
No fueron sólo pastores quienes se sintieron atraídos por el nacimiento del niño Jesús, sino que también acudieron unos sabios de oriente a los que conocemos como los Reyes Magos. También ellos estaban unidos con las fuerzas cósmicas y reconocieron en las constelaciones los signos del gran acontecimiento que les hizo ponerse en camino siguiendo inequívocamente las estrellas en el cielo, que les marcaban el camino hacia Belén.
Los sabios seguían a una estrella, a la que también llamamos la estrella de Belén. A lo largo de la historia de la humanidad siempre han existido personas orientadas hacia el interior, para complacer a Dios en la oración y con sus vidas, sintiendo que la vida interna es el amor, el orden y la voluntad de Dios. Si no ponemos orden en nuestra vida, si no cumplimos la voluntad de Dios, no nos volveremos sabios. La vida interna en el cumplimiento de los mandamientos de Dios nos abre a nosotras las personas la conciencia para la comunicación interna con el Eterno. La Luz eterna, que ilumina todo el firmamento, vive como esencia y fuerza en cada uno de nosotros, en cada alma. Jesús de Nazaret enseñó a las personas: "El Reino de Dios está contenido en vosotros". Es decir, que el gran Espíritu, la ley eterna del amor, la luz, que es la vida eterna y la sabiduría divina, está en las profundidades de nuestra alma como luz, fuerza y conducción.