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Lo políticamente correcto y el calentamiento global

Rafaela Garcia. 08.02.07 

Sé que es un escrito muy largo, pero a mí que me gusta el debate real y no suelo quedarme con lo primero que me dicen, sobre todo si intentan apabullarme y en lugar de argumentos para rebatir suelen utlizar la consecuente coletilla descalificadora. Basta que digan "a" para que yo, que soy de por sí maliciosa, me pregunte si no "habrá gato encerrado" así que me pongo a investigar y por desgracia el tiempo suele darme la razón en mi suspicacia. Quizás sea consecuencia de la primera clase de Historía de la Economía que recibí, el contenido era básicamente este: "Nadie sabe cómo será la ciencia y la tecnología en el año 2xxx. Lo más probable es que se rían de nuestra preocupación con el CO2 como nos reímos ahora de la honda preocupación que a principios del siglo XX se tenía con el aumento de los excrementos de caballo en las ciudades y sus posibles consecuencias en el 2000. Eso, se lo digo yo ya, no se puede predecir con ningún modelo informático."


Así que hoy que los políticamente correctos nos apabullan con el calentamiento global, me gustaría recordar por ejemplo que el nombre de Groenlandia viene de Greenland (tierra verde) y que sobre el año 1000 de nuestra era, los vikingos cultivaban trigo, hoy esto es impensable porque el territorio esta helado. Por cierto las temperaturas que se analizan para las predicciones son básicamente del último siglo con las variaciones técnicas a lo largo de ellas que se traducen en errores en la medición.

Si quieren saber más y no dejarse llevar por lo que se dice, investiga por tu cuenta, seguro que aprenderás algo y te llevaras más de una sorpresa. Y recuerda que el blanco se complementa con el negro, el Ying con el Yang, todos somos nosotros y nuestro contrario y no aceptes sin rechistar todo aquello que te digan (ni siquiera lo que digo yo) Algunos artículos sólo de la última semana.

ARTICULO Nº 1.
imprescindible, el artículo de Mark Steyn en La Gaceta de los Negocios, donde aporta datos y reflexiones concretas que cuestionan los tópicos sobre el calentamiento global: "Durante el último siglo o así, el planeta ha atravesado períodos de calentamiento muy cortos seguidos de períodos de enfriamiento muy cortos seguidos de períodos de calentamiento muy cortos, cada 30 años más o menos. Y, hasta encontrándonos en un patrón de calentamiento global o enfriamiento global, el fenómeno no se observa universalmente, es decir, no es global, o ni siquiera muy local", y cita el ejemplo de la Antártida, donde "ha hecho algo más de calor en la pequeña península Palmer, pero hace más frío en el continente principal".

ARTICULO Nº 2.

Si hay algo que ha probado el informe de la ONU sobre "cambio climático", que es como denominan ahora al calentamiento global para poder echarle la culpa también al hombre si hace más frío de lo normal, es que los ecologistas cuentan con una capacidad publicitaria envidiable. Sin embargo, los males que nos anuncian y que han sido aceptados acríticamente por los medios de comunicación, de izquierda y de derecha, no parece que estén sostenidos por el borrador del informe completo, puesto que lo que se ha publicado hace unos días no es más que el resumen para políticos hecho por políticos.

Pero, sobre todo, me preocupa como columnista en esta sección de Intenet el mal nombre que puede recibir la informática por el mal uso de los modelos computerizados como bola de cristal. Como ya indiqué hace cuatro años y medio en estas mismas páginas web (hay que ver cómo pasa el tiempo), los ordenadores no pueden predecir el calentamiento global. No piensan solos, por más que pueda parecer que están continuamente pergeñando formas de arruinarle a uno el día. Se limitan a realizar cálculos empleando los datos con los que se le alimenta en fórmulas matemáticas que se le han programado. Si los datos o las fórmulas son incorrectos, el resultado también lo será. Como es el caso de los modelos climáticos.

La climatología es una ciencia harto compleja, porque debe estudiar cientos de variables que interactúan entre sí de formas que desconocemos. Por ejemplo, el efecto directo del CO2 en la temperatura está más que estudiado y es algo en lo que no hay científico que yo conozca que esté en desacuerdo. Es bastante poco. Lo que sucede es que ese aumento en su concentración puede afectar a otros factores de múltiples maneras y no sabemos realmente cómo. De modo que se hacen modelos climáticos para simular "qué pasaría si" las hipótesis que tenemos son correctas. Si metemos los datos que tenemos y esas hipótesis y nos dice que el año que viene la temperatura media va a ser de -15ºC deduciremos que lo hemos hecho mal. Lo mismo si nos da 50ºC, a no ser que uno sea activista de Greenpeace. Pero, claro, los modelos de los que merece la pena hablar dan resultados más o menos plausibles. Y, sin embargo, fallan, porque no son más que hipótesis.

