
En estos tiempos que corren, no suelo decir quién es quién en política. Cada vez que se me ocurre opinar sobre otros, termino metiendo la pata, por esta razón, aunque me conviden a la indefinición sigo manteniéndome lejos de una socialdemocracia, más parecida al liberalismo positivo de la derecha progresista. Soy funcionario y defiendo al trabajador sencillamente porque pertenezco a esa clase y, si alguien tiene una duda sólo tiene que dejar de cobrar su nómina para saber en qué lugar se ubicaría en ésta sociedad. En realidad no confío excesivamente en el poder. Con ánimo de equivocarme, por la subjetividad de alguien que no es neutral, me atrevo a analizar lo que está ocurriendo:
- vivimos una crisis excesivamente larga en el tiempo que no termina de resolver la situación de los trabajadores y trabajadoras, a pesar de sufrir la más dura de las reformas laborales desde que comenzó ésta democracia. Un deterioro de los servicios públicos que agrava aún más la situación. Además de unos grados de corrupción política y sindical, que salpica con mayor intensidad cuanto más grande es la formación.