
El 15 de febrero, Saman Naseem, un joven iraní que va a ser ejecutado el jueves, fue brutalmente golpeado una vez más por hombres que al parecer eran agentes de inteligencia, en un intento de hacerle “confesar” de nuevo delante de una cámara, algo que se negó a hacer, ha declarado Amnistía Internacional.
“Se acaba el tiempo para Saman Naseem. El hecho de que Irán esté dispuesto a ejecutar a un hombre que fue torturado para que confiese un delito del que se le acusa haber cometido cuando era un niño muestra la situación de injusticia en el país”, ha manifestado Hassiba Hadj Sahraoui, directora adjunta del Programa de Amnistía Internacional para Oriente Medio y el Norte de África.