Según las últimas noticias publicadas en los medios, este es nuestro tercer año de sequía, pero si recapitulamos seguro que recordamos que llover ha llovido, incluso abundantemente durante este tiempo. ¿Qué ocurre entonces? La sequía no es carencia de precipitaciones, sino que es algo más complicado de definir y cuantificar. Digamos que comienza a hablarse de sequía cuando se observa una disminución de las disponibilidades de agua dulce en una determinada región. |
Esto no se arregla con unos días esporádicos de lluvias abundantes, sino con que llueva cuando debe y como debe ser según el clima de la región. En nuestro caso siguiendo los patrones del clima Mediterráneo. Si a todo esto le sumamos un aumento muy considerable de la temperatura ambiental, el resultado es una mayor evaporación, por lo tanto, menos agua que queda en el suelo, disponible.
De acuerdo con las predicciones hechas por expertos sobre Cambio Climático en cuanto a precipitaciones en la Península en el futuro, las lluvias se irán desplazando hacia el Norte, y la vertiente mediterránea tenderá a convertirse en agregado del Sahara, es decir una región árida. Lo llevamos viendo durante todo el invierno, prácticamente sólo llueve en Galicia. También puede comprobarse con datos: Las cuencas del Norte hasta el Tajo tiene el 68% de la capacidad embalsada, la cuenca del Ebro un 60%, los ríos Guadiana, Guadalquivir y los de Huelva un 50%. Mientras las cuencas Mediterráneas restantes sólo almacenan un 20% de su capacidad total (datos del Ministerio de Medio Ambiente). La situación se agrava más si pensamos donde está el grueso de la demanda y vemos que es en la Costa del Sol, Costa Tropical o Costa Brava.
En una visita a los invernaderos del Campo de Dalías los empresarios me explicaron que a ellos no les faltaría agua mientras en Sierra Nevada hubiese nieve, puesto que se abastecen del acuífero de Sierra de Gádor que se alimenta de las nieves derretidas que se infiltran. Pues bien, si las cosas siguen así, quizás este año ya no anden tan sobrados. Las predicciones hablan de fuertes daños en la economía de nuestra región, además de los que sufriremos los ciudadanos en el ámbito doméstico.
Ya ha llegado el momento de darse cuenta que la solución pasa por una nueva Política del Agua donde se gestione la demanda y no la oferta, con acciones que lleven a un mejor uso del recurso mediante la buena actitud del ciudadano y el desarrollo de nuevas técnicas que disminuyan las pérdidas en las conducciones. Sabemos que el agua es un recurso limitado y por eso debemos aprender a no malgastarla estemos o no en sequía, sea verano o invierno. Agua que no usemos hoy, podremos usarla mañana. |