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Religión, hoy día (Religión aparte XL)
| | Jose Maria Barrionuevo Gil. 12.07.15 | | Ahora, que avanzamos por el verano, el calor nos hace que aflojemos el espíritu y el ánimo; sin embargo, no está en nuestras manos el que los días se nos derramen sin alguna que otra consideración. La realidad de los humanos de a pie nos provoca a no bajar la guardia, a atender tanta miseria: la de los que no tienen dónde caerse muertos y la de los que no les importa que se caigan. El que haga calor no nos da permiso para aflojar las neuronas y que se nos queden ociosas. Siempre nos conviene un cierto chapuzón de aire fresco, aunque sólo nos lo podamos permitir de madrugada, cuando en los insomnios del estío, nos asaltan también tan frescas las ideas. El papa Francisco está que se sale, del Vaticano también, porque la Ciudad Eterna muchas veces ahoga demasiado. Sabemos que el Papa ha recibido a personas que no son creyentes, lo que nos da una pista para ver que la laicidad del Papa no tiene que ver con el fundamentalismo ni siquiera con el laicismo. El Papa sabe que hoy día todos los humanos tenemos infinidad de temas, de problemas, de proyectos, de deseos... de los que todos, pensemos como pensemos y creamos o no, podemos hablar. | Tenemos un campo de juego y de actividad, completamente abierto, en el que podemos jugar sin exclusiones ni penalizaciones. La indumentaria mental, la camiseta que cada uno suda, no nos paraliza ni nos invalida para correr, aunque no estemos en posesión del balón y, de camino, nos da la libertad para reconocer, como espectadores también, lo bien que juegan tanto los nuestros como los otros. Todos jugamos y nos la jugamos y los que damos esas carreras infernales por las bandas, sin dar bandazos, hacemos que el juego sea de todos, porque todos estamos capacitados para jugar. Sin prejuicios, podemos salir a la cancha a jugar: lo mismo no nos importa el resultado, sino sólo el sentirnos vivos y amables y contentos. Podemos ser autores o espectadores de verdaderas jugadas que dejan en ridículo todas las pizarras de entrenamiento y que no obtienen un resultado favorable y puede haber una jugada desafortunada que tenga a su favor todo un trofeo. En este mundo en que ya están quedando en entredicho los guetos, los partidos, parece que al Papa le importan más las personas y, quizá, sí le preocupen los desalmados, aunque se tengan por religiosos. No nos extrañaría que en algún lugar la inquisición se volviera contra el Sumo Pontífice, que eso sí, está por la labor de edificar puentes (=pontifice) y no de levantar fronteras. Aunque no todos los creyentes tienen la misma actitud que el Papa, no por eso el Papa va a encogerse, suponemos. Ha sido elegido, podemos decir que democráticamente, a no ser que los principes electores lo hayan hecho para escurrir el bulto de tamaña responsabilidad. Pensamos que en las religiones no tiene que imperar tampoco el criterio de la mayoría. Pues puede ocurrir que la mayoría, que solo cuenta con la mayoría, no tenga la lucidez como para abrir los ojos en los tiempos que corren y darse cuenta de qué es lo que pasa y nos está pasando. El Papa nos contó hace tiempo que cuando alguien se acercaba a él para conversar no le preguntaba si creía o no en Dios. Lo importante era saber si "hacía algo por los demás", es decir, más o menos si creía en la humanidad. Hace poco tiempo, un amigo nos dio la vara sobre la religión y las imágenes religiosas en las escuelas. Suponemos que el Papa le suponga alguna autoridad en esta labor docente. Hace mucho tiempo un católico nos confesó que “si no fuera por su fe, sería un salvaje”. Le dijimos que “si no hubiera policías, sería un conductor loco”. Nos acordamos de Steven Weinberg que nos dijo: “Con religión o sin ella habría gente buena haciendo cosas buenas y gente mala haciendo cosas malas”. También Chagdug Tulku Rinpoche piensa que “Si alguien necesita de religión para ser bueno, entonces esa persona no es buena...” El papa Francisco nos ha comentado que “No es neceario creer en Dios para ser buena persona... Algunas de las mejores personas de la historia no creían en Dios, mientras que muchos de los peores actos se hicieron en su nombre”. Ya va siendo hora de que todas las religiones aprendan a convivir y no a hacerse la guerra. Nos parece que las religiones tienen sus espacios tanto públicos como privados, pero no tienen un mandato categórico de imponerse a nadie, sobre todo ahora que el Papa también es partidario de que la religión quede aparte y no se mezcle con prejuicios, falsas historias e innumerables e innombrables intereses.
josemª |
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