Tomemos, por ejemplo, los modelos con los que nos asustó la ONU en el año 2001. Predecían que en 2006 la cosa se habría calentado ya algo. Y resulta que no, que el aumento de temperatura ha sido de 0,03º, dentro del rango de error estadístico o, lo que es lo mismo, no puede decirse que haya subido. Tampoco predecían el enfriamiento que han sufrido los océanos desde 2003 y aseguraban que el nivel de los mares iba a crecer mucho más de lo que las mediciones muestran. Ni que la concentración en la atmósfera del metano, otro de los gases de efecto invernadero, iba a frenar su crecimiento a partir de 2001. Dicho de otro modo, los mejores modelos de hace seis años han fallado cual escopeta de feria. Pero no por culpa de los ordenadores, pobres.

Habrá que ver si los seis modelos del informe de este año superan la prueba. Los dos más catastróficos, y que por tanto son los que se emplean para los titulares de prensa, pueden darse ya por fallidos. Suponen que en 2100 seremos 15.000 millones de personas, un extremo que desmiente la misma ONU, cuyos demógrafos estiman que llegaremos como mucho a los 10.000 dentro de 40 años y luego la población empezará a descender. Pero fallan especialmente al no tener en cuenta lo más importante.

ARTICULO Nº 3.

Lo más sorprendente en la repentina moda del "calentamiento global" es el endeble sustento científico de la mayoría de las predicciones catastróficas, que se venden como si fuesen verdades científicas.

¿Se imagina a jóvenes bañándose en el río Rin en el mes de enero? No, no es una imagen premonitoria de lo que nos espera en unos años a causa del temido y publicitado "calentamiento global". Es un hecho histórico. En las primeras décadas del siglo XIV hizo tanto calor en el planeta que bañarse en el Rin era habitual, como lo mencionado H. H. Lamb en su libro Climate, History and the Modern World, publicado en 1995.

¿Se imagina el río Nilo con hielo? Tampoco es una profecía de una próxima Edad del Hielo sino otro hecho histórico, reportado en los años 1010 y 1011.

Si de algo podemos estar seguros acerca del clima en el mundo es que siempre cambia. Décadas de inviernos muy crudos, como en 1564, el año que nació Shakespeare y que marca el inicio de la "corta edad del hielo", la era más fría desde la Edad del Hielo de 10,000 años antes, fueron precedidas por largas temporadas "inusualmente" calurosas. Por cierto, la "corta edad del hielo" fue tan "corta" que duró entre 150 y 200 años.

De lo segundo que podemos estar seguros acerca de estos cambios climáticos es de que la actividad del hombre ha sido hasta ahora irrelevante para producirlos. Dicho de otra forma: sin la presencia del ser humano en el planeta, el clima habría cambiado del mismo modo que lo ha hecho a lo largo de la historia.

Gran parte de los temores y de los pronósticos alarmistas acerca del calentamiento global surgieron del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) establecido en 1988 por la Organización Meteorológica Mundial (WMO) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP), con la finalidad de entender "científicamente" los riesgos de que la actividad humana produjese cambios indeseables en el clima.

Por desgracia, los presuntos pronósticos emanados del IPCC no se han caracterizado por su solvencia científica. Como señala Martin Agerup, las conclusiones de los informes del IPCC adolecen de tres defectos graves: descuido e inexactitud científica, mala metodología y, lo que considera más grave Agerup, escenarios erróneamente utilizados y presentados como si fuesen pronósticos.

Hay una alta probabilidad de que estemos confundiendo el "calentamiento global" con lo que en realidad es un "bochorno verde": un río revuelto en el que no pocas corporaciones astutas y desinhibidos políticos están pescando felices, gracias a la credulidad que solemos prestar al vaticinio de catástrofes y al poco rigor con que los medios de comunicación nos "informan".

ARTICULO Nº 4.

Al Gore, que se ha reinventado como misionero activista del credo ecologista más apocalíptico y catastrofista, se ha referido al "mayor problema actual de la humanidad: el calentamiento global"; "tenemos todo lo necesario para salvar el planeta excepto la voluntad política, pero ésta es un recurso renovable y los ciudadanos tenemos la responsabilidad de asignarlo". Lo que no deja de ser una desgracia, porque viviríamos mucho mejor si ese "recurso" se agotara pronto.

Los climatólogos predicen, con sus todavía limitados datos y modelos, que la temperatura media del planeta puede aumentar en torno a dos grados en los próximos cien años, debido en parte al crecimiento de la concentración atmosférica de gases de efecto invernadero por el uso de combustibles como petróleo, carbón y gas natural (además de cambios de usos del terreno y otras variables naturales como la actividad solar o los volcanes). Las predicciones de mayores incrementos no son realistas, pero se enfatizan para llamar la atención. Los climas locales pueden variar de formas diversas, pero el efecto general es que el incremento principal de la temperatura se produce en las zonas y momentos más fríos (latitudes altas, en invierno y de noche). Seguramente habrá más olas de calor, pero también disminuirán las olas de frío (¿por qué será que esto no se menciona mucho?) y se alargarán las temporadas útiles para la agricultura.

