¿Hasta cuándo podremos seguir pidiendo a un puñado de ciudadanos que ejerzan de héroes por todos nosotros? ¿Hasta cuándo dejando indefensas a las que sólo defienden el cumplimiento de la legalidad, la transparencia y el derecho a la información? Quién conozca a Lina Arlandis, la presidenta de la PDSS, sabe que por su delicadeza y educación sería difícil que insultara ni a un gorrión, pero he aquí que el dueño de una de las canteras la convierte en estas páginas y ante la Guardia Civil en la brava mujer peleona capaz de enfrentarse, amenazar e insultar a diez matones.
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El Ayuntamiento sin embargo pide disculpas a la cadena de televisión en nombre del pueblo de Alhaurín de la Torre por la agresión que sufrieron los periodistas que acompañaban a Lina. ¿Qué pueblo? ya lo dice el Sr. Saez de Ayala, ¿qué le hemos hecho nosotros a los periodistas? ¿quieren hacernos aparecer a todos igual de culpables?.
Juan Piña es un hombre curtido y se vio obligado a dejar la presidencia de la plataforma, imposible soportar las amenazas, la presión, los insultos, y hasta que llegaran a intentar incendiar su casa. Lina es una mujer joven que soporta una carga demasiado grande, ¿hasta cuándo podrá soportarlo?. El ayuntamiento lo sabe, los canteros ilegales también lo saben. Acosar hasta derribar, hostigar hasta que las personas tengan que optar entre su salud física y mental o las de aquellos a quienes defienden.
La sierra se muere irremisiblemente, pero pocas manos la defienden, el Ayuntamiento que tendría que ser quién salvara este patrimonio, nos traiciona, la Junta de Andalucía en contra de la opinión de los jueces se alía con él. A estas alturas confío en muy pocos políticos, pero confío en algunos, lo tienen difícil, el dinero compra muchas voluntades y votará a sus amos, pero no seremos todos. Vivir con miedo sería la peor de las amenazas y convertiría la vida en un infierno, pero si dejamos que los que amenazan, increpan y ejercen la violencia se salgan con la suya, lo lamentaremos todos, mañana podríamos estar en sus manos y ser sus víctimas. Y si dejamos esquilmar irremisiblemente nuestro patrimonio natural ¿a dónde iremos?
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