
“Mente sana en cuerpo sano” es una frase que nos acompaña desde los tiempos de la civilización romana. El problema es que la sociedad padeció y todavía padece -en muchos lugares- severas carencias nutricionales. Luego estas faltas fueron superadas en los países desarrollados y dieron lugar a la obesidad como una nueva epidemia.
El exceso de consumo calórico (en hidratos de carbono y grasas) provoca daños en el aparato cardiovascular que son de conocimiento popular. Sin embargo, hasta hace poco tiempo no se conocía la relación entre estas enfermedades y la propensión a padecer varios tipos de demencia.
Esta noticia tiene dos caras. La mala es la asociación entre los factores que pueden generar enfermedad cardiovascular y demencia. La buena es que mantener una “salud vascular” también nos protege de la aparición de las demencias, que es en este momento una de las principales herramientas que se tiene para prevenir el deterioro neurológico.