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La   burbuja   universitaria (2)
Jose Maria Barrionuevo Gil. 16.02.15 
Ya estábamos convencidos de que los títulos universitarios podían servir para algo, cuando se fue difundiendo que el estudiar tanto  no sólo era gravoso para las familias sino también para las arcas del Estado, o sea, para los recursos comunes que nos dejamos administrar por quienes no tienen mucho interés en redistribuirlos en la comunidad, por ejemplo, privatizando lo que es rentable para la comunidad, o por quienes tienen un complejo de nuevos ricos, que, al no dolerles el dinero público, lo dilapidan sin ton ni son.
Ya, hace bastante tiempo, nos avisó el profesor López-Aranguren que los estudios universitarios tenían como una tendencia histórica de ir estrechando las oportunidades con el paso del tiempo. Si en su momento el título de Bachiller fue muy prestigioso, más adelante, al democratizarse el acceso a los estudios, lo que cobraría importancia sería la Licenciatura. La Licenciatura se prestigió luego con la defensa de una tesina. El Doctorado ya fue adquiriendo un prestigio mayor, ya que solía responder a un trabajo muy laborioso y al que había que dedicarle mucho tiempo y recursos.
Pero henos aquí, que cuando los estudios universitarios se estaban democratizando, ya que se extendía a toda la población, se fueron sacando de la manga unos estudios que parecían tener incluso más crédito que una licenciatura. A tanto se fue llegando, que alguien se podía sacar un máster sin haber pisado la Universidad.
    Esta situación nos recuerda la queja de un chico a un amigo nuestro, en nuestra juventud, que le dijo en la playa: “A mi me gustaría estudiar Medicina, pero es que tengo que hacer COU para entrar en la Universidad”. Nuestro amigo, muy comprensivo, le dijo: “Llevas toda la razón. Es que en España los planes de estudios están muy mal”. Podemos ver que nuestro amigo no tenía muchas ganas de discutir el tema.
    Hace poco, con el Plan Bolonia, se  nos vendió la moto de una falsa democratización de los estudios universitarios. Y con un bucle académico-político se nos mete por la fuerza un subproducto de estudios universitarios que, no siendo ni chicha ni limoná, en vez de subir adecuadamente el listón de las carreras cortas, se hace un emplaste, en el que entran todas las carreras, y todos los estudios se homologan en cuatro cursos académicos.  Además esta disposición, que no proposición, porque era a la trágala, estuvo aderezada con una información publicitaria, casi constante en los medios televisivos, que mostraban las bondades de una atención y tutorización de los profesores con  pocos alumnos, más o menos una docena, que nos quería convencer de este provechoso sistema. Todos hemos oído hablar de las clases masíficadas, con unos cien alumnos  por aula. Un sistema, que era cicatero con la Educación, la Enseñanza y la Cultura, (como todos sabemos) se iba a permitir, así, por las buenas, el lujo de ser un dechado de generosidad presupuestaria con el profesorado y el alumnado. Incluso Universidades privadas han superado la oferta, imitando las clases, a base de paseos, con poquitos alumnos de la conocida peripatética de Aristóteles.
    Además, aquí no queda todo, sino que se obviaba la dificultad que de suyo ya presentaban algunas carreras y que no se iban a contentar con eliminar asignaturas ni aligerar programas de sus currícula. Como anécdota recordamos la conversación que un día mantenían una estudiante de Matemáticas y un estudiante de Física. Cuando las carreras eran de cinco cursos, resultaba que en Matemáticas “Números Complejos” tenían unos créditos que se desarrollaban durante un curso, mientras que la misma asignatura y con la misma programación, más o menos, en Física, estaba empaquetada en un cuatrimestre, y además de tener menor valor crediticio, la profesora tenía que dar las clases a contrarreloj. Esto ya fue un aviso de lo que decimos sobre la reducción de un curso, que oficialmente provocaría meter en cuatro cursos lo que antes tenía una temporalidad de cinco. ¿Qué queremos decir con esto? Está, más o menos, a la vista que en vez de “el relax” del modelo presentado por la publicidad engañosa, con poquitos alumnos y una atención casi personalizada, vamos a parar a más masificación de alumnos y más presión de contenidos en el menor tiempo disponible. También, para la cuadratura del círculo vicioso de la depreciación de los títulos universitarios, se denominan “Grados” a los que antes era una Licenciatura con su cuota de prestigio; y, precisamente, ahora que un Licenciado lo era por sus estudios universitarios y no por haber terminado “la mili”.
    Sin embargo el sistema está bien pensado, para que los alumnos que vean lo que se les viene encima, desistan de antemano de acceder a la Universidad o la abandonen, una vez que ya conocen cómo está el cotarro.
    Todo este sistema está muy bien pensado para que hagan el agosto las academias, los “centros de estudios”, los dispensadores de masters, que son los que están encargados de cobrar por sus excelentes servicios.
    Como no hay dos sin tres, ya hablaremos otro día del último engendro académico, que, por supuesto, lleva la “marca de España”. (Continuará)

josemª

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