Se habla mucho de la temperatura, pero es un factor al que el ser humano se adapta con facilidad, como muestran las estaciones y los viajes entre lugares con climas distintos. Más importante es el régimen de precipitaciones, que tenderán a aumentar (más calor, más evaporación, más lluvias), aunque localmente puedan empeorar las sequías. El problema del agua, sin embargo, no es que no llueva, sino la falta de derechos de propiedad y un mercado para ella, que es lo que provoca el despilfarro agrícola y las peleas entre comunidades por recibir agua gratis o fuertemente subsidiada.

La incertidumbre es alta respecto a la incidencia sobre los fenómenos climáticos extremos (huracanes, inundaciones). Las aseguradoras alertan de los incrementos de los pagos por daños, pero estos se producen principalmente porque cada vez hay más riqueza asegurada. El crecimiento del nivel del mar será de unos pocos milímetros por año, sobre todo por expansión térmica (dilatación), y no tanto por fusión de hielo. No importa que el Ártico se derrita porque es hielo flotante: Groenlandia no está cambiando mucho y la Antártida tampoco. Un proceso tan lento y suave no es una amenaza terrible para la especie humana. Nada que ver con un tsunami.

Los ecologistas intervencionistas no parecen aceptar que el cambio climático puede tener efectos positivos. Los problemas los tienen las personas según sus circunstancias y valoraciones particulares, y algunos preferirán más calor y otros más frío. Si tuviéramos el poder de decidir el clima, ¿cómo debería ser? ¿Debería ser un delito alterarlo? ¿No hay agresiones más directas y serias?

Se suele hablar de cambio y revolución, pero respecto al clima  parece que casualmente vivíamos en un óptimo climático que no debemos alterar por ningún motivo, no importa el coste. A no ser que ese precio sea emplear la demonizada e incomprendida energía nuclear, momento en el que a muchos les puede la fobia e insisten en el viento (que sopla cuando quiere y no precisamente cuando hace falta) y el sol (que nos da mucha energía pero muy difusa) como fuentes de energía del futuro. Pero vivimos en el presente y aunque son técnicamente factibles aún son mucho más caras.

Para intentar cubrir el flanco económico recientemente se ha publicado el informe Stern, que ahora los ecolojetas repiten como un mantra: "1% de costes, 20% de beneficios". Se trata de un encargo político cuyo resultado final se consigue manipulando datos y modelos, o sea, haciendo trampas: exagerando los daños, minimizando los beneficios, minusvalorando la capacidad espontánea de adaptación (la no dirigida por los políticos) y, sobre todo, falseando las preferencias temporales de los individuos (preocuparse más por el presente que por el futuro lejano).

El ecologista escéptico Bjorn Lomborg (con quien Gore y muchos otros no se atreven a debatir) ya elaboró hace pocos años su proyecto de Consenso de Copenhague, en el cual prestigiosos científicos y economistas indicaron que evitar el cambio climático era el objetivo colectivo menos inteligente a intentar debido a sus enormes costes e inciertos y escasos resultados. Hay posibilidades más serias para ayudar a la humanidad como las enfermedades (malaria, sida), la pobreza, el agua potable, el hambre...

Los críticos de la moda ecologista solemos ser acusados de mercenarios a sueldo de oscuros intereses (tan negros como el petróleo y el carbón). Aparte de que es casi siempre falso, que fuera cierto no eliminaría la necesidad de rebatir los argumentos. Y conviene no olvidar que en esta campaña contra el cambio climático no sólo hay ingenuos moralistas empeñados en decirles a los demás cómo vivir (siempre consumiendo menos), también abundan los desvergonzados cazadores de rentas (subsidios a las energías renovables, regulaciones que dañen a la competencia, etc.).

Según Gore, "tenemos que preguntarnos cómo queremos que nos recuerde la historia. Si como los que fallamos y destruimos el planeta o como una generación grande que tuvo valor para hacer cambios difíciles". Megalómano como es, asume que la historia va a recordarle y vive para ello. Pero alterar el planeta no es sinónimo de destruirlo, que es bastante más difícil de lo que parece. Ya que menciona al futuro (nuestros hijos y nietos dan el toque emocional adecuado), conviene pensar que el crecimiento de la riqueza es tal que las generaciones futuras serán mucho más ricas que nosotros y les costará entender cómo tanta gente quería que los pobres actuales se sacrificaran en favor de los ricos del futuro.

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