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La corbata de Evo Morales | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 18.04.15 | | A estas alturas a muy pocos de nosotros se nos oculta la historia narrada en el cuento titulado “La camisa del hombre feliz”, escrito por el novelista ruso León Tolstói. Nos refiere que, cuando el zar enfermó muy gravemente, no le servían de nada todos los remedios que ponían a su alcance. No mejoraba de ninguna manera. Entonces, valorando más que nada su vida y su salud, prometió la mitad de sus posesiones a aquel que pudiera curarle. Por más sabios y magos que sus servidores le traían, no mejoraba la salud del zar. Finalmente apareció un viejo sabio que dijo a los consejeros: “Si encontráis en el reino un hombre completamente feliz, podréis curar a vuestro monarca. Cuando lo halléis, pedidle su camisa y traedla a palacio. Decidle al rey que duerma una noche entera vestido solo con esa camisa. Y a la mañana despertará curado”. El caso fue que, cuando encontraron al hombre más feliz, resultó que era tan pobre que no tenía camisa. | Hoy se habla mucho sobre el ser y el tener. Además cada día que pasa se valora más el tener que el ser. Muchas veces la posesión de cosas nos amarga la existencia, y la felicidad permanece oculta y además inalcanzable. Como vivimos en un mundo muy complicado, nos parece que la felicidad viene de la mano de la complicación. Nos da la apariencia que lo ostentoso va aparejado con la felicidad. En esta complicación se instala la razón como el no va más de la sabiduría. Además se confunde la razón con la memoria y así hasta los argumentos no son más que repeticiones que se han tomado de un catecismo de mantras que se imponen por su propia insistencia, pero no porque estén aderezados inteligentemente por la realidad. A tanto llega la razón que parece ostentar el trono de la sabiduría y ser la dueña del olimpo. Hablando de trapitos, como suele decirse, los otros días pudimos escuchar a Evo Morales que le decía a J. Évole: “No uso corbata, porque divide el pensamiento del sentimiento, mediante el cuello. Por eso no llevo corbata”. Decía esto y además se llevaba los dedos a la cabeza y luego el puño al pecho. Con este gesto nos parecía que reconocía delante de nuestras casi miopes miradas que los sentimientos tienen incluso más fuerza que la razón. Nos sorprendió a todos; sin embargo, nos dimos cuenta de que teníamos delante de nosotros a una persona, que tiene otros parámetros de vida y otra formación muy distinta a la europea, tan nuestra. Marshall Rosenberg plantea la siguiente pregunta: ¿qué prefieres, tener razón o ser feliz? Este psicólogo estadounidense es el creador de un modelo basado en los principios de la No-Violencia y de la solidaridad, como estado natural de los seres humanos. Él entiende la violencia como todo aquello que nos separa del otro. Por ello sabemos que la empatía comienza en el corazón y se sube a la cabeza, pero no debe perderse la comunicación. Preciosa palabra española la “cordura”, que une el corazón con la mente. Sabemos, desde hace bastante tiempo, que la discordia es precisamente lo que nos hace no estar de acuerdo y, desde el distanciamiento, llegamos a enfrentarnos unos con otros. Una vez más, como si fueran pocas ya, el excesivo poder racional, usando el nudo corredizo y no el de la racionalidad y la cordura, sino el de la sinrazón y la codicia se ceba brutalmente contra y sobre los débiles. Todo es justificable en perjuicio de los desposeídos y en beneficio de los poseedores. Qué crueldad se cierne sobre todos los que la ley solo significa obligaciones. La ley del embudo parece que es una ley natural, cuando, en verdad, ha sido confeccionada con las manos y las mentes de unos desasistidos de empatía, por unos pordioseros de votos que reclaman un gobierno como Dios manda, por unos trolosos que mienten más que parpadean. Todos se suben al imperio de la razón y olvidan que el fundamento de la racionalidad y la objetividad está en las emociones. El nudo corredizo de la corbata de Evo morales, lo mismo que a él, no nos sirve para convivir ni para gobernarnos a nosotros mismos. Hemos leído el libro “La objetividad, un argumento para obligar” del biólogo chileno Humberto Maturana, otro americano del Sur como Evo. No está de más echarle una ojeada a este libro, que nos invita, incluso biológicamente, a convivir hasta con nosotros mismos.
josemª |
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