa manera. El fruto de la justicia es la paz; el de la injusticia, la inquietud; el de la inquietud, el miedo. Cuando la justicia es “legal”, no leguleya, sabe donde poner su justa mano. Por eso en este suelo patrio, debido a que se le echaba de menos, se va levantando poco a poco un clamor popular, de pueblo, no de etiqueta, que quiere que se nos vayan aclarando las ideas y despejando los horizontes.
    Ahora, y no durante las tres legislaturas pasadas, el partido que nos metió en Irak y que por el camino nos perdió el caso Couso y otros derechos internacionales, siempre con el “no” en ristre, tanto cuando estuvo en la oposición como en el poder; ahora, decimos, y no antes, se abre en canal para dialogar, para sacar, una vez más, una buena ración de sopa boba, no solo económica sino de poder.  El miedo le ha hecho sentarse para ver si puede tejer un paño que, a todas luces, no les cubre ya ni las miserias ni las mentiras.
    A no ser que los demás partidos se den cuenta de las intenciones de no soltar bocado de poder, pueden dar al traste con la voluntad popular. Por eso el “podercito” desenvaina la espada de las demonizaciones hacia lo ajeno, sigue sacando el incensario autógeno y quiere a todo trapo seguir en el poder, es decir, con las prebendas, que se hacen muy apetitosas con la ley del embudo.
    El miedo se ha cernido sobre la piel de toro, que se ha quedado con los cuernos afeitados, pero, a pesar de todo, tanto tras las elecciones catalanas como tras las generales, se nos vuelve a cantar, a pleno sol y a pleno nublado, y a embestir para que el tendido, el respetable, entienda que los maesros son ellos, porque ganas de torearnos no les faltan. Se nos viene encima aquel apócrifo de “El Estado soy yo” o el actual de “La independencia soy yo mismo” o el posible novedoso “La izquierda soy solo yo”. Esta autoegolatría ya ha quedado demodé, aunque en Francia se la sigan administrando, como se puede ver en el rosario doloroso de acontecimientos que han sido noticias.
    A no ser que reconozcamos que la ley electoral (que según nuestra biografía política, se hizo para la transición) ya ha quedado demodé también. España ha crecido, aunque no se lo crea. El terno electoral se le ha quedado pequeño y le constriñe. Y si con la ley electoral que tenemos es difícil creerse muchas promesas, habrá que hacer otro traje cuyo tejido sea de verdades y no de mentiras. Necesitamos más justicia para valorar los votos.  La Ley D'Hondt ya nos da “vergüenza” y las circunscripciones tan pequeñas nos dan dolores de barriga. La voluntad del pueblo se merece otro trato y otro traje nuevo. En aras de la austeridad no nos deben aumentar los parlamentarios.
    A la vista de nuevas elecciones, se podría dar un ejemplo de austeridad y usar la TV pública ecuánimemente para las campañas y no despilfarrar recursos en subvencionar las campañas de egos.
    Por otro lado entendemos que la famosa y exquisita sopa boba se la ganen honradamente. Este es un deseo, que si se convierte en realidad, diría mucho de la clase política que este año podemos llegar a merecernos. A no ser que...

josemª

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