
No me gusta que en un país como España se hable de recuperación económica cuando los únicos que han visto con buenos ojos esta crisis han sido los grandes empresarios, los del IBEX, los que hacen temblar las bolsas como el borracho que golpea una máquina tragaperras. No me gusta que nuestros gobernantes hablen de una hipotética salida de la crisis cuando el desempleo vuelve a aumentar con la destrucción de 121.000 empleos durante el pasado mes de agosto. No me gustan los días marrones de verano, esos en los que una intensa nubosidad nos esconde la luz del sol y nos prohíbe disfrutar de las perseidas una maravilla que nos regala Dios y que no es gravada con el IVA general del 21%.
Tampoco me gusta que a lo largo del pasado año, se recaudara en España 206.999,8 millones de euros mediante la subida del IVA aplicada a comienzos de legislatura mientras según reconocidos expertos, cifran el fraude fiscal en más de 50.000 millones de euros, 2.000 millones de euros por encima del gasto global de todas las administraciones sanitarias en nuestro país. Me gusta aún menos, que ese fraude vega propiciado por aquellos que más liquidez tienen, por personas que no deberían tener problemas para hacer frente a ningún tipo de impuesto.
No me gusta que el mayor porcentaje de ingresos a las arcas públicas
provenga de los ciudadanos, de aquellos que menos recursos tienen
mientras las grandes empresas de nuestro amado país apenas aportan un 2%
a la recaudación total, lo que supone, que el 72% de los impuestos
defraudados pertenecen a los que más solvencia tienen. No me gusta que
amnistíen fiscalmente a corruptos y estafadores, ni que un gobierno
evalúe los datos macroeconómicos olvidándose de aquellos que
verdaderamente lo siguen pasando mal.