|
La burbuja universitaria (1) | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 08.02.15 | | Ya, cuando teníamos en las manos el libro blanco de la Educación para construir el proyecto de ley, que se cristalizó en la LOGSE, muchos maestros y también licenciados y doctores, tras la movida del grupo de Maestros Linceciados, (a los que se les llamó incluso intrusos, cuando, en verdad, eran licenciados además de maestros) propugnábamos una carrera larga de cinco años para obtener el título de Maestro. Se pensaba que no era sólo un disparate esta propuesta, sino que era una verdadera necesidad. El argumento que se brindaba era totalmente lógico: si a un pediatra se le exigían unos estudios de especialidad, además de la carrera (larga) de Medicina, no estaría de más exigir para un maestro, que es especialista en niños pequeños, al menos una carrera de cinco años. | Se pensaba que esta preparación supondría un mayor prestigio de la persona del maestro y un mayor reconocimiento de su labor. Se consideraba que esta exigencia no supondría gran carga para los fondos del Ministerio de Educación, porque ya, de hecho, muchos de los maestros nuevos seguían estudiando carreras largas, como Pedagogía, Psicopedagogía y Psicología. Además se podían haber rentabilizado las enseñanzas de Música, Educación Física, Francés, Inglés, Artística … que existían en el Bachillerato, incluso haciendo de ellas un itinerario específico, exigible a quienes quisieran seguir estudios de Magisterio. En la Universidad se profundizaría en estas disciplinas y su didáctica. Es más, al menos, en los primeros cursos de la Educación Primaria, el profesorado podría ser verdadero especialista en Educación Primaria, competente tutor de cada grupo de alumnos y alumnas, que se descolocan con tanto trasiego de especialistas por sus aulas. Además, se favorecía la globalización y relación entre las disciplinas. Se puede hacer, por ejemplo, Educación Física con juegos de Matemáticas, de Lenguaje o de Música Pues bien, la no aceptación de esta propuesta abierta provocó que doctores en Ciencias de la Educación dejaran al Ministerio hacer y deshacer. Por otro lado al pusilánime y taimado Ministerio le mosqueaba, además, la reivindicación casi unánime del Cuerpo Único de Enseñantes, que a estas alturas ha sido relegado por todos los sindicatos menos uno. Es que era muy aventurado para el Ministerio tan buena idea, que lo pondría contra la pared a las primeras de cambio. Como apéndice, se barajó la idea de que las Escuelas Universitarias Privadas siguieran dando los tres cursos de la Carrera de Magisterio, pero que los dos últimos fueran obligatorios en una pasada por la Universidad Pública. No se les quitaba a nadie nada, pero convenía que el futuro Magisterio no estuviera muy condicionado, ya que sus aulas estarían abiertas a la diversidad. Al menos entonces pudimos tener en la mano “El libro blanco de la Educación” y en muchos claustros se habló de estos temas, sin embargo, se dio por trabajado el proyecto y se metió en cintura a todo un profesorado, que en general estaba a las órdenes del Ministerio, que recobró la iniciativa y dio al texto un buen giro de 180º. Criticamos la LOGSE, porque tenía más de liberalismo económico y de desigualdad que de equidad y educación, aunque hubiera paliativos en pro de la igualdad. Después, la aplicación de la LOGSE fue asimétrica, las urgencias precipitaron el desconcierto, el profesorado, dejado llevar de cantos de sirenas en contra de la Ley, no la aceptaban sin aportar grandes ni pequeñas soluciones. Además, si la Ley no era entendida, nos ayudaba a seguir pensando que la Carrera Larga de Magisterio era además de necesaria, urgente. Con todo, cuando cambió el Gobierno, se dilapidó la LOGSE, cuando considerábamos que la LOGSE constituía unos mínimos, y se lanzó de prisa y corriendo una nueva Ley de Calidad y de Esfuerzo, que traslucía la falta de esfuerzo y calidad con que se elaboró tanto por su concepción como incluso en la redacción de la misma, con confusiones de sentidos y con criterios contradictorios y que donde “dije digo, dije Diego”. De todos modos, hoy sabemos que la Educación Universitaria está mal vista. Los universitarios, según nos dicen, escriben mal, sacan muchas faltas de ortografía. Verdaderamente no nos extraña, porque si en la Educación Primaria y Secundaria sólo aprenden a completar ejercicios, que se contestan con una sola palabra o anotando una “x”, como si se estuviera rellenando una primitiva, o eligiendo una opción (A,B o C) en vez de hacer una buena composición escrita sobre un tema, no podemos esperar mejores resultados. Se critica, y no sin falta de razón, este panorama en que se puede observar a los que han terminado una carrera universitaria. Con todo, parece ser que el mejor sistema es que cualquier mal conductor, que sea un “echado para adelante”, aunque no haya terminado una carrera universitaria, pueda ser un ministro o, si nos apuran mucho, un asesor, que gana el doble que un profesor, a quien se le exige una licenciatura y haber superado unas oposiciones. (Continuará)
josemª |
|
| | <-Volver |
|
|