“Prima Cristi” tenía dispuesto para ella un cuarto especial contiguo al de su hija, alejado del ruido y del trajín doméstico, con una ventana inundada de luz procedente del patio. Su piel parecía de papel y no me explico cómo sus huesos quebradizos no se le desmoronaban por dentro y todavía corrían el riego de concebir la armazón de su escuálido esqueleto. “Prima Cristi”, rescatando olvidos, luego de unos murmullos intrincados, poniendo la lengua en su lugar, recitaba versos inmemoriales y en su delirio de pronto decía: Árbol que crece torcido Tarde su tronco endereza, Pues hace naturaleza Del vicio con que ha nacido. …Y, en otras, repasando omisiones, luego de una pausa confidencial declama: Tres cosas me tienen preso De amores el corazón: La bella Inés, el jamón Y berenjenas con queso. Esta Inés, amantes, es Quien tuvo en mí tal poder, Que me hizo aborrecer. Todo lo que no era Inés. Trájome un año sin seso, Hasta que en una ocasión. Me dio a merendar jamón Y berenjenas con queso. En gusto, medida y peso No les hallo distinción: Ya quiero Inés, ya jamón, Ya berenjenas con queso. Y sobre cierta ruidosa costumbre que algunas personas sin pena alguna realizan, entre risas y gracejos, de Quevedo recitaba: Alguien me pregunto un día ¿Qué es un pedo? Y yo le conteste muy quedo: El pedo es un pedo, Con cuerpo de aire y corazón de viento El pedo es como un alma en pena Que a veces sopla, que a veces truena Es como el agua que se desliza Con mucha fuerza, con mucha prisa. El pedo es como la nube que va volando Y por donde pasa va fumigando, El pedo es vida, el pedo es muerte Y tiene algo que nos divierte; El pedo gime, el pedo llora El pedo es aire, el pedo es ruido Y a veces sale por un descuido El pedo es fuerte, es imponente Pues se los tira toda la gente. En este mundo un pedo es vida Porque hasta el Papa bien se lo tira Hay pedos cultos e ignorantes Los hay adultos, también infantes, Hay pedos gordos, hay pedos flacos, Según el diámetro de los tacos Hay pedos tristes, los hay risueños Según el gusto que tiene el dueño Si un día algún pedo toca tu puerta No se la cierres, déjala abierta Deja que sople, deja que gire A ver si hay alguien que lo respire. También los pedos son educados Pues se los tiran los licenciados, El pedo tiene algo monstruoso Pues si lo aguantas te lleva al pozo Este poema se ha terminado
Conchita era el ángel de la guarda de “prima Cristi”, cada hora del día, sin que se le olvidara, velaba su sueño y acercando amorosa su oído al pecho de su madre, absorta descubría que ésta seguía viva y, despertándola con una voz familiar, confirmaba el milagro de que estaba en este mundo y, entonces, ella, soltando palabras en castellano antiguo decía: “Cuando fenezca incinera resina en mi cuarto. Quiero expirar entre buenos efluvios”. Había preocupación en el barrio cada día por saber si “prima Cristi” amanecía viva y se estremecía uno al ver que Roque, su nieto, sentándola en un taburete de cuero, la sacaba del cuarto para bañarla con devoción y luego, estudiando la calentura del Sol, la ponía a secarse en la tibieza de un calor para niños, saliendo de la doméstica costumbre intacta y algo más entera… Y, en tal caso, Conchita le daba un beso en la frente, la empolvaba y la vestía de niña vieja al tiempo que con un tropel de palabras, remontada en el pasado esto le dice a su hija: Al amor que ofrecerte quiero Le cantaré con mil liras Tú que siempre bien me miras, Ignoras que carezco de dinero”. Walter E. Pimienta Jiménez
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