Mi abuelo era uno de esos abuelos, de los que hablaba Juanma. Yo me pasaba las tardes enteras de verano, sentada en su terraza escuchándolo ensimismada, embelesada… oyendo esas historias de la guerra, esas historias, no eran ni más ni menos que parte de su vida. Me hablaba de hambre, de miseria, de desarraigo. Pero también de ilusiones, de libertad, de cómo ilusionado, realizó su primer viaje a Madrid, para afiliarse a las Juventudes, de cómo realizaron la primeras reuniones de partido, todo lleno de orgullo me decía: ”Mikali, que tu abuelo, aquí donde lo ves, fue uno de los primeros de Málaga en tener el carné”. Él, se vaciaba de sentimientos, derramaba por los ojos toda la ilusión y el sufrimiento que padeció, y sin embargo yo, me llenaba de ideas, de pensamientos, de vida al fin y al cabo y poco a poco se fue convirtiendo casi en el responsable de mi “Pensar en rojo”.
Siempre en la mayoría de los casos, casi todas las conversaciones derivaban en lo mismo, cuando viajábamos por ejemplo, hacia alusiones a los caminos, a los pueblos: ”Mikali, que yo me recorrió, media España a patitas...” “de aquí huíamos a... “ En fin qué decir. De él he aprendido hasta después de no estar ya conmigo, pues me enseñó que existe un lugar muy bello, en el que descansar eternamente es casi un privilegio. Ese lugar fue su último deseo.
Ese lugar se encuentra en su tierra natal, Arenas, en un Castillo árabe, a las faldas de la Sierra, desde dónde, segura estoy, que nos ve a mi familia y a mí con una sonrisa en los labios, como era de costumbre.
Personas como él, son responsables de que aquellos, que afortunadamente no nos tocó esa historia, hoy por hoy sigamos teniéndola en la memoria, que no histórica, sino más bien sentimental, y que todo el sufrimiento y padecer que rodearon sus vidas, no hayan quedado en balde.
Para ti abuelo, mi humilde y pequeño homenaje.
(P.D.: No es el homenaje que Mar y yo queríamos haber hecho a todos los que como tú lucharon... pero todo llega.) |