A Yegen, pueblo de La Alpujarra, había llegado Brenan a finales de 1919, donde alquiló una casa a Fernando Moreno (don Fadrique en la novela), pero no se puedo mudar hasta el 5 de enero de 1920.
El libro me sorprendió bastante a lo largo de sus XXI capítulos y 334 páginas porque era un relato antropológico, muy bien documentado y, sobre todo, cuando nos habla de historia o de plantas en el Cabo de Gata. Hace unos retratos muy perspicaces con su humor inglés cuando critica abiertamente a sus amigos, como el viaje de a Yegen de Virginia Woolf y su marido Leonard, de su amigo Ralph, de la pintora Carrington y su amigo Lytton Strachey.
Lo compré en 1987, en una séptima edición de Siglo XXI, de España Editores, S.A. de Madrid. En esos años los libros corrían de boca en oído, y éste fue uno de los que me recomendó mi hermana Vicky. La cuestión es que, en aquellos años, nada o casi nada se sabía de la vida de Gerald Brenan, creíamos que era un bohemio británico que llegó a las alpujarras, que vivió entre los indígenas como pudo y ¡premio! tuvo un éxito inmediato. Luego, pasados los años, supimos que era un escritor conocido en Inglaterra, por sus libros "El laberinto español" y "Literatura del pueblo español" (1951), por cuyo libro se le propuso para la Cátedra de Alfonso XIII de estudios Hispánicos de la Universidad de Oxford (p.544, "El castillo interior", Jonathan Gathorne-Hardy), a la que renunció porque no le gustaba la vida universitaria (y también argumentó que Gamel, su esposa norteamericana, no podía vivir sin criados), aunque él no estudio en una universidad, frustración que le hizo auto educarse en España con 2.000 libros que se trajo, y desembarcó en Almería.
A veces, cuando uno profundiza en la vida de un autor que nos gusta, luego nos desengaña cuando nos quitan la venda. Brenan pertenecía a una familia de la alta burguesía británica, era un rentista, es decir, que jamás tuvo que trabajar para poder vivir, sus restan en España le permitían vivir como le daba la gana, con excentricidad pareciendo un bohemio. Vivía con criados, tenía coche, casas, algunas veces, pocas se mostraba bondadoso, viajaba constantemente, incluso en el año 1952 estuvo en los Estados Unidos con su esposa Gamel Woolsey a la muerte del padre y la hermana de ésta. Conoció a Beltran Russel, a Ernesto Hemingway en Churriana, a Julio Caro Baroja.
En España se portó como un verdadero cacique, tuvo una hija con Juliana Martín Pelegrina, hija a la que llamó Miranda Helen (Helen por su madre) que adoptó y que casi le compró a la madre por 1.000 pesetas, lo de la casa que le compró no está muy claro. Parece ser que debido a una impotencia sexual “miedo a no cumplir en su momento”, le gustaban las prostitutas y las jovencitas campesinas y desvalidas. En fin, Gerald a pesar de vivir en España (Yegen, Churriana, Alhaurín el Grande) casi sesenta años, nunca dejó de ser británico en su forma de pensar y actuar, no tuvo amigos españoles, excepto la correspondencia que tuvo con el antropólogo español Julio Caro Baroja.
Para concluir. Brenan quiso ser un escritor reconocido y vivir de la escritura, era un escritor vocacional, vivía para ello, tenía complejo de no haber estudiado en la universidad como sus amigos de Bloosmbury. Su epistolario es inmenso, a veces, con confensiones negligentes sobre su vida sexual aunque su epistolario es inmenso, casi todo está en la Universidad de Texas (EE.UU), cometió muchos errores en su vida, sin embargo, nada quita que cincuenta años después de su edición en inglés Al sur de Granada, porque está escrita para sus compatriotas, sea una obra maestra, por su perspicacia y la visión que tenía de nosotros, los españoles campesinos de La Alpujarra con su mundo mítico de supersticiones que tan acertadamente supo retratar el hispanista universal anglo-andaluz Brenan. |