En la avenida Miguel Lacha de Pinos están recolocando los bordillos en la mediana, todo igual que antes, al parecer. Y digo al parecer, porque seguro nadie lo sabe, los árboles se quedan, desmochados y esquilmados algunos, pero ahí siguen. Especulábamos meses atrás por qué el Ayuntamiento acometería estas obras inútiles y costosas. De la oficina de prensa nos informaban de la ampliación de la calzada, la colocación de palmeras, y la necesaria canalización del arroyo. Omitieron entonces, que además harían una canalización con tuberías de treinta centímetros para llevarse el agua.
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De eso se nos informó más tarde, cuando habían abierto una zanja a lo largo de toda la avenida y estaba en proceso la colocación de las tuberías hacia Taralpe, la nueva urbanización donde habitarán más de dos mil personas. Hasta ahora ésa es la única de las obras que se ha realizado, precisamente la del traslado del agua y en principio no anunciada. Los que vivimos aquí, ya no teníamos presión suficiente en verano ni para ducharnos. Los fines de semana en algunas zonas había un hilo de agua. ¿Qué pasará cuando la nueva urbanización esté plenamente habitada?
Hace cuatro años, redujeron drásticamente la presión ante mis numerosas protestas, llamadas y visitas y después de ir mil veces al Ayuntamiento y a la oficina de Ondagua (ahora Aqualauro, el personal es el mismo); casi dos años más tarde, el jefe de sus fontaneros me dijo, que antes teníamos cuatro atmósferas de presión, pero que me olvidara de eso porque habían reducido a una atmósfera, pues no había agua suficiente para toda la urbanización. Nos vimos obligados entonces a poner un depósito y un grupo de presión. Ahora han dado nueve atmósferas, con lo que hemos tenido que colocar una válvula reductora, para evitar que el termo reviente y nos inunde la casa una tercera vez. La presión a pesar de ello es bienvenida, pero ¿qué ha pasado? Llover no ha llovido, más agua no hay.
Se hacen nuevas urbanizaciones gigantescas sin tener más recursos que los existentes y sin ninguna previsión para el futuro ¿a dónde iremos a parar? Veremos que ocurre el próximo verano, claro que para entonces las elecciones ya habrán pasado y cada cual se tendrá que apañar como pueda. Los infiernos se crean con nuestro consentimiento, esto es seguramente lo que la oficina de prensa del Ayuntamiento, definiría como crecimiento sostenible y redistribución de la riqueza. Así que los árboles están ahí y el agua ya veremos, una victoria pírrica. Le hemos proporcionado a la Corporación Municipal la cortina de humo perfecta, los que podíamos haber intentado evitar que se llevaran el agua estábamos pendientes de que no se llevaran los árboles.
Tengo que reconocer que ha sido una magnífica estrategia por su parte, ni un militar en campaña de guerra lo habría hecho mejor, hay que reconocer que en el arte del camuflaje de sus verdaderas pretensiones son unos artistas, nos las cuelan por donde quieren y nosotros seguimos tan felices, lo que no estudien estos políticos… |